“No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al gobierno de las manos, la cosa es que no podemos quitárselo violentamente, lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan detener” FA Hayek
#bitcoin#liberalismo#libertario
@GoVoltron1@GeeksGamersCom It’s disgraceful how they turned Princess Leia from the fierce, battle-hardened character she was into a Mary Poppins-like grandmother.
Se lo hubieras dicho a Mahsa Amini, @DiegoRuzarin , antes de que la mataran por “llevar mal” el hiyab; le hubieras explicado tu teoría de que ahí las mujeres tienen más derechos. Por si no recuerdas que la detuvo la policía de la moral por cómo iba vestida y salió muerta bajo custodia del Estado. Eso es lo que estás defendiendo cuando le lavas la cara al régimen de los ayatolás: un sistema donde una mujer puede ser arrestada por su ropa y no volver viva. Qué defensa tan miserable, servil y descarada de un pseudo intelectual que, desde la comodidad de su sillón, se pone a justificar y romantizar la opresión que otros sí están viviendo.
Eduardo Verástegui, el discípulo del mayor depredador sexual de menores de la Iglesia, Marcial Maciel, está en esta vida para transmitir la Verdad. O al menos es lo que cree.
Primero dejemos afuera a Hayek y Mises, de los que no sabe nada, porque si no nos perdemos sus gruesos errores lógicos, conceptuales, morales y políticos, que son la gran cuestión acá. Lo de Verástegui no es una mera y nada sorprendente declaración contra el liberalismo subordinado a su fascismo de opereta. Esos ni siquiera merecerían defensa, están ahí para ser usados y llevarse algún botín si es que sus amos los quieren premiar con un huesito por la indigna tarea que han hecho de contaminación y traición.
Despejado esto, el tipo de cristianismo integrista medieval que el discípulo de Maciel propone está motivado por la necesidad de su versión de la Iglesia de escapar de la modernidad. En la modernidad no hay tal cosa como Verdad, con mayúscula ni autoridad que la dicte. No, no tienen con esto un mero problema religioso, es que esa ausencia hace que haya tribunales, periodistas, escritores independientes, investigadores. Y semejante mundo de pecado ha descubierto a sus macieles por todos lados. Tanta verdad con minúscula nos ha hecho enterar del enorme aparato encubridor de vejaciones y depravaciones que esconde el aparato puritano del sexo en el que el propio Verástegui está escondido.
Pero me disculpo por anticipado del párrafo anterior, porque si, reconozco que esta vez es una falacia ad hominem. Es decir, toda la motivación y el plan de la ultra derecha neoclerical podría ser real, de hecho lo es, y aún así el argumento que expone acá Verástegui podria subsistir. Así que, hecha la digresión voy a eso.
Verástegui denuncia a los que estuvieron sirviendo a su banda en los últimos años, los "hermanos católicos con inclinación libertaria”. Les parece que son demasiado liberales pese a llevar una década militando en el nuevo fascismo. El dice, como ellos en realidad, que no tiene tanto problema con el mercado, porque, tambien como ellos, piensa que el mercado es algo separado de la libertad en sí. Su problema es cuando se habla de libertad libre. Perdón pero la redundancia pero esta gente la ha hecho necesaria. La libertad, sentencia desde su pedestal virginal, debe estar “ordenada a la verdad y el bien común”. Y esa verdad, naturalmente, no la define ningún economista. La define, se sobreentiende, alguien como Verástegui.
Esto no es un argumento. Es una petición de principio, la asunción como verdadera, de entrada, de la conclusión que se intenta demostrar. Ahí naufragó la filípica de Verástegui.
¿Cual es la verdad? Todas las bibliotecas del mundo están alimentadas de la discusión sobre la verdad, las verdades, las explicaciones sobre las verdades, el descubrimiento de los errores sobre las verdades, las peleas por las verdades y las guerras por las verdades. También las guerras, las matanzas, las torturas y otros crímenes cometidos por verdades en conflicto. Y el profeta de la verdad a la que dice servir nos informó que el justo peca setenta veces siete. Verástegui y su versión de la verdad, en cambio está iluminado y nos puede decir en qué no podemos pensar.
No intenta siquiera demostrar cuál es la verdad, ni mucho menos expone cual es el mecanismo para alcanzarla ni el que se debe seguir cuando hay error. Ah, es que no hay error. Pero ¿si esto es un error? El lector que asiente está aceptando no un argumento sino una estructura de autoridad: hay alguien que sabe la verdad, y ese alguien tiene derecho a limitar tu libertad en su nombre.
Ese movimiento no es filosófico, no es religioso, ni siquiera es ya católico. Es político. Y tiene una historia larga y bastante sangrienta. La idea de que la libertad debe ceder ante una verdad superior administrada por la Iglesia no es nueva. Es, de hecho, el argumento más repetido de la historia del clericalismo occidental. Conviene repasar algunos de sus usos anteriores para entender adónde conduce.
Se usó para justificar la esclavitud. Durante siglos, la doctrina oficial toleró y a veces bendijo la esclavitud como parte del orden natural. El Papa Nicolás V, en la bula Dum Diversas de 1452, autorizó explícitamente a Portugal a reducir a esclavitud perpetua a los pueblos africanos no cristianos. La "verdad sobre el hombre" de entonces incluía jerarquías raciales que hoy nadie en su sano juicio defendería. Fueron los argumentos de la ilustración sobre la dignidad universal, los mismos que el integrismo desprecia, los que terminaron con esa institución.
Se usó para mantener a la mujer fuera de la vida pública. La subordinación femenina fue durante siglos presentada como parte del orden natural y moral. No como una convención histórica sino como una verdad antropológica. Las mujeres que reclamaron derechos civiles, educación, voto, fueron acusadas de ir contra ese orden. La Iglesia institucional resistió esos cambios durante décadas. Hoy ningún católico razonable sostiene que la mujer no debe votar o estudiar.
Se usó, con particular virulencia, contra la libertad religiosa. Durante siglos, la posición oficial de la Iglesia fue que “el error” no tiene derechos. Los no católicos no merecían protección jurídica igual porque sostenían posiciones falsas. El Syllabus de Pío IX (1864) condenó explícitamente la idea de que "el hombre es libre de abrazar y profesar la religión que, guiado por la luz de la razón, juzgare verdadera." Eso era, para la Roma de entonces, un error condenable. Y, por supuesto, el error siempre fue lo que dijeron que era error ellos mientras cometían esos crímenes.
Sin embargo lo de Verástegui ademas es ya falso catolicismo. En 1965, el Concilio Vaticano II aprobó la declaración Dignitatis Humanae, que reconoció explícitamente el derecho a la libertad religiosa como derecho natural de la persona humana, independientemente de si esa persona elige la verdad o el error. El texto es inequívoco: "la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa," y ese derecho "ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad." No como tolerancia benévola. Como derecho.
Cuando Verástegui habla "en nombre del catolicismo" ignorando el Vaticano II, no está siendo más católico que el Papa. Está siendo, en términos precisos, un disidente. El integrismo que rechaza los documentos conciliares no es una versión más estricta del catolicismo: es una versión cismática que se niega a aceptar el magisterio que no le gusta.
Verástegui es discípulo confeso de Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo. Maciel fue uno de los depredadores sexuales más protegidos de la historia reciente de la Iglesia: abusó durante décadas de seminaristas, tuvo hijos con al menos dos mujeres a quienes mantuvo con dinero de la congregación, y construyó una estructura de poder basada en la lealtad ciega y el silencio. El Vaticano, bajo Benedicto XVI, finalmente lo condenó en 2006 a "una vida de oración y penitencia," sin proceso canónico formal, porque las pruebas eran tan abrumadoras que el escándalo de un juicio público era inmanejable.
¿En manos de esa gente quieren poner a la Verdad? Fuerzas “oscuras” como el periodismo, el que ellos no odian suficiente, y los tribunales, producto de ese liberalismo secularista y pecador, los descubrión. Perdón Verástegui, creo que la verdad es el peor enemigo que ustedes tienen.
Los Legionarios de Cristo fueron la máquina institucional de la administración de la verdad que hizo posible todo eso. Maciel construyó una cultura de obediencia absoluta al superior, de sospecha hacia la conciencia individual, de control total sobre la vida de sus miembros. Exactamente la estructura que se produce cuando "la verdad" es administrada y la libertad sospechosa.
Verástegui nos advierte sobre los peligros de la libertad sin verdad. Pero creció espiritualmente en una institución donde la "verdad" fue usada durante décadas para encubrir crímenes.
Hay otro elemento que merece atención. Verástegui y el integrismo católico que representa han encontrado aliados cómodos en figuras del liberalismo populista latinoamericano: Milei en Argentina, Bolsonaro en Brasil, Vox en España.
Milei, que dice venerar a Mises y Hayek, comparte escenario y afecto con sectores que quieren subordinar la libertad a una verdad religiosa. Ahora están peleaditos con Laje y Marquez pero Verástegui promueve a la versión más integrista de Villarruel. Esto es solo una interna, no hay entre ellos cuestiones morales. El clericalismo integrista e hipócrita encuentra en el caos populista un hogar conveniente, y el populista encuentra en el clérigo una fuente de legitimidad moral que su propio comportamiento no podría generar. Los de la libertad de pacotilla quieren una bendición para sus negocios y los del negocio de la verdad quieren permanecer como los dueños de las reglas.
Lo más inquietante de todo esto no es Verástegui en particular. Es el fenómeno que representa. El integrismo católico, que parecía una corriente marginal y en retirada después del Vaticano II, ha recuperado protagonismo en el siglo XXI con una energía que desconcierta.
Y lo que más debe preocupar no es que existan. Siempre existieron. Lo perturbador es que hayan encontrado, con las vergonzosas colaboraciones que vengo denunciando desde hace una decada, el modo de presentarse como resistencia cuando son exactamente poder amoral sin control, verdad sin prueba, autoridad sin rendición de cuentas, con sótanos, que reaccionan para tapar su caja de Pandora. En el siglo XIX eso requería ejércitos y concordatos. Hoy alcanza con una cuenta de X verificada y el tono correcto de quien ya llegó a la verdad y te la comparte, generosamente, antes de quitarte la libertad.
Dices que ningún economista es autoridad última en lo moral…supongo que tú, un actor de segundo pelo, sin formación económica, ni filosófica, ni de ningún tipo, tuvieras la autoridad para definir esa “verdad sobre el hombre” desde una superioridad moral que nadie te dio.
Al parecer no entendiste ni a Mises ni a Hayek (si es que los leíste). Ninguno “reduce al hombre” a la economía. Ese muñeco de paja te lo inventas porque no puedes refutar lo que realmente dicen: que sin libertad económica, las demás libertades no se sostienen en la práctica.
Hablas de “verdad” y “bien común” (los comodines favoritos del socialismo, el fascismo y todo totalitarismo) como si fueran conceptos mágicos, sin decir quién los define. Al final siempre emerge el mismo perfil: un demagogo con ínfulas de dictador, convencido de que puede decidir cuál es el “bien común”, arrogándose esa “verdad superior” y concluyendo que los demás necesitan menos libertad “por su propio bien”. Por suerte tú no tienes oportunidad de llegar ni a la esquina.
Y no, el mercado no es un fin moral. Es un mecanismo donde la gente decide en libertad, sin pedirte permiso a ti ni a nadie. Aunque te incomode.
Pero bueno, siempre es más fácil hablar de una “visión más profunda del hombre” que aceptar algo más simple: no te corresponde decidir cómo deben vivir los demás.
Para mis hermanos católicos con inclinación libertaria, les comparto esta reflexión:
Sé que para muchos de ustedes Ludwig von Mises y Friedrich Hayek son referentes importantes.
Y pueden serlo en el plano económico.
Pero conviene recordar algo esencial:
ningún economista es la autoridad última para un católico.
Sus aportaciones pueden ser valiosas, sí,
pero no definen el orden moral.
Reducir al ser humano únicamente a la libertad económica es una visión incompleta de la persona.
La historia lo demuestra con claridad:
quitar libertades económicas puede oprimir,
pero absolutizar la libertad sin verdad también conduce al desorden.
La doctrina católica ha enseñado siempre algo más profundo:
La libertad debe estar ordenada a la verdad y al bien común.
El mercado no es un fin en sí mismo.
La economía debe estar al servicio de la persona, no al revés.
Se puede leer a Mises y a Hayek,
aprender de ellos, incluso coincidir en algunos diagnósticos…
pero sin olvidar que, por encima de cualquier teoría económica,
está la verdad sobre el hombre.
Y esa… no la define ningún economista.
¿Se puede estar con la libertad económica pero contra la moral/cultural? Es incoherente, pero se puede. Lo que no se puede es llamar a eso liberalismo. Es conservadurismo político y es el enemigo, igual que la izquierda. Un liberal ni se alía ni se hibrida con ese monstruo.
Supermán existe porque fue creado como personaje de ficción. Así que sí, como Superman, ni más ni menos Dios existe. Al igual que Supermán no sale de la historieta, no vuela fuera de la historieta ni tiene otros superpoderes fuera del ámbito de su creación.
Lo que existe es el espíritu heroico del ser humano que se celebra en la ficción, por gente que fuera no suele estar a la altura, así como el afán humano de trascender por sus acciones que se manifiesta en su arte, en su literatura.
Pero Supermán, a diferencia de Dios, no ha sido nunca instrumentalizado por sus fans para hacer el mal. No se les ocurriría.
No seas pendejo: a lo que está haciendo alusión es a lo que pasa hoy con el ICE, que persigue migrantes y trata a personas como delincuentes por su origen, no por haber cometido un delito: detenciones sin debido proceso, redadas, familias separadas, centros de detención con condiciones inhumanas. Eso es lo que se está criticando, no la casa de nadie.
Salir con “ah pero ella tiene una mansión” solo refleja lo limitado que eres.