¡ALERTA NACIONAL! SURGE EL 'PLAN B' PARA CANCELAR EL REGISTRO DE LÍNEAS TELEFÓNICAS EN MÉXICO. ¡Un movimiento masivo que sacude las redes sociales y los servidores del país! Faltan solo 30 días para el límite y casi el 80% de los mexicanos no ha vinculado su CURP a su teléfono. Por ello, miles de ciudadanos organizados proponen un plan poderoso por su sencillez: NO REGISTRARSE. Si más del 50% de las líneas son canceladas, las empresas perderán millones de pesos y el gobierno millones en impuestos, provocando un efecto dominó que detendría proyectos nacionales y obligaría a cancelar la ley. La mística es clara: entre más mexicanos compartan esta estrategia, más exitosa será. ¿Tú qué opinas? ¿Te unes a este plan de resistencia o prefieres registrar tu línea? ¡ALZA LA VOZ ABAJO Y REVIENTA LOS COMENTARIOS! 👇🔥🛡️
Sobre el anuncio de la supercomputadora mexicana "Coatlicue", Luis Fernando Areán, un físico mexicano con maestría en Computer Sciences de Stanford y una década de experiencia trabajando en la supercomputadora más grande de Francia (IDRIS), escribió lo siguiente (VALE LA PENA LEER CADA PALABRA):
Con la poquísima información disponible me voy a aventurar a dar una opinión sobre el proyecto Coatlicue. Adelanto que no soy un gran experto, pero que trabajé en el centro de supercómputo más grande de Francia, el IDRIS del CNRS, y algo sé del tema.
Lo primero que llama la atención es la enorme escala del proyecto. Si los datos que han publicado son correctos, Coatlicue sería, si se inaugurara hoy, con 314 petaflops la SEXTA supercomputadora más grande del mundo en capacidad instalada. Las únicas más poderosas serían El Capitan, Frontier y Aurora de EUA, Jupiter, europea, todas ellas en el rango de exaflops (mil petaflops, donde un petaflop equivale a mil billones de operaciones de punto flotante por segundo, es decir, 10¹⁵ de dichas operaciones), y Fugaku, que hace apenas cinco años era la computadora más poderosa del mundo. Esto da una idea de la enorme dimensión del proyecto, en un país con poca tradición de supercómputo.
Lo segundo es que se adelanten ya tres proyectos para utilizar esa enorme infraestructura. Esto presenta varios problemas, a mi juicio.
1) No se ha establecido el protocolo de aprobación de proyectos. Típicamente, esto requiere que un proyecto de investigación sea presentado a un comité científico (en nuestro caso había diez comités distintos y especializados por disciplina científica). Este comité estudia la viabilidad y prioridad del proyecto y le asigna recursos de cómputo y almacenamiento, típicamente menores a los solicitados originalmente. En este momento, IDRIS cuenta con alrededor de 1500 proyectos con la tercera parte de la capacidad anunciada de Coatlicue. Y no se usa al 100 %, aunque obviamente éste es el objetivo. Esto da una idea de la dificultad de asignación de recursos y de la escala necesaria para que un proyecto como Coatlicue se justifique. Literalmente, Coatlicue requerirá miles de proyectos.
2) Los proyectos anunciados evidentemente no han pasado ese proceso, pero a primera vista se antojan insuficientes, como queda dicho, para aprovechar la infraestructura. Hay uno que, sin embargo, destaca por su inadecuación : el proyecto de descubrir fraude fiscal a partir del análisis de datos. Esto no es supercómputo, que esencialmente se basa en la enorme capacidad de procesamiento de la plataforma. Es un ejemplo de minería de datos, que típicamente requiere un procesamiento mucho más sencillo y repetitivo, a pesar de lo que parecería una enorme cantidad de datos. No conozco ningún proyecto, entre los miles de los que hablaba antes, que use supercómputo para minería de datos.
Esto requiere un poco más de explicación. El supercómputo se divide en dos ramas principales: la computación de alto desempeño, HPC por sus siglas en inglés, que lleva desarrollándose desde los años setenta del siglo pasado, y la inteligencia artificial (IA), mucho más reciente en su encarnación actual. La HPC consiste en desarrollar algoritmos poderosos de cómputo para aplicaciones tales como las simulaciones de procesos físicos, químicos, biológicos o económicos. Su principal reto, hoy en día, es la paralelización del algoritmo, de forma que pueda ser ejecutado simultáneamente en varios nodos de la supercomputadora. Estos nodos consisten –hoy en día, la tecnología del siglo XX era distinta-- de CPU convencionales, en nada distintos de los que hacen marchar una computadora portátil. La diferencia, obviamente, además de ciertas optimizaciones de arquitectura, está en su enorme número, en la capacidad de ejecutar operaciones de forma simultánea. De ahí la importancia de la paralelización.
La segunda gran rama es la IA. Pero sucede que aquí se usa una tecnología distinta, los GPUs. Originalmente estos eran los aceleradores gráficos que también se encuentran en cualquier computadora, usados para implementar los recursos gráficos, especialmente importantes en los videojuegos. Pero sucede que la IA actual (nuevamente distinta de la del siglo XX) utiliza algoritmos que se basan en la manipulación de matrices, igual que las gráficas de los videojuegos. Por ello, los GPU originalmente utilizados para otro propósito son idóneos para la IA.
Entendido esto, llama la atención que en la presentación sólo se hablara de GPU, en la enorme cantidad de 15000, cinco veces más que la instalación del CNRS-IDRIS, y no de CPU. El uso de GPU para proyectos de HPC es posible pero oneroso. Es mejor usar CPU. Entonces la pregunta que se impone es cuántos CPU tendrá Coatlicue.
Pero más allá de esto, de los tres proyectos anunciados, los dos que no son de minería de datos, la prospección petrolífera y la simulación metereológica, son típicos proyectos HPC, NO de inteligencia artificial. En realidad, no se anunció ningún proyecto de IA, a pesar de que eso parecería ser el objetivo principal de Coatlicue. Los proyectos de IA serían cosas como los LLM tipo ChatGPT o el plegado de proteínas tipo AlphaFold o los juegos tipo AlphaGo. Ni rastro de esas aplicaciones en el anuncio.
Queda por tanto la inquietud de si hay una correspondencia entre los proyectos prioritarios y la infraestructura anunciada.
3) Como queda claro en el apartado anterior, la minería de datos, de la que forma parte el tercer proyecto anunciado, no forma parte de los proyectos típicos de una supercomputadora. En esencia, la minería de datos no requiere tanto poder de cómputo como la capacidad de procesar rápidamente enormes cantidades de datos mediante algoritmos de mapeo y reducción, que paralelizan la ejecución pero cuyas operaciones son relativamente sencillas en comparación con las computaciones de HPC. Podría equivocarme, pero la arquitectura de supercómputo no está optimizada para minería de datos, que implica mayormente recuperación de datos mediante « queries » y cómputos relativamente sencillos, muy alejados de los complejos métodos numéricos de HPC. Mi impresión es que el proyecto del SAT procura matar moscas a cañonazos.
4) Se echa de menos un diagnóstico detallado de las necesidades de supercómputo de la audiencia potencial de esta infraestructura. De hecho, ni siquiera queda definida dicha audiencia y el modelo de negocios anejo. En el caso del que yo tengo experiencia, la audiencia era muy clara: o bien investigadores franceses financiados con dinero público, en cuyo caso el proyecto era gratuito en cuanto a recursos de cómputo, o bien particulares franceses (típicamente empresas privadas) que desearan usar dichos recursos, en cuyo caso habría un cobro que dependía de las condiciones de uso y de la publicación o no de los resultados. ¿Cuál es la audiencia potencial de Coatlicue, más allá de PEMEX, el SAT y el Servicio Meteológico Nacional, que ni de chiste van a agotar los recursos? ¿Instituciones de investigación mexicanas? ¿Latinoamericanas? ¿De otras partes? Se echa de menos también la participación de investigadores de universidades y otras instituciones en el proceso de planificación, con familiaridad con el supercómputo en sus dos facetas.
Determinada la audiencia, se puede hacer un estudio del USO ACTUAL que dicha audiencia hace del supercómputo. Y esto sirve para a su vez hacer una proyección del uso futuro. Y es de esta forma como cualquier ingeniero recién salido de la universidad dimensionaría la infraestructura necesaria para atender esa demanda. No parece existir tal estudio.
El supercómputo actual tiene la enorme virtud de ser muy modular. En otros tiempos, si tu supercomputadora se quedaba chica había básicamente que tirarla y comprar una nueva. Actualmente existe una posibilidad a bastante largo plazo de crecimiento modular.
Todo ello lleva a pensar que la infraestructura está enormemente sobredimensionada (sin necesidad, debido a la citada modularidad), no responde a necesidades reales, que no han sido adecuadamente investigadas, y pareciera más un concurso de, con perdón, a ver quién la tiene más grande.
No es esta la forma de abordar un proyecto de tal magnitud. Ojalá me equivoque, pero los antecedentes de proyectos similares emprendidos por el gobierno mexicano, realizados más por capricho que por cubrir una necesidad real, no invitan al optimismo.
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