Pregunta honesta: Cómo llegarán las cisternas con gasolina a las estaciones de servicio si quienes están esperando esas provisiones bloquean los accesos? (Use una sola neurona para responder)
Todos a La Paz
Hay una escena que se repite con una regularidad casi cómica. Llega un paceño a Santa Cruz, mira a su alrededor, respira hondo y suelta, con una mezcla de asombro y envidia sana: "¡Qué tranquilo se vive acá!". No hay bloqueos, no hay vandalismo, no hay desabastecimiento. Las tiendas abiertas, las calles transitables, la ciudad funcionando. Para alguien que viene de una urbe permanentemente asediada por conflictos, Santa Cruz luce como un paraíso. Lo que ese visitante no termina de ver es por qué.
La Paz sufre dos males crónicos que se retroalimentan y se profundizan mutuamente: el estatismo y el centralismo. La Paz concentra todo: poder, presupuesto, instituciones, prebendas. Hacia allá marchan los sindicatos a exigir, los cooperativistas a negociar, las mafias políticas a repartirse el botín. La Paz es el gran mercado de favores del Estado boliviano. Y ese modelo, que alguna vez pareció sostenible gracias a los ingresos del gas, hoy está seco.
Lo paradójico es que todos van a La Paz y los propios paceños se van quedando sin nada, pues ni siquiera son autosuficientes. Algunos se ufanan de la minería, pero esa es una herencia maldita que nunca fue base sino muleta. Trajo divisas, pero también mafias sindicales, contaminación y una dependencia enfermiza de los precios internacionales. El gas hizo lo mismo a mayor escala. Mientras duró la bonanza, el Estado distribuía y la gente pedía. Ahora que se acabó, no queda estructura productiva que sostenga el andamiaje. Solo queda el hábito de pedir.
Y ahí está el nudo trágico: el 90% de los paceños que rechaza los bloqueos, que está harto de los conflictos, que admira la paz cruceña, es parte involuntaria del mismo sistema que los destruye. Viven del empleo público, del subsidio, del contrato estatal. No por vicio, sino porque el centralismo nunca construyó otra opción.
Santa Cruz funciona por una razón opuesta y simple: el Estado brilla por su ausencia. A Santa Cruz no se viene a pedir; se viene a aportar. El que llega trae capital, talento, trabajo o los tres. No hay bono que repartir ni cargo que asignar. Hay tierra que cultivar, mercado que conquistar y competencia que enfrentar. Eso aleja a los que viven del conflicto como herramienta de negociación —los bloqueos no funcionan donde no hay nada que extorsionar— y atrae a los que entienden que la única prebenda real es la oportunidad.
La lógica parece macabra: cada crisis que paraliza al occidente del país termina beneficiando a Santa Cruz. Cada bloqueo que corta rutas empuja a buscar nuevos mercados, a exportar lo que antes se vendía internamente, a innovar por necesidad. La maquinaria cruceña no se detiene; se adapta.
La Paz no tendrá paz mientras siga siendo el destino de todos los que van a pedir y el origen de todos los que quieren mandar. El centralismo no es solo un modelo económico fallido; es una cultura política que convierte a la ciudad en rehén de sus propios habitantes.
Mientras no se descentralice el poder y se desmonte el estatismo, el ciclo se repetirá: bloqueo, negociación, prebenda, nuevo bloqueo.
La Paz no tendrá paz mientras siga siendo el destino de todos los que van a pedir y el origen de todos los que quieren mandar. El centralismo no es solo un modelo económico fallido; es una cultura política que convierte a la ciudad en rehén de sus propios habitantes.
Editorial del periódico El Día de Santa Cruz de la Sierra, 21 de mayo de 2026
Desde la Psicología Forense. El
perpetrador asfixia estrangulando a la víctima, en intensa expresión de ira y poder, poder e ira. (i.e. Cerco a La Paz de los movimientos sociales).
🟠 #Visión360 l “Vamos a ser una minoría creativa”
Los concejales electos de Venceremos, Fabián Yaksic y Casimira Lema, sostuvieron que su bancada será una “minoría creativa” al interior del Concejo Municipal.
#LaPaz#GobiernoMunicipal
COMER EN GALICIA
(Dedicado a todos los que saben reir)
Comer en Galicia no es alimentarse.
Comer en Galicia es un acto de fe.
Tú no comes porque tengas hambre… comes porque alguien te dijo “proba isto” y ya no hay vuelta atrás.
En Galicia no existe el concepto de “un poquito”.
Aquí dices:
—“No, yo poco.”
Y te ponen un plato que pesa más que tu pasado.
Tú vienes con educación, con modales de ciudad:
—“No, gracias, ya he comido.”
Y la señora gallega te mira como si acabaras de insultar a su linaje y responde:
—“Come, que estás fraco.”
¡FRACO!
Mido 1,80, peso 85 kilos…
pero aquí, si no ruedas, estás desnutrido.
Y luego está el tema de las comidas “ligeras”.
En Galicia una comida ligera es:
caldo
empanada
pulpo
carne
postre
café
licor café
Y alguien dice:
—“Nada, comimos pouco.”
¿POCO?
Si al levantarte de la mesa te despides de la familia por si no vuelves.
Y el marisco…
El marisco en Galicia no se come, se lucha.
Tú contra la nécora,
la nécora contra ti,
y al final pierden la camisa, la dignidad y el mantel.
Sales del restaurante oliendo a percebe,
con las manos como si hubieras cometido un crimen
y feliz…
extrañamente feliz.
Y ojo con decir que no te gusta algo.
No puedes decir:
—“No me gusta el pulpo.”
Eso aquí no es una opinión,
es una provocación.
Te dicen:
—“Este no, prueba este otro.”
—“No, si no me gusta…”
—“CALA Y COME.”
Y comes.
Y te gusta.
Y te odias un poco por haber dudado.
Y hablemos del “picar algo”.
La frase más peligrosa del idioma español.
—“Vamos a picar algo.”
Sí, claro…
y acabas comiendo empanada, queso, chorizo, pan,
más pan,
pan para el pan
y alguien diciendo:
—“Esto estaba ahí.”
¿AHÍ DÓNDE?
¿En un universo paralelo?
Y el pan…
El pan en Galicia no acompaña.
El pan participa.
Si no usas pan, alguien se preocupa:
—“¿No te gusta?”
El pan sirve para empujar, limpiar, recoger, rematar
y dejar el plato más brillante que cuando lo compraron.
Porque aquí dejar salsa es pecado mortal.
Y luego está el postre.
Tú dices:
—“No, postre no.”
Error.
En Galicia el postre no se pide,
se impone.
—“¿Tarta o filloas?”
—“No, nada.”
—“Pues las dos.”
Y cuando ya no puedes respirar,
cuando tu cuerpo pide auxilio,
llega el café.
Pero no un café.
El café.
Que viene con:
—“¿Un chupito?”
—“No, gracias.”
—“Va, uno.”
Y de repente llevas tres licores dentro
y estás hablando de política, del tiempo
y de un primo que no conoces
pero al que ya quieres.
Porque comer en Galicia no va de comida.
Va de sentarte,
de quedarte más de la cuenta,
de salir diciendo:
—“No puedo más…”
mientras te guardan algo
“por si luego tienes hambre”.
En Galicia no se pasa hambre.
Se pasa exceso de cariño.
Y colesterol…
pero sobre todo cariño. ❤️
"Jamás contradicen a sus jefes y les jalean hasta los bostezos, pues saben que hasta un silencio prudente es más peligroso para sobrevivir que el aplauso desaforado y entusiasta. Por eso no se trata sólo de aplaudir, sino de que los vean hacerlo".
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Tú SÍ entiendes por qué TelePedro y los medios de izquierdas no hablan de Irán, pero NO acabas de entender por qué en Antena 3 también censuran el tema iraní.
Estamos ante uno de los acontecimientos históricos más importantes del siglo: una revolución en directo.
Y la están ocultando.
Déjame que te explique por qué lo hacen.
Creo que en Antena 3 no quieren que les acusen de islamófobos. Pero, me dirás tú, ¡nadie va a llamar islamófobo al pueblo de Irán por haberse alzado en armas contra sus opresores!
Entonces...
¿Por qué?
El punto de inflexión del dilema llega el 7 de octubre de 2023.
A a partir de aquel momento, desde la izquierda brilli-brilli y desde presuntos defensores de los derechos humanos (véase Greta Thunberg, la flotilla maravilla y sus amigos) insistieron en que Israel estaba respondiendo de forma desproporcionada a la masacre genocida de Hamás y que estaba cometiendo un “genocidio” aún mayor en Gaza.
Todo el mundo compró el relato.
Los medios en España y en todo el mundo tienen un sesgo con Irán, o directamente un punto ciego.
Con Irán no podemos meternos porque seríamos islamófobos. Pero tampoco con sus proxies, con sus aliados.
Entre ellos se incluyen Irak, Siria, Líbano, Cisjordania, Yemen y Gaza, y respectivamente: Kataib Hezbollah, la Yihad Islámica Palestina, Hezbollah, los hutíes y… Hamás.
Cuando se ha apoyado a Hamás, se estaba apoyando a Irán.
Todos los que compraron el relato del presunto genocidio en Gaza estaban apoyando a Irán.
Y por eso ignoran el levantamiento iraní: porque perjudica al régimen islámico de Irán.
Al informar sobre la guerra en Gaza, la mayoría de los españoles compraron punto por punto el relato de Hamás, lo que viene a ser comprar el relato y los intereses del régimen islámico de Irán.
Los medios tradicionales tienen un punto ciego con Irán porque se han equivocado constantemente.
En 1979 alimentaron la narrativa de los ayatolás y traicionaron al Sha.
Desde Occidente ayudamos a los ayatolás.
Desde Occidente se ignoró al pueblo iraní, que temía por su vida tras la revolución islamista.
Ese punto ciego continúa hoy para proteger los intereses creados de su propia narrativa falsa.
Esta narrativa falsa no se refiere solo a Irán, sino a todo lo que afecta a la República Islámica de Irán.
Han mentido sobre Irán, sobre Gaza y sobre Israel durante décadas.
Y ahora es muy difícil dar la vuelta y reconocer que se habían equivocado.
Que nos habíamos equivocado todos.
Y si crees que tengo razón, hazme un RT.
Algunas personas me han reportado que les aparece bloqueado mi contenido y en particular este nuevo artículo y marcado como spam. No sé por qué sea, puede ser incidental o un intento de shadowban a mi cuenta. En todo caso, espero que muchos puedan leerlo. Voy a ver si puedo subir los artículos a mi página Web, así los pueden consultar y descargar para difusión, si gustan. 🙏