@petrogustavo Usted cuando dijo q no seguiría siendo un viejo cansón tuvimos la esperanza pero se pasa de viejo entrometido.
Cuando dice q quiere a su país si lo quiere ver destruido con tanta polémica y polarización , no esperanza un ejemplo para nadie que vergüenza 🙈
@SandraComunes Descarada, usted habla de respeto, de amor y garantías, por qué no mira su pasado y se da cuanta que es la menos indicada de hablar de valores que jamás conocío, se le olvida a todos los niños, familias , padres que hizo sufrir, debería de estar pagando tanta maldad.
@IvanCepedaCast No te dejes provocar tigre, no pudo salir en un año ahora Si quiere, está perdido , Abelardo eres nuestro presidente ! Ese guerrillero no , no más sistemas de salud nefastos, no más niños a la guerra, no más inseguridad ! Pobrecito Cepeda esta para cambio de pañal jaja
A los que no volvieron
Hoy Colombia no habla.
Hoy Colombia calla.
Porque hay silencios que no nacen de la ausencia de palabras,
sino del peso del dolor.
Han caído hombres.
Pero no solo hombres:
hijos, padres, hermanos, sueños enteros que vestían uniforme y llevaban consigo algo más grande que ellos mismos:
el deber.
No murieron en anonimato.
Murieron en nombre de una patria que muchas veces no alcanza a decirles gracias a tiempo.
Murieron sosteniendo, con su presencia, una idea frágil pero imprescindible:
que el Estado existe, que el orden resiste, que la nación no se rinde.
Y hoy, esa nación —herida—
los mira partir.
A sus familias,
no hay palabras suficientes.
No existe consuelo que alcance cuando el vacío lleva nombre, historia, risa, voz.
Pero hay algo que nadie puede quitarles:
el orgullo inmenso de haber amado a quienes eligieron servir.
Porque servir, en Colombia,
no es un acto cualquiera.
Es una forma de valentía silenciosa.
Es levantarse cada día sabiendo que el riesgo no es una posibilidad lejana, sino una compañía constante.
Ellos lo sabían.
Y aun así, fueron.
Hoy no hablamos de cifras.
Hablamos de vidas.
De botas que no volverán a pisar el suelo que juraron defender.
De uniformes que quedan suspendidos en la memoria.
De miradas que ya no regresan.
Pero también hablamos de algo que no muere.
Porque hay muertes que no son derrota.
Son testimonio.
Testimonio de entrega.
De disciplina.
De amor por una patria imperfecta, sí,
pero profundamente propia.
Que nadie los reduzca a una noticia.
Que nadie los olvide en el ruido de los días.
Porque mientras Colombia exista,
mientras haya una bandera ondeando,
mientras alguien pronuncie su nombre con respeto,
ellos seguirán de pie.
Hoy los despedimos con dolor.
Pero también con gratitud.
Y en ese dolor, en esa gratitud,
vive lo mejor de lo que somos.
Honor y gloria a nuestros soldados.
AMEN