Mi esposa puede estar un día vestida de gala, al día siguiente formal y al siguiente con uniforme de laboratorio. Ella siempre tan hermosa como versátil.
Tu voz, tu siempre dulce voz, convierte cada palabra dicha en poesía. Tu acento, tan singular, te hace extraña en tu tierra y me hace extraño en la mía... Escucharte llegar es transportarme a un mundo de fantasía.
El fulgor de la ciudad se alzaba desde el fondo del valle, su mirada ya no parecía perdida, sus labios, tersos, brillando más que las tenues luces que reflejaban, se preparaban para una declaración, y antes de tan siquiera terminar uno de sus dulces versos, fui yo quien la besó…
Y desde entonces, cada 15 de septiembre, ya sea en las faldas del Sagoatoa, en las pampas de Pilo, a las afueras de Keflavik o en las riberas del Guayas, revivimos ese beso, sutil, pero primerísimo, aquel que es inolvidable… 5 años❤️