Seguramente me han escuchado más de una vez decir que la casualidad no es una categoría política en la historia. Los hechos de hoy no hacen más que confirmar esta idea.
Estamos recordando cuando se asesinó un 9 de junio en los basurales de José León Suárez a militantes, dirigentes sindicales. Y unos días después, el 12 de junio, el fusilamiento de Juan José Valle y otros oficiales del ejército. Es increíble, 69 años después.
Sin embargo se ha instalado la grieta como si fuera un fenómeno que apareció el 25 de mayo de 2003 con Néstor Kirchner… Bueno, no. En este país fusilaban gente por ser peronista.
El próximo lunes además se conmemoran los 70 años de cuando bombardearon la Plaza de Mayo. Un día hábil. No era una manifestación peronista, había argentinos que transitaban allí como un día más.
💔🇧🇷 Ufff, es fuertísimo este testimonio de ADRIANO sobre toda su vida y su carrera:
“Sé lo que se siente ser una promesa, y también una promesa incumplida. Yo soy el mayor desperdicio del fútbol.
Me gusta esa palabra: ‘desperdicio’, porque estoy obsesionado con desperdiciar mi vida. Estoy bien así, en un desperdicio frenético, disfruto de ese estigma.
No tomo drogas, como intentan demostrar. No me gusta el crimen, aunque podría haberlo hecho. No voy a discotecas. Siempre voy al mismo lugar de mi barrio. Bebo cada dos días, sí. Y los otros días también. Bebo porque no es fácil ser una promesa que sigue en deuda.
Me llaman ‘Emperador’. Un tipo que dejó la favela para recibir el apodo de Emperador en Europa. ¿Cómo se explica? No lo entendí hasta hoy. Tal vez algunas cosas sí hice bien.
Una de las cosas que más me sorprendió cuando me mudé a Europa cue que las calles estaban en silencio. La gente no se saluda. Todos se mantienen separados. La primera Navidad que pasé en Milán fue dura para mí. El fin de año es una época muy importante para mi familia. Reunimos a todos.
Cuando fui al Inter, sentí un golpe muy fuerte en el primer invierno. Llegó la Navidad y me quedé solo en mi apartamento. Hace mucho frío en Milán. Esa depresión que golpea durante los meses helados en el norte de Italia. Todos vestidos de oscuro. Las calles desiertas. Los días son muy cortos. El clima está húmedo. No tenía ganas de hacer nada. Todo esto se combinó con la nostalgia y me sentí como una mierda.
Seedorf fue un amigo increíble, él y su esposa prepararon una cena y me invitaron. Estaba todo muy bonito y delicioso, pero la verdad es que quería estar en Río de Janeiro. Ni siquiera pasé mucho tiempo con ellos. Me disculpé, me despedí rápidamente y regresé a mi departamento. Llamé a casa. ‘Hola, mamá. Feliz Navidad’, dije. ‘¡Hijo mío! Te extraño. Feliz navidad. Están todos aquí, el único que falta eres tú’, respondió.
Se podían escuchar las risas de fondo. El sonido fuerte de los tambores que tocan mis tías para recordar la época en que eran niñas. Podía ver la escena frente a mí con solo escuchar el ruido por teléfono. Maldita sea, comencé a llorar de inmediato.
Lloré muchísimo. ‘Está bien, mamá. Disfruta entonces. Que tengas una buena cena. No te preocupes, aquí todo está bien’. Estaba destrozado. Cogí una botella de vodka. Bebí toda esa mierda solo. Lloré toda la noche. Me desmayé en el sofá porque bebí mucho y lloré.
Intenté hacer lo que ellos querían. Negocié con Roberto Mancini. Lo intenté mucho con José Mourinho. Lloré en el hombro de Moratti. Pero no pude hacer lo que me pidieron. Me mantuve bien durante algunas semanas, evité el alcohol, entrené como un caballo, pero siempre había una recaída. Una y otra vez. Todos me criticaron. No pude soportarlo más.
La gente decía muchas tonterías porque todos estaban avergonzados. ‘Vaya, Adriano dejó de ganar siete millones de euros. ¿Renunció a todo por esta mierda?’ Eso es lo que más escuché. Pero no saben por qué lo hice. Lo hice porque no me encontraba bien. Necesitaba mi espacio para hacer lo que quería hacer.
Lo único que busco en Vila Cruzeiro es paz. Aquí camino descalzo y sin camiseta, sólo con pantalones cortos. Juego al dominó, me siento en la calle, recuerdo mi infancia, escucho música, bailo con mis amigos y duermo en el suelo. Sólo quiero estar en paz y recordar mi esencia.
Aquí me respetan verdaderamente, veo a mi padre en cada uno de estos callejones. Vila Cruzeiro no es el mejor lugar del mundo, es mi lugar”.
Vía The Players Tribune.