Durante décadas, una mujer con la ropa gastada barría la arena del desierto de Perú con una escoba. Los vecinos la tomaban por bruja, pero en realidad era una matemática que estaba salvando una de las mayores maravillas del mundo, las Líneas de Nazca. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
Noticiero de Alemania muestra el desastroso transporte público de Lima. Miles de personas pasan +3 horas al día desplazándose por la capital debido a la congestión, el transporte informal peor que la India y una infraestructura al nivel de Haití.
Consecuencias de Fujimori y RLA.
La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud. #MagnificaHumanitas
https://t.co/Ple93kfbB8
Las mejores canciones de esta fecha serán siempre las nuestras, las de Charly, las de León, las de María Elena Walsh, largo etcétera. Sin embargo, hay dos temas puntuales escritos por cantantes españoles sobre esta fecha que me resultan en particular conmovedores.
NO LO TOLERÓ | José Luna enfureció al ser consultado por las leyes pro-crimen que su bancada apoyó y promovió en el Congreso. Durante el intercambio con Marisol Pérez Tello, Luna defendió la inocencia de Daniel Urresti, condenado por el asesinato del periodista Hugo Bustíos
UN PUEBLO LLAMADO “PATRIA”
Felicito a los que aparecen participando en el video que publicamos aquí y a quienes se les haya ocurrido esta iniciativa.
Aún sin ser peruano por nacimiento me identifico con ustedes y con su noble intención. ¡Qué inteligente, original y memorable es esta campaña!
Estimados lectores y lectoras:
Para los habitantes del pueblo llamado “Patria”, ubicado en Kosñipata, Región Cusco, República del Perú, la aplicación del término patria adquiere un significado especial. Esa comunidad ocupa el segundo lugar en la región con las carencias sociales más altas. Ahora que están en época de elecciones en Perú, proponen utilizar el nombre de su poblado y presentan una propuesta denominada, "deuda a la patria", para recordarle a los políticos sus obligaciones con el país que los vio nacer.
Muchos políticos en toda Latino América se llenan la boca hablando de la patria y pocas veces hacen algo desinteresado por ella. El noble pueblo de “Patria”, en el Perú, propone su iniciativa, "deuda a la patria" que invita a los candidatos presidenciales a pagar una cantidad de dinero cada vez que mencionan la palabra "patria" . Voceros del pueblo explican que el dinero recogido será utilizado para gastos de educación en su necesitado sector.
La acción de la comunidad de patria es justa y es necesaria. La aplaudo y, por favor, en el caso de que los candidatos presidenciales peruanos a los que apelan no los atiendan sustancialmente (hay muchos políticos que solo piensan en sus bolsillos y no en la patria), déjennos saber para continuar impulsando la promoción de sus acciones en nuestras redes.
¡Felicidades!
Rubén.
Austin, Texas
18 de Marzo, 2026
https://t.co/cLW4yvcGBJ
@fundacionoli
@boostbrandaccelerator
@qoyllurqente
Cerrar colegios, institutos y universidades, pasar al trabajo remoto y paralizar la rutina del país por la falta de GNV no es una medida de gestión: es la confesión de un fracaso.
Este gobierno no resuelve problemas, los traslada a la ciudadanía. La improvisación ya no solo indigna: empobrece, desordena y le quita tiempo y oportunidades a la gente.
A propósito de la interesante entrevista de la candidata Indira Huilca al periodista Mario Ghibellini, hace cuatro años Diego Salazar escribió esta columna en el Washington Post sobre el rol de Canal N y Canal 4 en las elecciones.
⬇️⬇️⬇️ https://t.co/V7x8Egtdzm
Lean esto. Es muy importante. Es el discurso de este 20.01.2026 en Davos del primer ministro canadiense @MarkJCarney. Esto irá a los libros de historia. Más allá de tener las referencias correctas y estar muy bien escrito, Carney tiene el valor y la lucidez de llamar de una vez a las cosas por su nombre.
Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.
Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú. Pero seamos lúcidos sobre adónde conduce esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses, los beneficios del “transaccionalismo” se vuelven más difíciles de replicar. Los hegemones no pueden monetizar continuamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán opciones. Esto reconstruye la soberanía —una soberanía que antes estaba anclada en normas—, pero que estará cada vez más anclada en la capacidad de resistir la presión.
Esta gestión clásica del riesgo tiene un coste. Pero ese coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada uno construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades son de suma positiva.
La pregunta para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos —o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de forma fundamental nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras membresías en alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” —o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
Nos estamos comprometiendo ampliamente, de forma estratégica, con los ojos abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como quisiéramos que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fuerza en casa. Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos recortado impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial; hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial; y estamos acelerando un billón de dólares de inversión en energía, IA, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo hacemos de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluyendo la adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de compra de defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses. En Ucrania, somos miembro central de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad. En soberanía ártica, nos mantenemos firmemente junto a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia.
Nuestro compromiso con el Artículo 5 es inquebrantable. Trabajamos con nuestros aliados de la OTAN (incluyendo el Nordic Baltic 8) para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluyendo inversiones sin precedentes en radar de alcance más allá del horizonte, submarinos, aeronaves y presencia terrestre.
En el comercio plurilateral, estamos impulsando esfuerzos para tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse de un suministro concentrado. En IA, cooperamos con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemones e hiperescaladores.
Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones. Y es crear una densa red de conexiones a través del comercio, la inversión y la cultura, de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no.
Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte —si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me devuelve a Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad”?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica que viene de una dirección pero guardan silencio cuando viene de otra, estamos manteniendo el letrero en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Y significa reducir la palanca que permite la coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones están entre los mayores y más sofisticados inversores del planeta. Tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es—, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.
Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.
Que quede bien claro: en el Perú 🇵🇪, la separación entre poderes se ha roto al punto de que hoy quien gobierna claramente es el Congreso. No ver esto es estar desconectado de la realidad y apostar por más de lo mismo.
Por más botoxeada, hinchada que estés Patricia Chirinos, lo BARRIOTERA, VULGAR, ORDINARIA, CHUSCA, MONONEURONAL absolutamente nadie te lo quitará.
"Yo trabajo" dice la chusca. ¡Payasa!
El gabinete Pérez de Cuéllar se conformó con sentido de unidad y amplia base.
El diplomático y ex secretario general de las Naciones Unidas junto al presidente Paniagua lo realizaron en tiempo récord.
Los ministros del fujimorato no les alcanzaron los informe de gestión pedidos.
@FuerzaPopular__ Desde el Congreso han PROMOVIDO leyes a favor del crimen organizado, entre ellos extorsionadores, y vienen acá a decir esto. Gracias a ustedes estamos así. SINVERGÜENZASSSS
"Las AFP no asumen ningún
riesgo, se reparten utilidades
en años en q la rentabilidad
es negativa, y con dinero del
aportante" ¡Es la verdad!
¡A la mrd mundial desayunos
el verdadero mundial se juega
contra las AFP ladronas!
#LeyProAFP#UNMSM
Olvidé compartir el link antes de, pero les dejo el programa que acabamos de terminar con Fernando Llanos y Aldo Ferrini, el gerente de AFP Integra, sobre la reforma de pensiones 👇
¡Recomiendo!
https://t.co/mmlFgSEI7P
Hay que ser agradecidos en la vida. Nos llevó a un Mundial. Pude vivir algo que quizás no vuelva a pasar en otros 35 años. ¿Qué más? Gracias por tanto. Fuimos felices mientras duró.
"¿En qué momento se jodió Rospigliosi? Antes combatió ardoroso con su pluma al “fujimontesinismo” y seguro habría combatido también a Dina Boluarte y su gobierno nocivo para el país, pero él mismo se ha encargado de sepultar sus credenciales democráticas, de cavar la tumba de su dignidad y de escribir su propio epitafio para la memoria y la posteridad.
Conocí a Fernando Rospigliosi en 1999, por entonces yo había empezado mi carrera como redactora de Caretas (...). Fernando Rospigliosi era un emblemático columnista de la revista. Antifujimorista hasta los huesos, recalcitrante opositor que escribía con el cuchillo entre las manos..."
Artículo de Sonia Suyón, directora de #LaPistaClave : https://t.co/VizAtk8Jo2