Los vínculos no se sostienen únicamente con sentimientos; también necesitan presencia, atención y pequeños gestos que demuestren que seguimos eligiendo cuidarlos. Porque querer a alguien también implica estar, escuchar y hacer espacio para esa persona en nuestra vida.
A mí me parece tan normal construir unas ideas, defenderlas y, con el tiempo, cambiarlas cuando la vida, el ejercicio profesional y la experiencia te muestran que ciertas luchas ya no coinciden con tus principios. Cambiar de rumbo también es una forma de tener criterio.
Entender que el otro está tratando de decir algo aunque no sepa cómo comunicarlo, es darle la posibilidad de que la confianza que le generas lo regule y le permita inventar un lenguaje dónde ya no necesite evadirse cuando algo lo moviliza emocionalmente. No es paciencia. Es amor.
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