Profesor de matemáticas y TIC.
Autor del libro "Otra evaluación es necesaria".
Comparto mi experiencia en el máster en profesor.
Siempre aprendiz.
(Zaragoza).
La semana pasada compartí la introducción de mi libro "Evaluar con inteligencia!. Hoy publico el primer capítulo: IA y evaluación, ¿enemigas o aliadas? ¿Vosotros cómo lo veis? ¿IA y evaluación, enemigas o aliadas? #IAenEducación#Evaluación https://t.co/22dxoDZ6UL
¿Cómo evaluar cuando las herramientas de IA ya forman parte del aprendizaje? Voy a publicar semanalmente una serie de capítulos sobre evaluación e inteligencia artificial. Aquí comparto el índice y la introducción 👇 https://t.co/mOC9EOIKO7 #evaluación#inteligenciaArificial
Me llega la información de que @PDuchement no va a estar disponible unos días.
Se me transmite para que la gente que le está pidiendo ayuda tenga un poco de paciencia porque podría tardar un poco en contestar.
Hace poco se ha incorporado la opción de añadir cuadernos de NotebookLM a los Gem de Gemini
¿Qué diferencia hay entre usar NotebookLM o usar un Gem basado en ese mismo NotebookLM? Les he hecho la misma pregunta y después le he pedido a ChatGPT que compare las dos respuestas
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Tus aportaciones sobre las herramientas e instrumentos de calificación me han ayudado tanto en la práctica como para aclarar ideas y conceptos. "Creo" que seguimos necesitando tus aportaciones. Espero la siguiente😉
Agradecido por haber podido participar en esta revista, en la que será (creo) mi última aportación que ofrezco al profesorado. Espero que esas pocas páginas puedan ser interesantes y ayuden a las compañeras y compañeros a aterrizar desde la evaluación a la calificación.
Ha sido un orgullo y ha supuesto u a gran satisfacción formar parte del elenco de autores de este monográfico sobre evaluación.
Confío en que leyéndolos aprendas tanto como yo de estos docentes y exdocentes.
Ha sido un placer haber formato parte del equipo de @ciberespiral en la nueva edición de la revista #enTERA20 a través de diferentes perspectivas constructivas y expertas sobre la #evaluacion educativa.
Un ejemplo más de la importancia de que las chicas accedan a estudios científicos. Es nuestra obligación proponerles referentes. De ayer pero, sobre todo, de hoy #mujeryciencia
Agnes Pockels was nineteen years old when she noticed something strange in the dishwater.
It was 1881. She was standing at the sink in her family's home in Brunswick, Germany, watching the way grease moved across the surface of the water. The way soap changed everything. The way the surface itself seemed to have properties she couldn't explain.
Most people would have finished the dishes forgetting it.
Agnes Pockels wrote it down.
She would have liked to study physics at university. But in Germany in 1881, women were not permitted to attend university.
She devoured the physics books of her brother, teaching herself the mathematics and theory that formal education had denied her.
She needed a way to measure what she was observing. So she built one.
In 1882, she developed what she called a Schieberinne—a sliding trough.
With this homemade apparatus, Agnes Pockels began a decade of solitary research.
She had found the moment when a single layer of molecules, one molecule thick, formed across the surface.
She calculated that a single molecule occupied about twenty square angstroms of surface area. This threshold would later be named the "Pockels Point" in her honor.
Ten years. No laboratory. No colleagues. No mentors. No funding. Just a woman at kitchen sink, making measurements of stunning precision. And no way to publish any of it. She was isolated.
Then, in 1890, she read an article in a German science journal. The English physicist Lord Rayleigh—one of the most celebrated scientists in the world—had been studying the properties of water surfaces. He was asking questions remarkably similar to her own.
She wrote to him.
On January 10, 1891, she sent Lord Rayleigh a twelve-page letter in German, outlining a decade of research. She described her apparatus, her methods, her findings. She was modest almost to a fault:
"My Lord, will you kindly excuse my venturing to trouble you with a German letter on a scientific subject? ... For various reasons I am not in a position to publish them in scientific periodicals, and I therefore adopt this means of communicating to you the most important of them."
Rayleigh read the letter. He recognized immediately what he was holding.
On March 2, 1891, he forwarded it to the editor of Nature, the most prestigious scientific journal in the English-speaking world, with a covering letter:
"I shall be obliged if you can find space for the accompanying translation of an interesting letter which I have received from a German lady, who with very homely appliances has arrived at valuable results respecting the behaviour of contaminated water surfaces.."
Ten days later, Agnes Pockels's research was published in Nature under the title "Surface Tension."
She was twenty-nine years old. She had never set foot in a university. And her kitchen experiments had just entered the scientific record.
Agnes stunning story, a soul-stirring story can be found here
A raíz del lamentable suceso del suicidio de Sandra, la niña sevillana de 14 años, se está extendiendo por los institutos de toda España, y en las familias de los alumnos, una dinámica que yo no sé hasta qué punto es beneficiosa ni si, en realidad, lo es. Muchos padres, hipersensibilizados por los casos de acoso, están acudiendo a los centros educativos para registrar documentalmente sus inquietudes y traspasar a la institución educativa la responsabilidad de solventarlas. Así, lo que ocurre en las casas, en la calle, en las redes sociales y, por supuesto, también en los institutos, encuentra en estos últimos el punto de apoyo exclusivo sobre el que situar la palanca que, finalmente, haga rodar las medidas oportunas para solventar el caso.
El disparatado aumento de protocolos de acoso escolar abiertos en los últimos meses nos habla de ese papel centralizador que están adquiriendo los centros educativos para afrontar circunstancias que superan, en mucho, la capacidad de actuación del profesorado. Conjurados los malos espíritus o, al menos, controlados gracias al papel registrado en la secretaría del centro, diríase que los padres ya pueden sentir alivio por el peso descargado sobre los hombros de los profesores.
Pero ese alivio, tan humano como comprensible, es también engañoso. No porque el profesorado no deba intervenir —que debe, y lo hace— sino porque estamos confundiendo el espacio donde se manifiestan los problemas con el origen de los mismos. Y, lo que es peor, estamos depositando sobre la escuela un mandato imposible: el de reparar por sí sola fracturas familiares y sociales que se incuban mucho antes de que un alumno cruce la puerta del aula.
Como resultado, algunos docentes viven hoy bajo una sospecha preventiva, atrapados entre la necesidad de actuar con diligencia y el temor creciente a que cualquier conflicto cotidiano derive en un protocolo que les exige una formación especializada que no tienen por qué poseer. Y que puede acarrearles, en el peor de los casos, el final de su carrera profesional. Lo que antes era un roce entre adolescentes —que requería diálogo, paciencia y mediación— ahora se traduce en un expediente formal que convierte a cada tutor en una especie de gestor de crisis, y a cada interacción escolar en un escenario potencialmente judicializable.
No se trata de negar la importancia de la vigilancia ni de minimizar las señales de alarma. La tragedia de Sandra, como la de tantos otros jóvenes, nos obliga a los profesores a mantener los ojos bien abiertos. Pero también a mantener la cabeza fría. Porque si seguimos confundiendo vigilancia con burocracia, protección con delegación, corremos el riesgo de saturar los mecanismos que deberían activarse solo cuando realmente hacen falta.
La verdadera prevención —la que funciona, la que salva vidas— no nace del miedo, sino del acompañamiento. Y ese acompañamiento es necesariamente compartido. La escuela puede y debe ser un pilar, pero no el único; no puede suplantar la presencia emocional en casa, ni controlar la jungla imprevisible de las redes, ni blindar a los adolescentes frente a las inseguridades propias de su edad. Pedirle eso es condenarla al fracaso y, de paso, convertir a los profesores en chivos expiatorios de un malestar que nos concierne a todos en una sociedad, además, crecientemente medicalizada.
Quizá ha llegado el momento de repensar nuestra respuesta colectiva y actuar con menos actas, pero más escucha; con menos trámites, pero más comunidad. Porque, si algo nos enseñan estas tragedias, es que ningún protocolo podrá sustituir al tejido de relaciones humanas que sostiene y de verdad protege a un niño que sufre.
Voy a repetir este texto de la ya futura ley hasta que lo interioricemos.
Sí: debemos garantizar la plena inserción del alumnado en la sociedad digital. Y el aprendizaje en el buen uso (crítico, consciente y responsable) de las tecnologías digitales, mediante el uso de estas.
Los riesgos y daños NO ESTÁN EN LA ESCUELA.
@educaciongob@JuventudInfGob@ConsEscoEstado@educaINTEF@sirarego@mallemar
@effortfuleduktr I think this is one of the major failing of our education systems. We haven't managed to persuade our students that when we assess their work, we are trying to assess the quality of the thinking that led to the work, for which the work is a proxy...