Siempre es saludable recordar que nadie, absolutamente nadie, sabe cómo acabará la invasión a gran escala de Ucrania. La propia naturaleza de las guerras nos impide comprenderlas correctamente. Incluso cuando tenemos delante vistosos mapas de avances, retrocesos, bajas y material destruido, y un surtido aparentemente infinito de testimonios, vídeos, análisis, etc, la guerra sigue siendo un fenómeno demasiado incierto y demasiado complejo.
Aunque una crónica bélica sea excelente, por ejemplo, ya nace limitada por las condiciones físicas y políticas: (1) Los reporteros no tienen acceso a todas las secciones del frente; (2) De todas formas, el frente es inabarcable: 1.200 kilómetros donde los balances de fuerzas difieren por zonas; (3) La seguridad operacional prohíbe a las tropas compartir determinados detalles sensibles. Y (4) La propaganda ucraniana disemina en lo posible los materiales gráficos que le convienen y silencia los que no le convienen, amoldando el relato.
Del bando ruso ni hablamos. Cerrazón informativa casi completa, salvo para propagandistas claramente corrompidos y algunas pocas excepciones.
Este paisaje enorme y complejo se nos transmite en fragmentos anecdóticos. Algunas de las aproximaciones que nos llegan, tanto de periodistas sobre el terreno como de analistas, son más completas, laboriosas e inteligentes que otras, y todas suman. Son necesarias para hacernos una idea cercana. Pero la imagen final sigue siendo forzosamente incompleta. Insuficiente.
Si, en lugar de la guerra de Ucrania, estuviéramos siguiendo en tiempo real la Segunda Guerra Mundial, probablemente erraríamos una y otra vez, perdidos en una selva de incertidumbre.
Durante la primera parte de la contienda parecía evidente que los alemanas iban a vencer. Resultaban imparables. Los nazis estuvieron a pocos días de ganar la Batalla de Inglaterra. De haber escuchado Hitler los consejos estratégicos de sus generales, en lugar de dejarse llevar por su estúpido y destructivo fanatismo, posiblemente las cosas hubieran salido de otra manera incluso en el frente del este.
Buena parte de Ucrania, por ejemplo, estaba tan cansada del estalinismo que recibió a los nazis como libertadores: varios pueblos salieron a darles la bienvenida con las ofrendas del pan y la sal. En lugar de aprovechar, aunque fuera cínicamente, esta coyuntura, los alemanes impusieron desde el principio su proyecto de esclavización y exterminio, empujando a millones de ucranianos a apoyarse en el mal menor que hasta entonces habían soportado.
Lo cual nos lleva a la mejor parte: incluso si tuviésemos acceso a montones y montones de información, a la información humanamente más completa posible, quizás tampoco tendríamos una idea clara del transcurso bélico.
La guerra contiene muchos elementos de análisis. Cada persona elige sus elementos favoritos en base a sus prejuicios. A veces, quienes más deberían saber acaban siendo los más ignorantes y los que cometen más errores.
Hemos hablado de Hitler, pero también podemos hacerlo de Stalin.
En los meses previos al 21 de junio de 1941, Stalin recibió múltiples pistas de que los alemanes se preparaban para atacar la Unión Soviética. Se lo decían sus espías y se lo decían sus generales, pero Stalin se negaba a aceptarlo. Cuando por fin empezó la invasión y los lugartenientes fueron a reunirse con Stalin, este creyó que lo iban a detener. Pero los lugartenientes sólo querían instrucciones. Stalin, durante días, no supo dárselas. Estaba en estado de shock. Pese a haber tenido la mejor información del mundo a su disposición.
Vladímir Putin soñó probablemente con aplicarle un corte quirúrgico a Ucrania, cercenar su gobierno, avasallar a sus tropas con el magnífico aura invencible del Ejército ruso y presidir él mismo, un hermoso mediodía primaveral, el desfile del 9 de Mayo en la soviética Plaza de la Independencia, o Maidán.
Hemos hablado de Putin, pero también podemos hacerlo de Zelensky.
Parece que líder ucraniano se negó a tomarse en serio la amenaza hasta que ya era demasiado tarde. ¿Por qué no se minaron los puentes que unían Crimea con la Ucrania libre? ¿Por qué avanzaron los rusos, en el sur, 400 kilómetros en tres días? ¿Por qué no estaba preparada Mariúpol? ¿Dónde estaban los planes de evacuación de civiles, etcétera, etcétera?
Esta no es una llamada a dejarse caer de brazos ante la complejidad de las guerras. Al contrario. Es una invitación a ser un poco más juiciosos, en lugar de andar revoloteando como polillas sobre pequeños pedacitos de información sobre el pueblo X en la provincia Y. La guerra es un torbellino salvaje de factores que nos superan y que superan incluso a quienes dirigen las guerras.
Dejo la foto no autorizada de Stalin en agosto de 1941, cuando le comunicaron que los nazis habían ocupado Kyiv, en parte, por su redomada ceguera. Menos mal que la ceguera de Hitler permitió compensar la situación.
@Alex_Fidalgo@LQTDradio Yo soy un escuchador reciente de su programa y me alegro de haberme topado con él. Me encanta la música de arranque del programa y el formato de lo que viene después. Un saludo.
@pitiklinov Buenas tardes, no sé si ha leído este libro. Estoy con él y me lleva muchas veces a recordar lo que leí en el suyo (excelente, por otra parte).
@YoungDragon69 En la ciudad de mi mujer, Sumi, había uno tirado en un parque, lleno de óxido. Lo recuerdo bien. Madre mía, los viejos roqueros vuelven a escena.
@caminodevirtudd Un libro extraordinario, Roth saca toda su artillería narrativa para contar una historia abrumadora. Mezcla de ucronia y realidad. Para mí,una obra maestra.
@SgmNaval Aprovechando que hay personas muy doctas en balística, ¿alguien me podría explicar esa predilección de la armada alemana, en las dos guerras mundiales, por el calibre de 280mm? ¿Estaban en paridad con calibres mayores de otras armadas? Gracias.