@rafa_blancoo Va mi humilde opinión
Los elegidos para dar la vida:
- Marcelo Hugo ‘cabezón’ Tinelli
- La mona Jiménez
Lista de lesionados:
- Gonzalo Montiel
- Lionel Andrés
Los grandes logros requieren grandes sacrificios
@atin0x Por qué pagarías hoy y no un día antes de que arranque el mundial? Teniendo en cuenta que inmovilizas la guita. Hay alguna ventaja haciéndolo ahora?
Está circulando algo como esto: "la reforma laboral del gobierno baja 25% el salario de un trabajador con cáncer". La idea es que uno lea una cosa así y piense que hay que matar a todos los que la proponen. Como este tema nos ha tocado de cerca, hay que hacer algunos comentarios.
1. Hasta hoy, en Argentina todo empleador está obligado a pagar el 100% del salario de una persona con una enfermedad "inculpable" por doce meses si tiene más de cinco años de antigüedad y "carga de familia". No he encontrado NINGÚN país del mundo que le imponga semejante costo por tanto tiempo a un empleador; se paga menos, se paga por menos tiempo o inclusive las dos cosas a la vez. Por ejemplo, en España es 75% por un año y en Uruguay y Holanda es 70% por dos años, pero en TODOS estos casos paga el Estado o el empleador puede pedirle ese dinero al Estado. Tampoco en Brasil una empresa está obligado a pagar más allá de dos semanas. En Estados Unidos no hay ningún pago garantizado a nivel nacional; algunos estados ofrecen algunas semanas pero lo normal es que la gente compre seguros para este tipo de eventualidades.
Todo esto quiere decir que ni nuestros vecinos ni países que son mucho más ricos que Argentina obligan a ningún empleador, grande o chico, a asumir un costo tan grande ante un trabajador enfermo. Ni siquiera Noruega, donde sí se le paga a un empleado el 100% por un año, hace una cosa así, porque en ese caso el empleador deja de pagar a los 16 días y pasa a pagar el Estado. De más está decir que ninguno de estos países ha sufrido un descalabro fiscal como el que Argentina ha sufrido en las últimas décadas.
2. La enorme informalidad que existe en Argentina hace que la protección potential de más del 40% de los trabajadores ante una enfermedad sea CERO. No discutimos ni un mes más o menos ni 25% más o menos: hablamos de CERO. Como todos sabemos, muchas personas están en negro porque el Estado hace carísimo tenerlas en blanco; si las reglas no se pudieran incumplir, esos trabajadores estarían en la calle. Pero entonces los costos absurdos de la legislación vigente dejan a los más pobres fuera de los beneficios que más necesitan.
3. En ese contexto, la reforma laboral cambia la obligación del empleador desde ese 100% hasta el 75% del salario de un trabajador que tenga una familia a cargo, más de cinco años en su puesto y al que le agarre, por ejemplo, cáncer. Esto sigue siendo un costo enorme para el empleador en comparación con otros casos y va a seguir generando problemas. Pero si uno compara con el resto del mundo, la nueva legislación de todas maneras sigue equiparando a Argentina con los países más ricos, pese que a todas luces nuestras empresas sufren las reglas como pocas en este mundo.
Ningún cambio aislado va a mejorar la vida de nadie. Pero muchos cambios, por pequeños que sean, sí pueden cambiar un sistema que está diseñado para beneficiar a algunos (los que pueden tener empleo en blanco, aunque generarlo sea carísimo) en desmedro de otros (los que no pueden tener un empleo en blanco porque generarlo es carísimo). La antigüedad, las contribuciones sindicales, las licencias, todo el sistema está podrido. Hay que cambiar todo.
La reforma laboral está bien en este y otros aspectos, pero es necesariamente limitada porque el gobierno no tiene la mayoría que requiere para liberar el mercado de trabajo. Quienes estén pensando que esto es el fin del mundo, vayan haciéndose a la idea de que en dos años vamos a necesitar otra reforma laboral y quizás en cuatro años incluso también. Argentina no va a salir del pozo en el que está solo por esta ley. Falta mucho y somos conscientes de que falta mucho.
@the_tincht Por qué el empleador debería pagarte tu sueldo si te accidentas haciendo un deporte? Me parece una locura normalizada. Todos piensan en el pobre trabajador pero quien piensa en el almacenero con dos empleados que llega justo a fin de mes?
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
La misma lógica de destrucción irracional y corrupción despampanante que regía generalmente en Argentina es la que rige en la AFA, por supuesto perpetrada por una mafia peronista. Bienvenido sea su fin. Las instituciones del fútbol argentino no pueden ser este desastre nunca más.
En días como estos se entiende cómo pudo Hitler causar el holocausto sin mayores molestias: por poco parece que para la mitad del mundo los secuestrados israelíes tenían la culpa de estarlo, realmente es una cosa de locos. Las cosas que se leen son increíbles.