🧵JETSET @Holsteinson@de_mopc@MOPCRD
Análisis de posibles causas del colapso del techo en la discoteca Jet Set – Santo Domingo,R.D.
Fecha: 8 de abril de 2025
Esta nota técnica tiene como objetivo exponer posibles causas estructurales
vinculadas a este tipo de colapsos en edificaciones de hormigón armado con más de cinco décadas de antigüedad.
Interesante reflexión, Susana.
Más allá de las personas, creo que estos fenómenos también nos obligan a preguntarnos qué vacíos han dejado nuestras instituciones, nuestros partidos y nuestros liderazgos tradicionales.
La historia demuestra que cuando una parte importante de la sociedad deja de sentirse representada, surgen nuevas voces que ocupan ese espacio.
Quizás el verdadero debate no sea sobre el fenómeno en sí, sino sobre las causas que lo hicieron posible.
Que una figura como Alofoke pueda ser mencionada como posible candidato presidencial no habla necesariamente de él. Habla del nivel de desgaste, desencanto y falta de confianza que muchos ciudadanos sienten hacia la clase política tradicional.
Los pueblos no buscan alternativas cuando están satisfechos; las buscan cuando sienten que sus líderes han dejado de representar sus aspiraciones.
La pregunta no es si un influencer puede llegar a la Presidencia. La pregunta es por qué millones de personas están dispuestas a considerarlo.
La historia mundial ofrece ejemplos donde. Figuras como Donald Trump, Nayib Bukele, Javier Milei o incluso Volodymyr Zelenskyy surgieron en contextos donde una parte importante de la población estaba frustrada con las élites políticas tradicionales.
@JuLiOCuRY@FaustoJaquezH Coincido plenamente con @JuLiOCuRY .
El reconocimiento real no se construye desde el ataque ni la polémica, sino desde la trayectoria, el respeto y la coherencia.
Quienes conocemos el trasfondo sabemos distinguir entre ruido y credibilidad.
Esta crisis puede reescribir el mapa energético y geopolítico de Oriente Medio para una generación, provocar una sacudida económica mundial y cambiar cómo se percibe el uso de la fuerza en el orden internacional. Lo más probable a corto plazo es subida fuerte de precios de la energía + inestabilidad regional, con riesgo alto de escalada si Irán cierra Ormuz o involucra más a sus aliados.
@DARIANVARGAS_A@luisabinader Yo casi llamo a mi amigo Jesǔs Yunen para decirle que me ofrecía a conducirte la JIPETA mientras él cargana el maletín. Tremenda desepción sufrí cuando seguí leyendo. 🤗
Esto significa que el gobierno de EE. UU. está dictando o influyendo en la política interna venezolana, incluso por encima de lo que establece la propia Constitución de Venezuela.
Entonces:
Por lo tanto:
Trump no está apoyando un proceso democrático tradicional en Venezuela.
Está imponiendo un control político y económico, posponiendo elecciones y manteniendo una influencia directa sobre quién gobierna y cómo se administra el país.
La aceptación de Delcy Rodríguez como presidenta depende más de su colaboración con EE. UU. que de una elección popular o consenso dentro de Venezuela.
En conclusión: Este escenario plantea fuertes debates sobre soberanía, legalidad constitucional y la influencia directa de EE. UU. en la política venezolana, al posponerse elecciones y priorizar el control y la recuperación del sector petrolero.
@jorgesuberoisa@luisabinader Quiero felicitar de manera muy especial al Dr. Jorge Subero Isa por su designación como Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo. Este nombramiento reconoce una vida dedicada al derecho y al servicio público. Mis mejores deseos en esta nueva etapa de grandes responsabilidades.
Que desde afuera se diga que María Corina “no tiene el respeto para liderar Venezuela” revela algo más del momento político que de ella.
El respeto no lo concede ningún líder extranjero.
El respeto se construye con ciudadanía movilizada, votos, riesgo personal y coherencia en la lucha democrática.
Hoy el poder de facto controla instituciones y armas; por eso algunos actores internacionales miran hacia allí.
Pero el respeto político profundo nace de otra parte: del respaldo social que no se compra ni se decreta.
Venezuela no necesita tutores que decidan quién “merece” liderarla.
Necesita elecciones libres para que sea el pueblo el que hable.
La legitimidad no se exporta.
Se gana en casa.
Que desde afuera se diga que María Corina “no tiene el respeto para liderar Venezuela” revela algo más del momento político que de ella.
El respeto no lo concede ningún líder extranjero.
El respeto se construye con ciudadanía movilizada, votos, riesgo personal y coherencia en la lucha democrática.
Hoy el poder de facto controla instituciones y armas; por eso algunos actores internacionales miran hacia allí.
Pero el respeto político profundo nace de otra parte: del respaldo social que no se compra ni se decreta.
Venezuela no necesita tutores que decidan quién “merece” liderarla.
Necesita elecciones libres para que sea el pueblo el que hable.
La legitimidad no se exporta.
Se gana en casa.
Hoy la interlocución internacional se centra en quienes controlan el aparato del Estado.
Es una realidad política: el poder operativo sigue en manos del chavismo.
Sin embargo, la transición no se define solo por quien ocupa momentáneamente esas sillas, sino por la correlación de fuerzas sociales y la legitimidad democrática que ya se expresó en el país.
Venezuela vive una etapa en la que se intenta evitar el colapso institucional y el desorden, pero el desenlace dependerá de algo más profundo:
la presión cívica, la organización ciudadana y el liderazgo democrático que hoy encarna María Corina.
El poder administra el presente.
La ciudadanía organizada definirá el futuro.
María Corina tiene lo que el poder no soporta: legitimidad y respaldo ciudadano.
Hoy se conversa con quienes controlan la fuerza para evitar el caos, pero eso no borra su liderazgo: lo pospone.
Las transiciones son así: primero se contiene la violencia… y luego se abre paso la voluntad popular.
María Corina no está fuera: está esperando su momento.
La transición en Venezuela no se define por la moral, sino por quién controla el poder real. Por eso hoy se habla con quienes manejan fuerzas, territorio y decisión inmediata. La legitimidad civil llegará después: primero se evita el caos, luego se ordena el poder y, al final, se legitima en las urnas.
“Quiero dejar algo absolutamente claro: este no es el Estados Unidos en el que crecí. Me niego a permitir que nadie, identificado o no, viole mis derechos o me arrebate mi dignidad”. Exclusiva: Mujer estadounidense detenida a la fuerza x ICE https://t.co/VE6fY1HoQn
The End of Consensus and the Birth of Cities as the New Political Conscience
Yesterday, New York woke up different. Not because the sky had changed color, nor because the city’s avenues stopped roaring, but because power, for a moment, seemed to utter a word it had forgotten: we.
Zohran Mamdani��s victory does not belong to the inventory of routine politics; it vibrates at a deeper frequency—the kind that signals a society no longer searching for leaders but for language. His triumph is less a celebration than a confession: that a city has decided to stop waiting for Washington or for the consensus that no longer exists.
For decades, American politics lived off the myth of the center—that gray zone where reason supposedly resided, where differences could be softened, where pragmatism was a virtue. But consensus died quietly, without a funeral. It drowned in inequality, in cynicism, in the distance between Wall Street’s numbers and the streets of Queens. It died the day citizens stopped seeing institutions as interlocutors and began seeing them as walls.
Mamdani’s election is not the victory of a progressive over a conservative, nor of one ideology over another. It is the rise of a generation unwilling to keep playing on a board designed by others. Politics today is not measured in votes but in the thresholds of patience each society is still willing to endure. New York—with its chaos, its mix of pain and ambition—finally said “enough.” And in doing so, it revealed what has been quietly happening across the planet: cities are becoming the new nations.
New York did not simply elect a mayor; it elected a laboratory.
It chose to believe that there is still room to try something different.
The rest of the world may reject it, imitate it, or ignore it but it cannot claim it wasn’t warned. History doesn’t always move from palaces; sometimes it begins on a street corner, where someone decides that hope is still worth the risk.
Perhaps years from now, when we look back, we won’t remember the speeches or the statistics of this election, but the moment when a city looked at itself in the mirror and saw, beneath the exhaustion, that it was still alive.
And we will understand that the end of consensus was not the end of politics but its rebirth from the ruins.
Es el fin del consenso y el nacimiento de las ciudades como nueva conciencia política
Ayer, Nueva York amaneció distinta. No porque el cielo cambiara de color ni porque las avenidas dejaran de rugir, sino porque el poder, por un instante, pareció pronunciar una palabra que había olvidado: “nosotros”.
La victoria de Zohran Mamdani no pertenece al inventario rutinario de la política, sino a una vibración más profunda: la de una sociedad que ya no busca líderes, sino lenguajes. En su triunfo hay menos celebración que confesión: la de una ciudad que decidió no esperar más a Washington, ni al consenso que dejó de existir.
Durante décadas, la política norteamericana vivió del mito del centro. De esa zona gris donde se decía que la sensatez habitaba, donde las diferencias podían limarse, donde el pragmatismo era virtud. Pero el consenso murió sin funeral. Murió ahogado en la desigualdad, en el cinismo, en la distancia entre las cifras de Wall Street y las calles de Queens. Murió el día en que la gente dejó de creer que las instituciones eran interlocutores, y comenzaron a verlas como murallas.
La elección de Mamdani no es la de un progresista contra un conservador, ni la de un ideal contra otro. Es la de una generación que ya no quiere jugar dentro de un tablero diseñado por otros. La política de hoy no se mide por los votos, sino por los umbrales de paciencia que cada sociedad está dispuesta a tolerar. Nueva York, con su caos, su mezcolanza, su dolor y su ambición, dijo basta.
Y al hacerlo, reveló algo que ya sucede en silencio en todo el mundo: las ciudades se están convirtiendo en los nuevos países.
En un planeta donde los Estados nacionales parecen cada vez más torpes y más lentos, las urbes asumen un papel que trasciende la administración: son laboratorios morales. Desde Barcelona hasta Medellín, desde Berlín hasta Montevideo, los alcaldes son más visibles que los presidentes, los presupuestos municipales más innovadores que los congresos, las políticas urbanas más humanas que los discursos nacionales.
La ciudad ha dejado de ser el escenario: se ha convertido en protagonista.
En ese contexto, Nueva York se ofrece como símbolo y espejo. Allí convergen las contradicciones más agudas de la modernidad: riqueza obscena y pobreza estructural, libertad desbordada y soledad masiva, inmigración celebrada y criminalizada a la vez. Si una ciudad así elige a alguien como Mamdani joven, idealista, de raíces migrantes, desafiante ante los poderes, no es un accidente: es un mensaje global.
El mensaje de que la política nacional, atrapada entre lobbies, algoritmos y guerras culturales, ya no basta para sostener la fe pública.
El viejo consenso decía que gobernar era negociar. El nuevo tiempo sugiere que gobernar será escuchar. Escuchar al que no encaja, al que no vota, al que ni siquiera cree que votar sirva. Las ciudades se están convirtiendo en espacios de redención política porque aún conservan algo que los estados perdieron: la cercanía.
Uno puede no saber quién es su senador, pero conoce el bache de su calle.
Y allí, en esa inmediatez, el poder recupera su sentido.
Mamdani no representa una ideología, sino un experimento. Puede un gobierno urbano ser el modelo de una nueva ética pública? Puede una ciudad global funcionar como microcosmos de justicia en un sistema global regido por la desigualdad?
Si lo logra, Nueva York se convertirá no solo en un ejemplo político, sino en una tesis viva sobre la reinvención del poder.
Si fracasa, su intento servirá al menos como evidencia de que la democracia aún busca su forma.
Mientras tanto, el mundo observa.
Europa intenta equilibrar su bienestar con su miedo a perderlo; América Latina vuelve a debatirse entre reformas y refundaciones; Asia experimenta una modernidad sin alma y África busca voz propia en la era digital. En todos esos lugares, el hilo es el mismo: el desencanto con las estructuras que ya no responden, el cansancio con los líderes que administran crisis en vez de sueños.
We don’t blow up boats off Miami because 25% of the time suspicion is wrong.
We shouldn’t do it off Venezuela either. These are small outboards with no fentanyl and no path to Florida.
We can’t just kill indiscriminately because we are not at war. It’s summary execution!
Everyone gets a trial because sometimes, the system gets it wrong. Even the worst of the worst in our country get due process.
The bottom line is that execution without process is not justice, and blowing up foreign ships is a recipe for chaos.