Resulta curioso cómo algunas personas condenan los comentarios misóginos y violentos, pero cuando quieren atacar a alguien, terminan utilizando exactamente el mismo tipo de discurso a viva voz. Es fácil señalar la violencia en otros; lo difícil es no reproducirla cuando conviene.
Al final comprendí que nunca debí castigarme por sentir con tanta intensidad, porque aquello que más intenté silenciar era, precisamente, la parte más viva de mí.