¿Y qué puede hacerse con esta vocación de escribir cartas largas y de leerle historias en voz a alta a algún niño?, si uno está parado en medio de la nada, de estas ciudades virtuales donde nadie escucha a nadie en realidad.
Pero ¿cómo se traducen las brasas que queman el interior de los huesos? ¿Cómo se le pide cortésmente a las cicatrices que bajen la voz y permitan dormir?
Transitar los minutos como quien pulsa las teclas de un piano, cada uno con la profundidad y la intensidad necesarias. Para formar nuestra melodía, para vivir y comprender nuestra música vital.