As a young socialist, Hayek read Ludwig von Mises’ 1920 paper “Economic Calculation in the Socialist Commonwealth.”
Mises showed that socialist central planning isn’t merely inefficient, it’s impossible.
Without private property and genuine market prices, planners lack any rational way to allocate scarce resources or determine real costs and needs.
Even Oskar Lange, a leading socialist in the calculation debate, effectively conceded the point.
While he promoted “market socialism” with trial-and-error pricing by a central board, real-world socialist planners in Eastern Europe quietly relied on world capitalist market prices as a guide.
Without external free-market price signals, pure socialism would be economically blind and coordination would collapse.
Mises went further, arguing that interventionism, the “middle way” of government meddling, is inherently unstable.
Each intervention creates problems that invite more interventions, eventually leading to full socialization.
Price controls cause shortages, subsidies distort production, and the cycle continues until the economy is fully planned.
The lesson is clear.
Rational economics requires genuine market prices emerging from voluntary exchange and private property.
Half-measures don’t stabilize the system. They accelerate the drift into central planning.
The Austrian School understood this decades before the collapse of the Soviet bloc proved it in practice.
Perdida de poder adquisitivo (medido por cesta de la compra y salarios) desde 2019 hasta ahora
Y aquí no se está teniendo en cuenta que el IRPF no se ha deflactado
La ostia al ciudadano ha sido BRUTAL. Pero ya sabéis, esto va como una moto!!
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@gisbert_ruben@a_iturralde Disculpa @gisbert_ruben, mientras que la tesis de BTC es rechazada por inversores como @a_iturralde, también es defendida por inversores archiconocidos con más experiencia y mejores resultados. Quien tiene razón? El tiempo dirá… Es osado afirmar que tu opinión es la verdadera.
@MichaelAArouet I dont understand why many properties will become empty. The inmigrant population dont stop to increase, while the home offer isnt enough. This people will want to rent a house. Less offer, more demand, purchase and rental prices will rise
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
🚨 Enoch Burke, el profesor irlandés que se negó a llamar "elle" a un alumno trans y a dejar de ejercer tras ser expulsado del instituto por ello, ha sido condenado a prisión de nuevo días antes de empezar la Navidad. Acumula más de 200.000€ en multas.