Sacudió las orejas. Hizo un gesto lánguido hacia la cafetera que está al fondo del aula, más allá de la cortina que separa los dos ambientes—Asegurate de que tu... combustible biológico sea suficiente. No quiero que tu colapso arruine mi salida al campo de mañana.
Detuvo la grabación, la pantalla se tildó. El silencio volvió, interrumpiendose solo por el zumbido eléctrico del ordenador. Se quedó contemplando el perfil exhausto de Cafe, procesando esa "amistad" con lo invisible.
Nuevamente Cafe se quedó callada incluso dando otro sorbo a su café mientras escuchaba sus palabras, esperando a que dejara de hablar mientras sus orejas se movían levemente, así también como su cola.
—Estás equivocada.—respondió, frunciendo levemente su ceño.—Es mi amiga.
Sus ojos rojos no se apartaron de las ojeras de su compañera. No pestañeaba.
—Si ella es tu razón de existir, entonces espero que sea infinitamente rápida, Cafe. Porque el día que la alcances, la física te va a exigir una respuesta que quizás no quieras darle. Hasta entonces...
La proclamada cientista soltó una risa breve, un sonido seco que pareció vibrar en las paredes del viejo aula.
Se alejó apenas unos centímetros, lo suficiente para observar la comunicación corporal de Cafe como si fuera un ejemplar de otra especie.
Se quedó quieta, amarillentos ojos fijos sobre sus rubíes, acostumbrada a sus movimientos raros y como poco le importaba el espacio personal de los demás.
Sin soltar su café en ningún momento, frunció levemente el ceño, haciendo aun más notorias las ojeras de su rostro.
—Una variable que se alimenta de tu propio esfuerzo —habló entre dientes, repitiendo los frames de esa fantasmal curva citada anteriormente— Tené cuidado. ¿Qué va a quedar de vos cuando no tengas nada más que perseguir?