Muchas veces buscamos a otras personas que nos hagan sentir Amados o conectados, cuando lo único que estas personas pueden hacer es reflejar nuestra relación con nosotros mismos.
Tener conflictos en pareja no significa que la relación vaya mal. Dos personas que conviven, toman decisiones juntas y tienen necesidades diferentes van a discutir alguna vez.
Ayudar a una persona con una adicción no significa aguantarlo todo. Puedes querer muchísimo a alguien y, precisamente por eso, negarte a darle dinero, permitir que consuma en casa, mentir para protegerle o solucionar una y otra vez los problemas provocados por su consumo.
Abordar el burnout sin señalar las condiciones laborales; un Tca sin hablar de gordofobia; problemas del sueño sin explorar carga de cuidados; trabajar perfeccionismo y autoexigencia sin mencionar la meritocracia y la concepción de éxito social no es hacer una buena terapia.
Se van construyendo y manteniendo mediante la interacción entre lo que ocurre, cómo interpretamos lo que ocurre, lo que sentimos y, sobre todo, lo que hacemos después.
Imagina que tienes que hablar en público y aparece el pensamiento “voy a hacer el ridículo”.
Poner límites afectivos no consiste en conseguir que la otra persona cambie. Consiste en decidir qué conductas estás dispuesto a aceptar en una relación y qué vas a hacer cuando esas conductas se repitan.
Las preocupaciones, desgastan cuando se prolongan y cambian el estado de ánimo del más fuerte, así que no está amargado, indiferente esta sufriendo, y el dolor nos hace paracer indiferentes, con cero interés, descuidados y si la vida esta doliendo, estar de pie cuesta mucho.
No, no hay que aceptar incondicionalmente a todo el mundo. La condición mínima es que nos traten bien y nos respeten. De lo contrario, toleraremos cualquier tipo de abusos. Hay que poner límites, protegernos y hacerle saber a las otras personas dónde parar.
Cuando tienes ansiedad, no solo cambia cómo te sientes. También puede cambiar la forma en que interpretas lo que ocurre. Una situación ambigua puede empezar a parecer mucho más peligrosa de lo que realmente sabemos que es.
El trauma no te hizo más fuerte.
Te traumatizó, te rompió por dentro, alteró tu sistema nervioso, te dejó con insomnio, heridas en la autoestima, miedo al vínculo y dificultades para relacionarte. Probablemente incluso intentó robarte las ganas de vivir.
Quien decidió volverse más fuerte fuiste tú, para sobrevivir, adaptarte, sanar y seguir avanzando.
Hay conductas que las que no hay que ser ni empáticos ni tolerantes. Hay conductas que, al observarlas, deben hacernos reflexionar seriamente sobre si queremos eso en nuestra vida. No, no hay que aguantarlo todo.
El suicidio detrás del acoso escolar, del maltrato infantil, de las condiciones laborales precarias, de la ausencia de vivienda digna, el suicidio detrás de la soledad en personas mayores o de la ausencia de lazos que hagan de abrazo en tiempos horribles.