Le admiraba. No por ser perfecto, sino porque creía que su mirada sabía elegir.
Pensaba que su deseo no se derramaba sobre cualquiera, que sus ojos tenían un hogar y ese hogar era el nuestro.
Ya no esperes más. No conviertas tu vida en una estación donde solo pasan trenes que nunca se detienen. Él siguió caminando desde el día en que te fuiste; ahora debes hacer lo mismo. No porque deje de doler, sino porque también mereces encontrarte a ti en el camino.
Quizá algún día entienda, pero eso ya no cambia una verdad importante: quien realmente desea cuidar un vínculo encuentra la manera de hacerlo. Quien no lo hace, también está dando una respuesta. Y esa respuesta dice mucho más de él que de ti.
Mientras tú buscabas respuestas, él eligió apartarse; mientras tú esperabas responsabilidad, él eligió continuar su vida sin mirar atrás y señarte antes de asumir su responsabilidad.
Eventualmente te das cuenta de que no todo final duele porque perdiste a alguien, algunos finales duelen porque te obligan a soltar el futuro que imaginaste.
Visualizaste conversaciones que nunca pasaron, recuerdos que nunca se crearon y una vida que solo existía en tu mente. La parte dolorosa no es decir adiós a lo que fue real.
¿Cómo se retoma el hilo de toda una vida? Cómo seguir adelante cuando en tu corazón, empiezas a entender que no hay regreso posible, que hay cosas que el tiempo no puede enmendar, aquellas que hieren muy dentro, que dejan cicatriz.
Pensé que lo que vivimos había significado más. Pensé que al menos iba a tomarse un tiempo antes de volver a buscar a alguien con quien tuvo una historia o construir una nueva, él tiene razón, él no siente.
No digo que las personas no puedan cambiar. Sí pueden. Pero para que una relación se reconstruya hacen falta reconocimiento del daño, voluntad de reparar y tiempo. Por lo que me has contado, eso no está presente.
Una parte de ti que sabe que merecía una relación donde no tuviera que preguntarse todos los días si era suficiente. Esa parte es la que vale la pena cuidar ahora.