Para matar a Emiliano Zapata tuvieron que mentirle, fingir lealtad, fusilar a 59 hombres como prueba de traición y regalarle un caballo. No pudieron hacerlo de frente porque era imposible. El Caudillo del Sur llevaba años sobreviviendo emboscadas, había esquivado a Victoriano Huerta, a Carranza, a todos, porque había hecho de la desconfianza casi una filosofía de vida. Entonces el gobierno de Venustiano Carranza orquestó algo más elaborado: hizo correr el rumor de que el coronel Jesús Guajardo, apodado "El demonio de los ojos verdes", había peleado con su superior Pablo González y quería desertar al bando zapatista. Zapata mordió el anzuelo y le escribió a Guajardo invitándolo a incorporarse a las fuerzas zapatistas. En los últimos días de marzo y primeros de abril intercambiaron cartas. Guajardo fue muy cauteloso, pidió garantías, dio muestras de respeto y sobre todo ofreció miles de cartuchos para las carabinas zapatistas.
Para terminar de convencerse, Zapata le exigió una prueba de lealtad: que fusilara a un traidor llamado Victorino Bárcenas y a sus hombres. Guajardo se lo comunicó a Pablo González, quien buscó el aval del presidente Carranza, que inmediatamente dio su autorización. Guajardo fusiló a Bárcenas y a 59 de sus hombres. Cincuenta y nueve personas murieron para que Zapata creyera que alguien era su aliado.
El 9 de abril de 1919, Zapata y Guajardo se conocieron en persona por primera vez. Zapata lo felicitó por incorporarse a la causa del Plan de Ayala y brindaron. Sabedor de que una de las grandes pasiones de Zapata eran los caballos, como muestra de buena voluntad Guajardo le regaló un alazán llamado "As de Oros". Al día siguiente, el 10 de abril de 1919, Zapata llegó a la Hacienda de Chinameca montado en ese mismo caballo que le había regalado el traidor, a recoger los cartuchos prometidos. Emiliano Zapata cruzó el dintel de la hacienda, se escuchó un clarín llamando a honores. Era la señal de ataque. En la azotea había tiradores ocultos que los atacaron sin piedad. Zapata intentó sacar su pistola, pero un tiro se la derribó. Fueron 20 las balas que quitaron su vida. Guajardo montó en un caballo el cadáver de Zapata para llevárselo como prueba a Pablo González y después exhibirlo durante un día frente al ayuntamiento de Cuautla. Carranza lo recompensó con el ascenso a general de división y 50 mil pesos en monedas de plata. Guajardo fue fusilado un año después, en julio de 1920, levantado en armas contra el nuevo gobierno. Según quienes lo conocieron, vivió arrepentido hasta el final.
HEARTBREAKING: #Steelers great Ryan Shazier talks about his devastating spinal injury, which paralyzed him and ended his career.
💔🙏
Shazier was already a 2x Pro Bowler & was on pace to be a legend — Ryan’s story of what happened is heart-wrenching.
https://t.co/5Zk8Z2Bvoa
I love this tragic, subtle parallel in the Godfather Trilogy. Both Vito and Michael Corleone die of old age in a garden setting, retired dons relaxing in the sun with oranges nearby. The parallel is deliberate, but the contrast reveals everything. Vito collapses while playing with his grandson, a symbol of succession and rebirth from one generation to the next, surrounded by love and innocence despite his violent world. Michael dies alone. No children, no grandchildren, no partner, no family nearby. Only a couple of dogs moving around him. Despite having more blood on his hands than the local butcher, Vito exudes an approachable warmth and outwardly shows love for his family. This warmth is arguably what prevents Vito from dying alone. Michael, on the other hand, takes on a more steely persona after inheriting the family business, regularly putting business before family, even ordering the assassination of his own brother Fredo. The same ending, two completely different lives. One dies in connection, the other in isolation. 🍊