La soledad de Gustavo
Costas llega a la sala de prensa de Racing y se sienta. Su cara está triste. Es 29 de octubre de 2025 y su equipo acaba de quedar eliminado de la semifinal de la Copa Libertadores frente a Flamengo.
“No tengo ganas de hablar. Defraudé a mi gente, disculpen. Les agradezco a los jugadores, dejaron todo, yo los defraudé”. La sala, habitualmente muy iluminada, se nubló de tristeza. Tuve ganas de ir a abrazarlo y pedirle que no afloje, que todo Racing estaba con él.
Pasaron casi 6 meses. Luego del empate frente a Aldosivi la conferencia de prensa de Gustavo Costas mostró otra faceta del entrenador, nunca vista. Su cara parecía en un principio de tristeza, pero al analizar sus palabras la sensación es otra: desamparo. Gustavo se siento solo. Lo abandonaron.
Casi al borde del llanto, en lugar de autoflagelarse eligió ser fiel a lo que siente: no respondió preguntas y prendió fuego el vestuario.
En otras oportunidades había deslizado el tema de la actitud, pero nunca como este domingo. Fue un ataque directo, una mezcla de bronca e impotencia como devolución al poco compromiso que vio en cancha. No se sintió representado. Los mismos jugadores por los que él hubiera dado la vida, lo dejaron tirado en el momento mas delicado desde que está en Racing.
Lo grave de esta situación es el contexto. Gustavo no esta bien desde hace semanas. Las derrotas en los clásicos lo habían dejado en modo anestesiado. Se sumó Botafogo a la hemorragia y la imagen de Costas callado durante la pausa de rehidratación (cuando Racing terminaba de empatar) es un cuadro de situación. En otro momento, Costas hubiera sido un jugador más, alentando, gritando, abrazando a sus dirigidos y metiéndose en la cancha en cada ataque. Pero no, porque en su interior, Costas ya sentía el cambio.
Si vamos para atrás y desde que asumió Diego Milito, el único eslabón que sostuvo todo este proceso fue la unión -a veces desmedida por el fervor- entre Costas y el plantel. La relación entre dirigencia y cuerpo técnico no está bien. La relación entre dirigencia y plantel, menos. Costas había logrado que los jugadores jueguen a muerte por él. Por eso los defendió, como en la conferencia post Flamengo o como el sábado anterior a Aldosivi, en la fiesta de la filial. Los quiere como hijos, vive la vida de ellos, los aconseja como un padre. Pero ahora se siente traicionado. Y no le faltan razones.
Por otro lado, el nivel futbolístico de Racing es absoluta responsabilidad de Costas, eso está claro. Pero no es nuevo. Si vemos a Racing partido tras partido sabemos que Racing no juega bien en general. Y toda esa responsabilidad que tiene Costas por ser el DT está acompañada de una devaluación sistemática y progresiva del plantel que tiene como principal responsable a Diego Milito y su secretaria técnica. De alguna u otra manera, todos condimentaron esta ensalada de quilombos.
Esta dirigencia, hace 4 meses, le puso un contrato de 3 años encima de la mesa a Costas, en un movimiento claramente político. A partir de ahí, no lo defendieron más. ¿Cómo puede ser que no salgan a hablar y a dar la cara por el DT que supuestamente eligieron hasta el final de su mandato? El único que sale, aunque no tenga ganas, es Costas. Y lo hace por respeto al hincha y por amor al club.
Gustavo, con todas sus falencias, funciona como el terraplén para que las aguas no se desborden. La dirigencia, en cambio, va a esperar a que él decida todo: no asumen el riesgo, no se meten en el quilombo, miran desde el palco. Pero sepan que son partícipes: el silencio desgasta.
Por eso, hay que saber leer entre líneas quien es el que vela por el bienestar de Racing. Prefiero al Costas con errores, al que critico por su planteo táctico, a verlo así desolado y abandonado. Hagan autocrítica todos, denle recursos, cáguenlo a pedos si es necesario, pero no lo dejen solo. No se lo merece.
@nic_racing Lo cuestionas a De Paul por lamer calcetines ajenos, y pedis que vuelvan juanfer y salas. Tal vez los 🧦 de Gallardo y Riber te gustan, gallina encubierta