Si de verdad creyeras en ti mismo, no necesitarías difundir la noticia ni rogar por validación. Simplemente lo harías. Y tus resultados hablarían más fuerte que cualquier pie de foto o conversación.
Deja de mentirte a ti mismo. No quieres mejorar de verdad. Si lo quisieras, se notaría. Tus hábitos prueban que eres un mentiroso. Quieres que la gente te consuele, que asientan con la cabeza, que te digan “está bien” mientras reciclas las mismas excusas una y otra vez.
Deja de anunciar tus metas. Deja de inflar a la “nueva versión” de ti que nunca dura más de una semana. Nadie te cree ya, no porque sean haters, sino porque tu historial habla más fuerte que tus palabras.
Si tú tuvieras 300.000€ ahorrados, ¿los invertirías en un negocio que gana 30.000€ al año?
Montar un supermercado La Sirena cuesta 300.000€. Y solo me deja 30.000€ de beneficio al año.
Cuando les hago esa pregunta, la mayoría dice que no.
Y lo entiendo.
Con esos 300.000 € podrías comprarte un piso, dormir tranquilo y no tener a nadie a tu cargo.
Pero en mi caso, por cada supermercado que abro:
Invierto 300.000 €.
Contrato a cuatro personas.
Sé que una de cada diez tiendas acabará cerrando.
Y que, de media, el 7 % de los empleados estará de baja (y seguiré pagando sus sueldos).
Cuando lo explicas así, muchos entienden el riesgo.
Hasta que multiplican los números:
30.000 € x 300 supermercados = 9 millones de euros.
Entonces te sueltan: ¿Para qué necesitas ganar tanto dinero?
Pues para poder asumir 300 inversiones de 300.000 €, gestionar 1.200 personas y resolver 300 problemas distintos cada día.
Detrás de cada euro de beneficio hay riesgo, estrés y decisiones difíciles.
Por eso, cuando alguien dice que los empresarios ganamos demasiado, yo pienso lo mismo siempre:
No tienen ni idea de lo que cuesta mantener todo esto en pie.
Tengo empresas en 8 países. Y solo en España tengo que demostrar mi inocencia.
Tengo empresas en muchas partes de Europa. Mi compañía eléctrica está en 8 países, pero en el único donde tengo que demostrar mi inocencia como empresario es aquí.
En España se parte de la base de que el empresario es un explotador.
Yo, quiero dejar claro que estoy a favor de pagar impuestos.
Creo en contribuir y en sostener el sistema.
Pero también creo que alguien debería justificar en qué se gasta.
Porque estoy cansado de dos cosas:
De darles mi pasta para que se la fulminen.
Y de que me traten como a un criminal por defecto.
En este país, desde el primer momento te tratan como si fueras un caso policial.
Hacienda está politizada y el mensaje es:
si generas empleo o tienes patrimonio, cuidado, que te toca demostrar que no eres culpable.
Y no.
Ni los empresarios somos explotadores en general, ni los sindicalistas son vagos en general. Hay que analizar caso a caso.
Lo más surrealista es que un inspector puede cobrar un bonus solo por abrirte una inspección aunque luego no encuentren nada.
Eso, sinceramente, solo pasa en España.
Pagas, creas empleo, cumples y aún así parece que tengas que pedir perdón por hacerlo.
Así no se anima a nadie a emprender. Ni a quedarse.