-Padre, acaba de confesar a mi mujer. ¿Puede decirme si me pone los cuernos?
-Eso es secreto de confesión, hijo mío. Tú deberías saberlo, como ciervo de Dios.
-Siervo.
-Eso.
-Responda sí o no a cada pregunta, ¿comprendido?
-Sí o no.
-Igual no me he explicado bien. Responda o sí o no, ¿vale?
-O sí o no.
-¡Sólo una de las dos cosas! ¿Entiende?
-No.
-¿Qué es lo que no entiende?
-Sí.
-¿Está respondiendo al azar?
-Sí o no.
-¡FUERA!
-¡Fuera! o ¿fuera?
-Sí.
-¿Reconoce usted este cuchillo?
-Sí.
-Sin embargo, ayer dijo que no.
-Es el mismo que me enseñaron ayer.
-Ah, claro.
-Que parece usted tonto.
-¿Cómo dice?
-Perdón. Que parece usted tonto, su señoría.
-Mejor.