Es incomprensible que por un lado nuestro país le otorgue a un inmigrante el derecho a elegir o ser electo, tras pocos años de haber obtenido la ciudadanía, y por otro se lo niegue a uruguayas y uruguayos que están fuera del país de manera permanente o circunstancial.
Uruguay se solidarizó con Trump por incidente en una cena; pero no con el presidente de Venezuela cuando fue secuestrado con su esposa, ni con el asesinado líder supremo de Irán Alí Khamenei, ni con las familias de las 175 niñas iraníes asesinadas en febrero. Damos vergüenza.