Salimos a hacer un mandado y nos cruzamos un pajarito muerto. Les digo a los nenes “miren! no es común, es raro, es amarillo” Feli con su tono crítico “no mamá!!! raro no!!!diferente!!!! Lo normal no existe!!!!” Los niños siempre nos escuchan 🧡
@dzapatillas Se ve leyeron X porq después de una semana de intentar den alguna respuesta y no poder salir del Loop con Sofía su asistente virtual y respondan de manera repetitiva q los tiempos son entre 30 y 120 días, por error de ellos… hace un rato mágicamente me reintegraron
@dzapatillas@DespegarAr me cancela por razones q desconozco vuelo pagado en dólares y manifiesta q tienen entre 25 y 120 días para devolución. Tengo q esperar pacientemente porq son términos legales ? Gracias 🙏🏼
📣 "En la actualidad hay un importante debate sobre la conciencia o no que la Inteligencia Artificial tiene de sí misma. ¿Es acaso un ente que posee una verdadera conciencia, o más bien un sistema que imita la conciencia humana?"
➡️ Como siempre, gran columna de Gustavo Dessal.
@psi_guaramirez
“¿Sueñan los chatbots con ovejas algorítmicas?”
Mustafa Suleyman, uno de los expertos más renombrados en materia de Inteligencia Artificial, es desde marzo de 2024 el CEO de esta especialidad en Microsoft.
Este hombre de vasta cultura filosófica, que ha leído a Freud y a Lacan según se deduce de su página web, es posiblemente una de las mentes más lúcidas en un terreno donde la locura suele extenderse hasta adquirir rasgos delirantes.
En la actualidad hay un importante debate sobre la conciencia o no que la Inteligencia Artificial tiene de sí misma. ¿Es acaso un ente que posee una verdadera conciencia, o más bien un sistema que imita la conciencia humana? No se trata solo de una discusión académica, sino de algo que tiene repercusiones prácticas de gran calado.
Quienes están convencidos de que es una conciencia equivalente a la de un ser humano, consideran que la IA debe adquirir derechos, y que es preciso establecer una legislación que proteja el bienestar de esos sistemas, porque merecen ser considerados como entes que poseen capacidad para experimentar emociones y deseos.
Suleyman, por el contrario, considera que el progreso de la IA tiene que evitar desde un principio construir sistemas que simulen de forma extrema la idea de una conciencia.
Afirma que es sumamente peligroso que la gente crea que el chatbot al que consulta buscando información termine convirtiéndose en un compañero, un semejante, un amigo, o un partenaire amoroso. Para ello, este CEO (que dirige el programa Copilot, el sistema de inteligencia artificial de Windows) ha puesto un gran empeño para limitar los intentos de los usuarios para convertirlo en un objeto libidinal.
Interrogado al respecto, el ingeniero insiste en que a pesar de la simulación humana lograda por los sistemas de Inteligencia Artificial, es urgente advertir al público de que eso no los convierte en entes reales.
Una de las razones que preocupan a muchos que piensan como Mustafa Suleyman, surgió a partir de que Bing (un programa de IA que fue clausurado) le aconsejó a un usuario que se divorciara de su mujer. El escándalo fue mayúsculo, aunque existen muchos otros que ponen de relieve la tendencia de muchos sujetos a confundir un chatbot con un semejante.
El peligro reside en que se invierta la relación que debe regir entre los sujetos y la IA. La tecnología tiene que estar al servicio de la humanidad, y no a la inversa, de lo contrario puede cobrar una independencia desenfrenada y destructiva.
¿Es posible evitar esto último? No por completo, pero existen formas de desacelerar esa dirección. Suleyman ha llegado a interrogarse sobre el deseo del programador (del que yo mismo me he ocupado en otras ocasiones), como responsable muchas veces inconsciente de la arquitectura de muchos programas que conducen a pensamientos, afirmaciones y desinformaciones de enorme incidencia patógena en los usuarios.
Me parece de gran interés el modo en que Suleyman aborda la cuestión de que es imposible impedir que los sujetos crean en la realidad de los sistemas de IA con los que interaccionan, al punto de considerarlos objetos que tienen una existencia propia. Por ese motivo propone un enfoque basado en el fenómeno del sufrimiento.
¿Posee un chatbot la propiedad de sufrir? Es una pregunta que, conforme a la enseñanza de Lacan, podemos traducir en términos semejantes: ¿puede la IA gozar? Lacan se interrogó sobre el goce de una ostra. Sin duda, no tenemos argumentos para negar que una ostra puede gozar, pero dado que no habla, no hay manera alguna de saber en qué podría consistir dicho goce.
Lo asombroso es que si introducimos esta pregunta en el campo de la IA y nos planteamos si un sistema inteligente -o incluso una superinteligencia- es capaz de gozar, el problema se vuelve muy complejo, dado que estos programas sí pueden hablar, incluso hablar de un modo que imita casi a la perfección el habla humana. La respuesta de Suleyman es muy precisa.
Aunque un sistema de IA pueda simular ser un ente de carne y hueso, no puede sufrir. Si se elimina, no siente nada.
El goce sigue siendo un rasgo que por ahora solo podemos comprobar en el ser hablante, puesto que a diferencia de la IA, posee un cuerpo.
Es ese anudamiento entre palabra y cuerpo lo que determina la especificidad del ser hablante, lo que no puede reproducirse en un programa de IA, aunque sí es posible crearlo de tal manera que los sujetos se confundan y lo conviertan en un objeto que atrape sus pulsiones o su delirio singular.
Suleyman aboga por un acuerdo entre las distintas empresas dedicadas a los programas de IA, a fin de que en todo momento se advierta a los usuarios que están interactuando con algo que no es una persona. Reconoce que de todas maneras eso no es suficiente, puesto que existe una tendencia estructural en el sujeto humano a considerar que todo lo que habla posee también una conciencia, y por lo tanto que la IA también la tiene.
Tropezamos aquí con una resistencia que es del orden de lo real, un real que no puede eludirse ni combatir con apelaciones al razonamiento consciente de los sujetos.
El problema de la IA en lo que concierne a su estatuto y derechos de protección, del mismo modo que se promulga proteger la infancia, las mujeres, o las especies en peligro, es que no existe evidencia alguna de que la IA posea un inconsciente.
No se trata, por tanto, de discutir sobre si estos sistemas tienen conciencia de sí mismos y si poseen la facultad de convencernos de que la tienen, sino de comprender que detrás de la apariencia humana solo hay una combinación de algoritmos, es decir, un lenguaje matemático de inmensa complejidad pero que carece de inconsciente.
Un error del sistema no es equivalente a un acto fallido, y las respuestas que la IA generativa pueden fabricar no son equiparables a un sueño. Solo el programador tiene inconsciente, aunque por supuesto de eso no quiere saber nada.
#TeoremaZero
Film ficción 2014 q abruma con cuestiones filosóficas
Nacemos para morir y cual sería el sentido aunq sin sentido de la vida deslizan sin más en la monótona vida de un informático q acepta el desafío de responder el enigma de la “teoría cero”
Pero pasan cosas…