Congela la sangre el testimonio de Sandra Kalinec, hija de uno de los más sanguinarios genocidas de la dictadura. Se lo apodaba el "Doctor K".
Hoy estuvo en Plaza de Mayo, mientras existen comunicadores que por dinero intentan justificar las torturas.
Cada 24 de marzo recuerdo este escrito de Juan Solá:
“Dicen que antes de parir, volvió a hablar con dios. Dicen que cada noche lloraba y le pedía por favor que la hija tuviera sus ojos. Que así, a lo mejor, la abuela la reconocería”.