“Quebrada La Hueso, Medellín” Las quebradas canalizadas fluyen a veces mansas, a veces desbordadas recordando con el paso agresivo, por fuera del cauce impuesto, su presencia domesticada
Te condeno a morir eternamente en tu instante perpetuo,
fantasma de papel,
imagen fiel a nada,
rostro de ti que no verás tú nunca,
plantado en mi consciencia con raíces de cuarzo,
quemándote en la hoguera sin tregua del deseo.
Le tomo fotografías a lo que no puedo poseer.
James Clifford
Brujerías.
Piedad Bonnett
(…)
Tampoco ahora que te hago prisionero de mi vista
puedo entrar a vivir en tu universo
ciego para mis ojos, y lejano.
11 and 8-year old PRODIGY SISTERS played Vivaldi Winter with me on the violin in Rome airport! They were SO CUTE AND AMAZING.. the whole airport loved it 😍.
Carolina Calle es una periodista poco convencional: su trabajo es vital, aunque su prioridad no es la inmediatez, ni el contraste de fuentes, ni las amplias audiencias: Carolina hace periodismo al servicio del amor.
Para escribir cartas por encargo debe entrevistar y escuchar con atención, y al final siempre debe hacer una pregunta: ¿para dónde va la carta?
Una vez escribió una carta urgente que tenía destino, pero no dirección. No hubo empresa de envíos que se atreviera a llevar el mensaje entre dos mujeres que llevaban largo tiempo incomunicadas, entonces Carolina lo hizo.
Te invitamos a leer Crónica en busca de una señal de vida, que es parte de #CambiaLaHistoria, un proyecto de la DW Akademie y Alharaca:
https://t.co/vHy3Fj8S1g
Los esperamos en Invitados al solar con Feo como un daguerrotipo, una conversación para retar lo que pensamos sobre archivos fotográficos y la memoria visual de Medellín, a cargo de Juan Fernando Ospina, fotógrafo y director de @UniversoCentro, y el escritor Esteban Duperly.
En la frase : tiene que pasar mucha agua debajo del puente, hay implícitas un montón de sabaletas, sardinas, capitancitos, cuchas, jetudos, nicuritos, mojarras y gupys, dejándose llevar sin más preocupaciones por la corriente.
He sido una mujer muy triste, realmente muy triste y lo único que sé hacer es trabajar ¿pero saben también hice durante todo este tiempo?
Yo pinté y pinté y pinté y bordé y lloré mientras pintaba, mientras la música me daba pa comer, la pintura me salvaba de toda la mierda que tuve que pasar.
Fui a un museo por primera vez en México a los 30 años, antes de eso no conocía nada de ese mundo, yo lo veía lejos, sentía que no pertenecía.
Tengo 8 discos publicados, mas de mil obras como artista plástica, pero hasta el día de hoy me siento como una intrusa. Es verdad que hoy tengo un lugar privilegiado, me volví una burguesa, una nueva rica y sé que no pertenezco y nunca voy a pertenecer porque yo siempre voy a ser una flaite y ahora una flaite famosa.
Entonces pienso, yo jamás podría haberme formado en ese cola imaginaria porque antes de mí estaban los académicos, los que sí saben pintar ¿y saben? yo les encuentro razón de todo lo que dicen de mí, yo a veces dudo y dudo de todo lo que hago, aveces pienso que todo mi arte es una mierda, y no solo dudo como artista, dudo de mí también como mamá, dudo de todo
porque siempre me dijeron que no valía y yo me la creí.
Pero avanzo igual, porque lo único que sé hacer es trabajar y amar, amar el arte como lo único que me ha salvado la vida. Y ese miedo que me dice que no soy suficiente, ese casi siempre viene empujado por el ego, y ese a mí no me la va ganar.
Yo no tengo nada que perder, todo para mí ha sido ganancia porque yo le gané a la vida.
Quiero que sepan que con humildad comparto mi arte, lo hago con el respeto que merece mi oficio.
No soy mejor que nadie, el arte es subjetivo dicen, pero todo lo que yo hago me sale de los ovarios, de lo más primitivo. Yo soy un animal, una tora, una yegua como Lemebel. Siéntate en el piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, decía la Violeta.
Yo no ando queriendo ocupar el espacio de nadie, pero tampoco voy a andar disculpándome por ocupar el mio.
Aquí tienen mi historia y ¿saben qué? si esto se trata de meritocracia, entonces yo me lo merezco todo.
Qué tranquilidad la certeza de que todos los días hay una hora, antes de que aparezca el sol, en la que la temperatura es más baja, el aire parece más limpio, la ciudad tiene el nivel de sonido apropiado y yo, aún, puedo despertar de forma natural para sentirlo.
Gracias por convertirme en estatua de oro, Midas. Ahora necesito sumergirme en el río Pactolo, de nuevo humana, completa y llena de hermosas cicatrices que brillan al sol.