La disciplina es la forma más fuerte del amor propio.
Hombres, desapareze por los proximos 6 meses, hagan esto y regresarán irreconocible a mitd de año...
El perfeccionista puede serlo de lunes a viernes, en el entrenamiento, pero en la competición necesita sustituir esa actitud por PRESENCIA y conexión a la experiencia, sin pensar, sin juicio, sin miedo y sin culpa.
Debe entender y aceptar que su deporte es un juego de errores en el que nadie puede hacerlo siempre perfecto, ni siquiera en un solo partido.
Si no reconoce su vulnerabilidad, aparecerán el miedo a fallar y la ira por ser imperfectos, los dos peligrosos enemigos que le robarán la libertad y la alegría de jugar impidiéndole alcanzar su mejor rendimiento.
La (pr)esencia es el antídoto conta el perfeccionismo. Es pensar menos el juego y sentirlo más. Es dejar que tu cuerpo haga lo que sabe hacer sin que tu mente se lo impida. Es dejar que las cosas ocurran y aprender a fluir con el juego, no a sufrir por él.
¿Quién no eres?...
No eres tus tíulos, ni tu trabajo, status, poder, fama, dinero o posesiones... podrías perderlo todo y seguirías siendo tú.
No eres tu cuerpo que cambia cada día, tampoco tu mente, ni tus creencias o tus pensamientos, los podrías cuestionar y modificar en cualquier momento... y seguirías siendo tú.
No eres tus emociones, sentimientos ni estados de ánimo, que son pasajeros y tal como vienen se van... y sigues siendo tú.
No eliges tu nombre, ni tu nacionalidad, idioma, familia, religión o educación. No eres tu personalidad, ni tu ideología ni por supuesto, tu equipo de fútbol te define. Podrías cambiarlo todo y seguirías siendo tú.
No somos nada y, a la vez, lo somos todo. No eres lo que crees que eres, todo eso tan solo es el disfraz tras el que se esconde tu auténtica naturaleza esencial: eres chispa divina, eterna e infinita. Un alma inmortal encarnada en un cuerpo efímero y mortal.
No necesitas confianza para mejorar, necesitas atreverte y pagar el precio que exige mejorar para aumentar tu confianza.
La confianza no es causa, sino la consecuencia de actuar con valentía para asumir el error, mostrándote torpe y vulnerable durante el proceso de aprendizaje.