En ese momento mi sentido del ridículo y mi síndrome del impostor se desvanecen y siento que cualquiera que sea la idea que me ronde la cabeza es excelente. ¿A alguien más le pasa?
Lo tengo comprobado: mi momento de mayor motivación, el pico máximo de entusiasmo que experimento en mi vida cotidiana —en el cual me siento capaz de cualquier cosa— es justo un segundo antes de que la hez adquiera la inercia para salir del ano.
Ojo, no es antes de que empiece a asomar (ahí me siento ilusionado, pero no eufórico), sino una vez asomada, justo en el instante en el que coge el impulso definitivo para atravesar completamente el orificio.
...y en cambio a los fantasmas humanos les costara más establecer el contacto. En otras palabras, la posibilidad de que, cuando algo sobrenatural sucede, casi siempre fueran canes espectrales haciendo de las suyas.
El lugar común del sexto sentido de los perros para detectar presencias fantasmagóricas o fenómenos paranormales. La posibilidad inversa: que los perros de ultratumba tuvieran la facultad especial de detectar o interaccionar con el mundo de los vivos con facilidad...
Algunas peleas que se organizan son:
-Toñi Moreno contra Carlos Sobera.
-Roberto Leal contra Bertín Osborne.
-Jordi Hurtado contra Sonsoles Ónega.
-Christian Gálvez contra un presentador del tiempo random.
-Risto Mejide y Emma García contra Susanna Griso y Ramón García.
A causa de un apocalipsis que arrasa el mundo tal y como lo conocemos, España cae en manos de un tirano y se instaura una peculiar práctica que pronto se convierte en tradición: combates a muerte entre expresentadores de televisión que ahora son esclavos.
Una duda que me asalta: si se demostrara que la vida después de la muerte existe y se pudiera establecer contacto con los muertos y que son esencialmente pacíficos, ¿qué derechos tendrían? ¿Deberían poder votar?
«Yo creo que es genético», apunta otra. Un chico matiza que «te lo pide el cuerpo». «Esto va dentro y antes o después sale. Tú no lo puedes crear. Eso se nota: quién sí y quién no», agrega.
Sobre ser cani:
«¿Cani se nace o se hace?» pregunta el reportero a un grupo de canis. «Se nace», contestan todos prácticamente al unísono. «Se lleva en la sangre, hay algo ahí dentro que acaba saliendo», concreta una de las entrevistadas.
Como quien recuerda los diálogos de una película de principio a fin, se sabe de memoria palabra por palabra todos los 𝘴𝘱𝘦𝘦𝘤𝘩 de Ramón García de todos los Grand Prix que se han emitido.
Nadie se da cuenta del evento jamás. Es como si nos cortaran y nos pegaran una milésima de segundo después, sin sensación de interrupción. Además, el instante es tan breve que visualmente no se percibe ningún corte.