Mis papás nunca dijeron que estaban cansados, nunca dijeron que tenían miedo, nunca dijeron que no sabían cómo pagar todo, solo trabajaban y callaban. Yo crecí creyendo que eran invencibles, hoy entiendo que eran humanos, pero no podían permitirse parecerlo.
Cuando te das cuenta de que todo está carísimo y, aun así, Dios no ha permitido que te falte el alimento, un techo donde vivir ni que tus manos queden vacías.