Apreciados amigos, con gran satisfacción les comparto nuestra publicación "Financial economics: Dynamic analysis of macrofundamental variables and risk cases, Colombia and Lima (Peru)". Espero sea de su agrado y utilidad.
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EL ESTABLECIMIENTO NOS IGNORÓ DURANTE 10 AÑOS. AHORA LLORA PORQUE COLOMBIA DEJÓ DE VERLOS.
Hace diez años yo no tenía un estudio de televisión, una redacción, contactos en Bogotá ni un apellido que me abriera puertas.
Tenía 17 años, una conexión a internet, unas páginas de Facebook y unas ganas inmensas de defender aquello en lo que creía.
Y eso, aparentemente, ya era demasiado.
En aquellos años, en Facebook, la SILLA VACÍA podía determinar quién existía y quién desaparecía del debate público, ellos utilizaron el enorme poder e influencia que tenía entonces sobre el ecosistema digital para cerrarme pagina tras pagina.
No me tumbaron una página.
Me tumbaron cerca de media docena.
Páginas construidas desde cero. Algunas con más de 100.000 seguidores. Comunidades enteras levantadas con trabajo, publicaciones, debates y años de esfuerzo.
Era nuestra manera de dar la batalla cultural.
Podían borrarlas con un clic.
Lo que no podían borrar eran las ideas.
Y cometieron un error: ese poder no lo tenían en YouTube.
Así que continué trabajando en YouTube.
Sin presupuesto.
Sin periodistas.
Sin productores.
Sin padrinos.
Sin pauta.
Desde una habitación, con una cámara y un computador, hice lo único que sabía hacer: Dar la Batalla Cultural.
Hablar de Colombia. Hablar de política. Defender mis ideas. Decir cosas que los grandes medios consideraban inconvenientes, exageradas o simplemente indignas de tener un micrófono.
Y ocurrió algo que probablemente nunca imaginaron.
La gente comenzó a escuchar.
Primero fueron cientos.
Después miles.
Después cientos de miles.
Hasta superar los 200.000 suscriptores.
Mientras tanto, los grandes medios del establecimiento —RCN, Caracol, La República y tantos otros— tenían una estrategia mucho más cómoda.
Nunca nos invitaban.
No existíamos.
Pero sí comenzaron a construir y promover a sus propios “influenciadores”: opositores al petrismo, sí, pero suficientemente cómodos para el establecimiento; suficientemente moderados para no incomodar demasiado; suficientemente cercanos para permanecer dentro de los límites del sistema.
Les dieron vitrinas.
Les dieron entrevistas.
Les dieron cámaras.
Les dieron legitimidad.
Y, sobre todo, permitieron que una persona decidiera quién podía entrar al salón y quién debía quedarse afuera.
Los demás éramos “los locos”.
“Los extremistas”.
Los que no debían ser debatidos sino ignorados.
Los que no solamente debían estar fuera de sus programas, sino fuera de cualquier oportunidad de exposición nacional.
Pero había algo que ellos todavía no entendían:
el monopolio del micrófono había terminado.
Mientras ellos decidían quién entraba a sus estudios, nosotros construíamos nuestros propios estudios en habitaciones humildes desde nuestra propia casa.
Mientras ellos escogían quién podía hablar, millones de colombianos empezaban a escoger a quién querían escuchar.
Y uno de esos colombianos que me escuchaba con frecuencia tenía un nombre que años después terminaría siendo fundamental en mi historia:
Abelardo de la Espriella.
Mucho antes de que fuera Presidente, Abelardo era uno de los que estaban al otro lado de la pantalla.
Y así como él me escuchaba, lo hacían miles y después millones de colombianos.
Porque hay algo que nunca pudieron comprarme ni modificarme: mi línea editorial.
Llevo prácticamente diez años defendiendo las mismas ideas.
Con audiencia o sin audiencia.
Con aplausos o insultos.
Con puertas abiertas o con todas las puertas cerradas.
Y creo que la gente terminó reconociendo precisamente eso.
A finales de 2024 pude entrevistar al entonces empresario y abogado retirado Abelardo de la Espriella.
Y durante esa conversación entendí algo.
Durante años había hablado de batalla cultural, de transformar las ideas, de disputar los valores sobre los cuales se construye una sociedad.
Pero toda batalla cultural, si realmente pretende transformar un país, necesita finalmente tener una consecuencia política.
Las ideas tienen que convertirse en realidad.
Y vi en Abelardo al hombre que podía condensar políticamente aquello que yo llevaba años defendiendo culturalmente.
Se lo dije a mi audiencia.
Era 2024.
No esperé encuestas.
No esperé que fuera favorito.
No esperé que los grandes medios dijeran que era viable.
Durante los meses siguientes repetí una y otra vez que, desde mi perspectiva, no había otra opción.
Después llegaron los resultados.
Y hablaron por sí solos.
Pero sería muy fácil contar esta historia ahora y fingir que todo fue cálculo político.
No lo fue.
En 2022 apoyé a Enrique Gómez sabiendo perfectamente que tenía muy pocas posibilidades electorales.
Lo apoyé porque creía que era lo correcto.
Porque nunca construí esto para apostarle únicamente al caballo ganador.
Nunca hice esto solamente por popularidad.
Nunca hice esto solamente por dinero.
Hay algo que a veces cuesta entender en un mundo donde demasiadas personas cambian de opinión según la encuesta:
yo realmente creo en lo que digo.
Y quienes me conocen lo saben.
Hoy sucede algo casi irónico.
Medios que durante años jamás tuvieron interés en escucharme ahora me escriben para entrevistarme.
Incluso La Silla Vacía.
La misma organización que censuró aquellas páginas con las que comencé.
El mismo medio de comunicación que llegó incluso a ponerme un paparazzi a escuchar mis conversaciones durante un vuelo buscando descubrir qué podía decir yo en privado.
La vida tiene formas curiosas de cerrar círculos.
Pero no llegué hasta aquí gracias a ellos.
Llegué a pesar de ellos.
Llegué gracias a Dios.
Gracias a mi familia.
Gracias a mis seguidores que colocan su granito de arena para que mi canal continúe.
Gracias a quienes estuvieron conmigo cuando no había cámaras de televisión esperando una declaración.
Y gracias a una obsesión probablemente imposible de enseñar: defender aquello en lo que uno cree incluso cuando defenderlo cuesta.
Nunca hice una carrera llorando porque los grandes medios no me invitaban.
Nunca pedí cuotas de pantalla.
Nunca exigí que una empresa privada financiara mi programa porque yo considerara que mi opinión era indispensable para la República.
Cuando comenzaron a cerrarme puertas yo tenía 17 años.
Venía de provincia.
Venía de abajo.
No tenía presupuesto.
No tenía apellido.
No tenía contactos.
Tenía internet.
Y fue suficiente.
Por eso ahora me resulta fascinante observar cómo algunos periodistas y sectores de la élite tuitera se lamentan porque desaparecen programas que dejaron de ser rentables o que simplemente dejaron de tener suficiente público.
Durante décadas muchos vivieron en un ecosistema donde unos pocos medios decidían quién tenía legitimidad para hablar de política.
Ese mundo terminó.
Bienvenidos al mercado de la comunicación política.
Bienvenidos a competir.
Bienvenidos a un mundo en el que una persona con una cámara, un computador y algo suficientemente interesante que decir puede disputarle la audiencia a una redacción completa.
Y lo mejor es que quienes vienen de los medios tradicionales arrancan con ventaja.
Tienen nombre.
Tienen experiencia.
Tienen contactos.
Tienen relaciones.
Tienen reconocimiento.
Algunos de nosotros comenzamos literalmente desde cero.
Construimos la audiencia publicación por publicación, video por video, directo por directo.
Nos cerraron las puertas y no nos quedamos golpeándolas.
Construimos otra casa.
Nos quitaron páginas.
Construimos canales.
Nos negaron micrófonos.
Compramos cámaras.
Nos dijeron extremistas.
Seguimos hablando.
Nos dijeron irrelevantes.
La audiencia decidió lo contrario.
Y hoy, después de diez años, algunos de los mismos que decidían quién podía hablar están descubriendo algo que nosotros aprendimos desde muy jóvenes:
en internet nadie tiene garantizada la audiencia.
Hay que ganársela.
Todos los días.
Y cuando nadie te regala el micrófono, solo existen dos alternativas:
pasarte la vida protestando porque no te dejaron hablar…
o construir uno tan grande que finalmente sean ellos quienes tengan que llamarte para escucharte.
Yo escogí lo segundo.
¡Los pillaron con las cosas al hombro!
Cayeron otros ladrones en Pereira que aprovecharon descuidos para robar entre las ruinas del terremoto.
Dos personas fueron capturadas hurtando un televisor y otros elementos en el centro. #Pereira ❤️🩹🇨🇴
Mi papá NO se PENSIONÓ porque le faltaron unas SEMANAS. Es por eso que en el año 2017 le dieron $160 millones de pesos y con eso lo asesoré para COMPRAR un aparta estudio de 30 metros en Bogotá, que se adecuó para ARRENDARLO por Airbnb y desde entonces le da una mensualidad que hoy es de $2 millones netos (después de cubrir TODOS todos los GASTOS).
Hoy el apartamento ya vale $300 millones y cuando mi padre ya no esté nos quedará de HERENCIA a los hijos.
Es por eso que lo que aprobó ayer la CORTE CONSTITUCIONAL es el robo de nuestros ahorros y la FURIA 😡 me invade.
No viví por MUCHOS años en COLOMBIA y por eso tengo apenas 500 semanas cotizadas, pero mis aportes de $24 millones ya han dado rendimientos de $82 millones. Para cuando tenga 62, y con los aportes que estoy OBLIGADO a hacer, fácilmente esa suma podría llegar a los $350 millones al momento de jubilarme.
NUNCA he contado con mi pensión en Colombia para sostenerme en mi VEJEZ, pues siempre he sido CONSCIENTE de que NO PODEMOS confiarnos del estado colombiano y debemos hacernos responsables de ASEGURAR nuestro FUTURO mediante un manejo financiero RESPONSABLE, pero de ahora en adelante me dolerá cada peso que le tenga que REGALAR a esa PIRÁMIDE INSOSTENIBLE de COLPENSIONES.
Sin duda, haré lo posible LEGALMENTE para aportar lo mínimo a ese ROBO pensional que hasta ayer fue AHORRO PENSIONAL. Y maldeciré a Petro por siempre 😤 por robarse mis ahorros.
Sólo imaginense lo que pasaría en Colombia si un hijo de Uribe, de Duque o de De la Espriella fuera descubierto lavando activos y que desde la Fiscalía ejercieran presión para minimizar los delitos al hijo del presidente.
Pasó con Petro, pero como es él, no habrá feministas ni sindicatos llamando a Paro Nacional y rompiendo estaciones de TransMilenio.
@ABDELAESPRIELLA@elsanoguerabaq También hay que revisar si estas cámaras se pueden conectar con bases de datos de la Policía Nacional y demás organismos que permitan identificar vehículos robados o implicados en algún ilícito. Las cámaras deben mejorar la seguridad de todos los ciudadanos, no solo para recaudar
#Tecnología | Niños colombianos que recibieron apoyo de Abelardo De La Espriella quedaron campeones mundiales de robótica en Japón
https://t.co/hX3dbfIiod
Recuerdan a los niños que le pidieron a Abelardo antes de posesionarse como presidente que los ayudara para ir a participar participar en el campeonato mundial de robótica en Japón y Abelardo les consiguió patrocinio?...
QUEDARON CAMPEONES!!!
La gran empresa Precocidos del Oriente AREPASAN mañana me van a donar harina de trigo y pasta para enviar a QUIBDO bienvenidas todas las ayudas posibles, a quienes tengan empresa y quieran sumarse haremos llegar todo lo que nos donen a través de redes de apoyo particulares para que no se vuelvan ningún show politico no señor.
Amigos Dios es bueno un Colombiano que vive en Texas trabaja con StarLink y mañana me envian entre 5 y 10 terminales para enviar a Quibdó y demás zonas de tragedia. Unidos podemos 💪🏼🇨🇴