No se trata de si Irán usará #Bitcoin o no.
Se trata de que Bitcoin ya está entrando en la conversación como infraestructura de liquidación entre estados.
Firmar hoy una hipoteca a 30 o 35 años es casi un acto de temeridad. Una idea heredada de la era industrial, de nuestros padres, cuando los trabajos eran fijos y uno podía imaginarse viviendo toda la vida en el mismo lugar.
Pero eso ya no existe.
Ahora vivimos en la era de la información, donde el trabajo se ha deslocalizado, es incierto y muchas veces temporal. Nadie sabe qué pasará en cinco años: ni con nuestra empresa, ni con nuestro empleo, ni siquiera con nuestro país.
Y aun así, seguimos firmando deudas a décadas, como si lo que vivimos en el pasado fuese a repetirse. No.
La realidad es que la vivienda fue el activo estrella de otra época.
Funcionó mientras había estabilidad, crecimiento y una población joven comprando.
Pronto, una masa enorme de boomers dejará en herencia millones de inmuebles.
Cuando eso ocurra, sumado al agotamiento del crédito y la saturación del mercado del alquiler, el valor tradicional y financiero de la vivienda se va a diluir.
El riesgo de que alguien no pueda competir con la IA y deje de pagar ese flujo, ese ingreso “estable”, se va a disparar.
¿Y el poder político? Bueno, ya sabemos a quién va a castigar.
Al mismo tiempo surge #Bitcoin.
Líquido, global, portable.
Nacido para una generación que ya no pertenece a un lugar físico.
En un mundo cambiante e incierto, tenemos justo la pieza que encaja: inmutabilidad y predictibilidad.
Un activo que se mueve contigo y reduce la fricción empieza a tener mucho más sentido.
Bitcoin es el engranaje de un cambio de modelo, de un cambio de época.
De “tener dónde vivir” a “tener cómo vivir”.
Aunque suene extraño, Bitcoin es una forma de desapalancamiento.
Es la respuesta natural a décadas de exceso y a un modelo que infló el valor de los inmuebles a costa de sacrificar a nuestra generación y a las que vienen.
Elegir Bitcoin en lugar de la vivienda es equilibrar los años de distorsión que no tenemos por qué pagar.
Feliz día!
Estamos jugando con fuego, igual que lo hicieron nuestros abuelos y bisabuelos en los años treinta. Leí el libro de Ortega y Gasset la Rebelión de las masas donde ya lo advertía, cuando la masa se cree dueña de la verdad, cuando ya nadie escucha ni respeta nada, lo que viene después es la violencia. Y la violencia no se queda en discusiones: acaba en muertos.
Lo vemos en Gaza e Israel. Es el ejemplo más brutal de lo que pasa cuando cada bando se convence de que el otro no merece existir. Miles de inocentes pagan el precio de esa certeza. Lo mismo pasó en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial: odio acumulado, discursos incendiarios, y al final la sangre, la barbarie.
Y ya lo tenemos aquí también, en occidente. Ayer asesinaron a Charlie Kirk en plena universidad mientras debatía ideas. No es un hecho aislado, es un síntoma: la política convertida en guerra, el adversario convertido en enemigo, poco a poco con mensajes envenenados. Esta es exactamente la pendiente que llevó a Europa a la destrucción, y volverá a hacerlo.
Lo más peligroso es que nos estamos acostumbrando. Vemos una matanza y seguimos con el móvil. Leemos que asesinan a un político y lo comentamos como si fuera un partido de fútbol. Esa indiferencia es la señal más clara de que la sociedad se está pudriendo por dentro.
Cuando el odio se normaliza y la palabra se sustituye por la fuerza, lo que viene es un colapso. Y vamos por ese camino. Si no se detiene ahora, si no recuperamos la capacidad de escuchar y de respetar límites, acabaremos igual que ellos: en guerra abierta.
En fin.
BlackRock está en el juego, Fidelity está en el juego, Vanguard está en el juego a través de MSTR, el presidente de EEUU está en el juego, el gabinete de gobierno está en el juego, el Tesoro está en el juego... y aún hay Bernardos y variantes diciendo estupideces.
#Bitcoin
Han inculcado tanto en la mente del ciudadano que invertir o especular es algo "malo", que han conseguido convencerlo de que trabajar 40 horas semanales durante 45 años de su vida es el camino correcto.
Y lo peor es que la mayoría lo asume sin cuestionarlo.
Opt out.
#bitcoin
He vivido como inmigrante durante ocho años, primero en China, donde compartí habitación universitaria con Abdel, un amigo musulmán, y más tarde en el Reino Unido, en Londres, en el barrio de Shepherd’s Bush, una zona con una altísima diversidad migratoria. En ambos países supe adaptarme a sus culturas, comprender sus normas sociales y aprender de su entorno. No pedí ayudas ni subvenciones, me fui con lo puesto, me busqué la vida con esfuerzo y siempre mostré respeto por las leyes y costumbres de los países que me acogieron.
Lo que estamos viendo hoy en muchos lugares de Occidente es algo muy distinto: personas que llegan no con intención de integrarse, sino de imponer, a veces con violencia o con dogmatismo religioso, y de aprovecharse de una tolerancia mal entendida, de un buenismo ingenuo que confunde empatía con falta de criterio.
Llamar racismo a toda crítica frente a esta realidad es, en el mejor de los casos, un acto de ignorancia, y en el peor, una forma de manipulación. Por supuesto que hay racistas, como en cualquier sociedad, pero el problema actual es estructural.
El Estado tiene la responsabilidad de regular quién entra, en qué condiciones y con qué propósito, y eso no se está haciendo con el rigor necesario. Esta dejadez no pasa desapercibida. Nuestros "adversarios" geopolíticos conocen bien las debilidades del modelo occidental, y no dudarán en aprovechar cualquier fisura para debilitar nuestras sociedades y erosionar una cultura que en muchos casos desprecian y culpan de sus propios fracasos.
Nos están quitando la vida a plazos.
Vamos a hablar claro: Nos roban. No con pasamontañas ni con pistolas. Con trajes, con cargos, con sonrisas en la tele. Nos roban cada vez que inauguran un chiringuito o aprueban una nueva paguita. Cada vez que ahorras para comprar algo que cada día ves más lejos. Cada vez que curras como un cabrón y aún así no llegas a fin de mes a pesar de ir quitándote "caprichos". Esto no es casualidad. Es diseño.
La inflación no es solo un numerito que sale en las noticias. Es una estafa legalizada. Una forma de sacarte la cartera sin tocarte. Trabajas, cobras, guardas… y cuando te das cuenta, lo que valía cien ahora vale ciento veinte. Cuando miras para comprar una casa, te hablan de generosidad intergeneracional.
Tranquilo, se paciente, pronto podrás votar si no te gusta este gobierno. Confía, que ya vendrán tiempos mejores.
No hay plan. Hay parches, hay promesas, y hay una panda de burócratas y delincuentes cobrando dietas mientras el resto hace malabares para pagar la luz, el alquiler y el Mercadona. Y si levantas la voz, eres ultrafascista. Un antisistema. Un radical.
El sistema actual está podrido. Gobernado por incompetentes, dirigido por intereses, alimentado por deuda. Y la mayoría, tragando. Porque nos enseñan desde pequeños a aguantar, a no molestar, a trabajar por un puesto seguro en una Big 4 o en un puestito de funcionario.
Y no es que falte talento, ni ganas. Lo que falta es un terreno de juego donde no cambien las reglas cada vez que al que manda le viene mal. Donde el esfuerzo valga. Donde lo que construyas no se lo coma la inflación, ni el banco, ni el político de turno.
Por eso cada vez más personas, entienden que necesitamos alternativas. Gente que dice “Opt out”. No depender de gobiernos ni "Estados de derecho".
Bitcoin es una declaración. Es decir: “No me fío de vosotros. No os necesito”. Es tener una herramienta fuera de su alcance. Que no entiende de amiguismos ni de siglas.
¿Es perfecto? Quizá no. ¿Es la solución a todo? Tampoco, aunque mucho más de lo que pueda parecer. Pero lo que es seguro es que no te vende mentira ni manipulación. Es un juego limpio.
Nos están quitando la vida a plazos. Y lo peor es que muchos ni se enteran, porque el sistema está hecho para eso: para que trabajes, pagues, y sobre todo no pienses, no les cuestiones.
#bitcoin
Aún emocionado por haber participado en el @madridecoforum.
Fue un honor poder hablar de #bitcoin como la propiedad privada más poderosa de la historia a tanta gente.
"Nadie debería trabajar por lo que otro puede imprimir."
Mientras esto ocurra, resulta difícil negar que vivimos bajo una forma elegante de esclavitud moderna.
@jackmallers
Llegamos tarde al capital. Literalmente.
A nuestra generación le ha tocado jugar en un tablero que ya estaba repartido. Nos hablaron de oportunidades, nos vendieron un mundo que ya no existe: tipos de interés bajos, sueldos estables, vivienda accesible y un sistema de pensiones que parecía inmutable. Todo eso se está desmoronando ante nuestros ojos, y lo que queda ahora es una economía zombi, sostenida por deuda, estímulos y gestos… muchos gestos.
Estudia, ahorra, ten paciencia... Mientras tanto, los activos se disparan, los salarios se estancan y el coste de la vida no deja de subir. ¿El resultado? A los 30 o 40, muchos siguen sin poder comprar una casa, sin más ahorro que el justo para llegar a fin de mes, y con la sensación constante de que, por mucho que lo intentes, siempre vas tarde.
Y no es paranoia. Es estructural. El sistema lleva décadas premiando al que tenía. Porque el dinero barato, la deuda apalancada y la inflación controlada beneficiaron a quienes pudieron comprar activos cuando todo estaba comenzando. Ahora, con un modelo económico que no da para más, nos toca pagar la fiesta y barrer la basura.
Es como llegar a una partida de Monopoly en la ronda 25. Todas las calles están compradas, hay casas y hoteles por todas partes, y tú entras con una ficha nueva, sin propiedades y con el dado en la mano. Cada tirada es una renta que pagar, cada paso es una deuda. No estás compitiendo, estás sobreviviendo. El juego ya está inclinado, y no a tu favor.
Pero hay una excepción. Una ficha que acaba de entrar al tablero, sin calles aún construidas, sin hoteles, sin deudas ocultas. #Bitcoin. Puede que su precio ya no sea el de hace unos años, ya por encima de los 100.000 dólares, pero su ciclo de adopción apenas ha empezado. Aún no se han construido las casas ni se ha repartido el suelo. Está virgen, abierto, en fase temprana.
Bitcoin es la posibilidad de empezar en un terreno donde aún no han puesto las reglas los de siempre. Pero esto, no va a durar para siempre. Los que han controlado el tablero durante décadas ya están despertando. Gobiernos, bancos centrales, grandes fondos… están empezando a mover ficha. Y cuando ellos entren de lleno, las puertas se cerrarán como siempre: rápido y para pocos.
Si no espabilas, te volverás a quedar fuera. Mientras muchos siguen enganchados a debates absurdos, al último reality político o al eterno cruce de acusaciones, otros están acumulando el futuro en silencio.
Puede que esta sea la única ventana real que tengamos para acceder antes que ellos.
Cuando nuestra descendencia pregunte, ¿qué estabas haciendo en 2025 respecto a #bitcoin?, procura que no te den un pañuelo para limpiarte la baba.
¡Feliz día!
En cada guerra hay bandos. Nombres. Fronteras. Pero detrás de todo eso, hay algo más silencioso sosteniendo el conflicto: un sistema que permite financiar el sufrimiento sin consecuencias reales.
Un niño en Gaza. Una madre en Ucrania. Un joven en Cachemira. Historias distintas, pero una misma herida: la violencia sostenida por estructuras de poder que nunca pagan el precio.
Los Estados no necesitan nuestro permiso para ir a la guerra. Solo necesitan acceso al dinero.
Un dinero que no nace del trabajo, ni del esfuerzo, sino de una máquina que imprime sin límite, alimentando presupuestos de defensa que crecen incluso cuando la gente no tiene qué comer.
El dinero Fiat, creado a conveniencia, les da a los gobiernos la capacidad de sostener conflictos que deberían ser imposibles.
Sin límites reales, no hay urgencia por la paz, hay urgencia por el negocio, por el control.
No se trata solo de economía. Se trata de humanidad.
De cómo un sistema sin freno permite que se destruyan vidas mientras las decisiones se toman en escritorios lejanos a la trinchera, al sufrimiento, al miedo.
Tal vez el primer paso hacia la paz no sea un tratado. Tal vez sea replantear el poder que les damos. Tal vez debamos empezar a utilizar sistemas donde el valor no se imprime, se gana. Donde la violencia no sea rentable, tenga una coste inasumible.
No es solo cuestión de política. Es cuestión de responsabilidad.
Porque la paz no se impone. La paz se sostiene. Y para eso, necesitamos límites que el dinero Fiat rompió hace tiempo.
#bitcoin
Ayer @juanrallo hizo un video sobre si tenía sentido crear una reserva estratégica de criptoactivos y exponía puntos a favor y en contra. Solo voy a tratar de dar un punto de vista en los aspectos que señala en contra de la reserva estratégica de Bitcoin, no del resto de criptoactivos.
Antes de entrar en los puntos, quiero aclarar que esto no busca posicionarme como defensor de que los Estados atesoren #Bitcoin, sino simplemente señalar que, al igual que para el resto de los participantes del mercado, tendría sentido hacerlo.
1.- Rallo sostiene que si el gobierno de EEUU adquiriera grandes cantidades de criptoactivos, podría manipular su precio mediante compras y ventas estratégicas.
A diferencia de otros activos, Bitcoin es más fácil de supervisar por parte de terceros, gracias a su transparencia y al acceso público a su red, lo que nos permitiría monitorear en tiempo real los movimientos y transacciones. Además, si EEUU lo adoptase, entraría en juego la teoría de juegos, lo que limitaría su capacidad de manipulación, ya que otras potencias se verían obligadas a integrarlo para no quedarse atrás.
2.- Rallo afirma que la compra de criptoactivos para una reserva estratégica podría derivar en un uso ineficiente del dinero público. (Aquí de nuevo, me centro solo en Bitcoin, no en el resto de criptoactivos).
Aunque el oro ha bajado de precio muchas veces, sigue siendo esencial en las reservas de los bancos centrales. Lo mismo pasa con el petróleo en EEUU, que se ha comprado caro y barato sin que eso le quite su valor estratégico. Incluso las monedas extranjeras pueden perder valor, como el euro frente al dólar, y aun así han seguido siendo parte clave de las reservas.
3.- Rallo argumenta que EEUU no necesita criptoactivos como reserva estratégica, ya que su moneda, el dólar, ya es la reserva global por excelencia y añade que otros países podrían beneficiarse de mantener reservas de criptoactivos para fortalecer sus economías.
Aunque el dólar ha sido la moneda dominante desde 1944, la historia demuestra que ningún imperio ni divisa son intocables. La confiscación de las reservas rusas tras la guerra de Ucrania dejó claro que los activos en dólares pueden ser congelados o expropiados, enviando un mensaje al mundo sobre los riesgos de depender demasiado de la moneda estadounidense. Es lógico esperar que muchos países busquen reducir esa dependencia, e incluso que algunos adversarios globales vean en Bitcoin una alternativa. Si EEUU lo atesora primero, se adelantará a estos movimientos y asegurará una posición dominante. Depender solo del dólar es una vulnerabilidad a largo plazo, y diversificar con Bitcoin podría ser una cobertura inteligente ante cambios en el sistema monetario global.
Feliz día!