@ReinaSonia Creo que mientes o te han mentido. Si estás bien derivado, te hacen las pruebas que precises seas de Madrid, de Bilbao o de Barcelona. El sistema no es perfecto pero no hay que engañar
@Ksao_ Esta pregunta creo que es solo para médicos. Cualquier otro estamento está tan mal pagado que no elegiría nunca la privada si pudiera elegir. En mi caso, por convicción, porque una sanidad solo para quien pudiera pagarla haría un país cruel e injusto
¿QUEDAN MÉDICOS COMPASIVOS Y CON UNA PERSPECTIVA HUMANISTA?
Afortunadamente sí, pero son muy pocos. Uno de ellos es mi antiguo alumno Damián Sánchez Torres, que desdeñó trabajar en una clínica ginecológica de lujo con un gran sueldo para seguir atendiendo a las familias de Vallecas y la Cañada Real Galiana en el Hospital Infanta Leonor, ganando tres veces menos. Ahora que mi mujer está superando un adenocarcinoma de endometrio en HM Sanchinarro he podido comprobar que hay muchos médicos con un conocimiento altamente especializado, pero con una humanidad escasa, deficiente o inexistente. La culpa no es solo suya, aunque son los principales responsables de esa carencia, pues son seres humanos racionales, adultos y con criterio moral. Sin embargo, hay que decir en su descargo que las facultades de medicina no se preocupan de formar a sus estudiantes para atender las necesidades emocionales de sus pacientes.
Aunque los centros universitarios sacan a pasear el juramento hipocrático para oponerse a la interrupción del embarazo o la eutanasia terapéutica, luego muestran una enorme insensibilidad ante del sufrimiento ajeno. Muy pocos médicos observan el principio establecido en 1964 por el doctor Louis Lasagna, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts, que actualizó el juramento hipocrático con valiosas reflexiones: “Recordaré que la medicina no sólo es ciencia, sino también arte, y que la calidez humana, la compasión y la comprensión pueden ser más valiosas que el bisturí del cirujano o el medicamento del químico”. La mayoría de los galenos solo ven el paciente a un portador de síntomas y su mayor preocupación no es aliviar el dolor, sino protegerse las espaldas, no aventurando nada que luego pueda incumplirse. Prefieren dejar al paciente sumido en el miedo y la incertidumbre antes que comprometerse con unas palabras cálidas y esperanzadoras.
Nunca he entendido el corporativismo. He sido profesor de filosofía de enseñanza secundaria durante dos décadas y he advertido grandes dosis de inhumanidad entre muchos de mis compañeros. Solo unos pocos mostraban una preocupación sincera por los alumnos. De hecho, he asistido a sesiones de evaluación donde se describía al alumnado como “el enemigo”. También había profesores muy humanos y muy empáticos, pero eran una escasa minoría, casi siempre incomprendida por sus colegas, que en la mayoría de los casos miraban con impaciencia el reloj, anhelando finalizar su jornada laboral. Sé que hay pacientes y alumnos sumamente desconsiderados, pero el que ocupa una posición de poder siempre tiene la obligación de ejercerla con delicadeza y generosidad.
En HM Sanchinarro, mi mujer se ha topado con médicos sensibles, cariñosos y competentes, como la doctora Irene López Carrasco. Omitiré los nombres de los que carecen de esas cualidades. En cuanto a las enfermeras y auxiliares de la Radioterapia Oncológica, quiero destacar su exquisita humanidad. Se me vienen a la cabeza los nombres de Beatriz, Dani y Cristina, siempre con una sonrisa y una palabra amable. Piedad solo ha pasado por una sesión de quimioterapia, pero el contacto con las enfermeras fue bueno. Aún quedan cinco ciclos y el trato ha sido insuficiente para formar una opinión consistente, pero la impresión general ha sido excelente. No quiero pasar por alto la inestimable ayuda que no está prestando Susana Garrido, psicooncóloga y un extraordinario ser humano.
¿Por qué los médicos no actúan como humanistas? ¿Por qué olvidan que “la calidez humana, la compasión y la comprensión pueden ser más valiosas que el bisturí del cirujano o el medicamento del químico”? El necesario distanciamiento emocional no es una justificación convincente, pues siempre es posible encontrar un equilibrio entre el cariño hacia el otro y el cuidado emocional de uno mismo. Creo que los médicos sufren la misma patología que los artistas y los escritores: un exceso de ego, un narcisismo infantil, un elitismo que menoscaba su sensibilidad. Mi bisabuelo fue médico y su yerno -mi tío abuelo- también. Al primero no lo conocí, pero al segundo sí y le escuché reflexiones semejantes ya en los años setenta y ochenta. Lamento que no se haya corregido esta gravísima lacra. Espero que algún día las facultades de medicina comprendan que están incumpliendo en sus planes de estudio lo que exigía la Convención de Ginebra en 1968 en su nueva formulación del juramento hipocrático: formar a profesionales que “consagren su vida al servicio de la humanidad”. El médico que no tengo claro que esa es su misión, debería colgar la bata y el fonendoscopio.
Rafael Narbona
@miguelcerulario@MateQueee Crees que es una cuestión de qué partido gobierne? Te lo pregunto porque en otros países está pasando lo mismo con los centros de las grandes ciudades