No, no era Asgard, pero tenía cierto parecido. Allí tuvimos que vencer unas bestias de fuego, estaban empeñados en querer quemarlo todo.
–Suspiró solo de recordarlo, aunque el hecho de haber conseguido que no sucediera algo peor era un logro, lo importante.–
¡Bastante, cuanto me alegra verte! Hace poco estuve en uno donde había un montón de pegasos, seguro te gustaría.
–Solo estuvo un mes pero fue una experiencia estupenda, exceptuando el tener que atrapar a las bestias de fuego, eran un incordio.–
¡Cuanto tiempo ha pasado! ¿Por qué parte del universo te habías metido?
── Le dio la razón, porque a pesar de haber vivido tantos años a veces era difícil.──
¡Esa soy yo, sí!
–Soltó una pequeña risa antes de mover la mano quitándole importancia.–
No pasa nada, es normal, a veces yo también me pierdo con tantas personas. ¡Especialmente cuando ya es algo multiversal!
¿Laila? Laila... ¡LAILA!
── Haciendo uso de su memoria, mostró una amplia sonrisa al recordarla. ──
¡Mis disculpas, tantos seres conocidos que llega un punto donde no recuerdo ni mi propio nombre!
« te lo diré.
–Una pequeña risa escapó de ella siguiendo la broma, asintiendo poco después a la pregunta ajena.–
¡Claro! Hay cuatro, toma dos para ti.
–Agradecía los modales, no siempre era algo de ver, así que sin más le dedicó una sonrisa mientras le acercaba el plato.–
–Le dedicó una sonrisa ante sus palabras, viendo entonces la reacción del contrario al ver aquellos pastelitos, sin duda parecía que solo le faltaba que le saliera chispas de felicidad por los ojos.–
No uso crema antiarrugas pero si llego a saber alguna manera de no tenerlas »
——No dudo para nada de tus palabras.
Observó con asombro cuando ella hizo magia, materializando un plato lleno de pastelitos de fresa. Sus ojos se abrieron enormemente, casi como si nunca hubiera visto algo tan apetecible. Aunque estaba acostumbrado a la magia, ver
(+)
« uno.–
Una reliquia de miles de años, menos mal que la apariencia no acompaña a la edad.
–Bromeó un poco, sabía que la gente en cuanto se enteraban quien era le tomaban respeto pero ella prefería tomarlo de lo más normal, nunca se ha creído superior al resto del mundo.–
–Asintió animadamente antes de alzar sus manos, sabía cocinar pastelitos pero iba a crear algunos con su magia, para que al menos el chico probara alguno.–
Ya verás, seguro que te gusta.
–En su mano izquierda apareció un plato con cuatro pastelitos de fresa, un par para cada »
Asintió levemente al escucharla, encontrando encantador cómo seguía tratando de animar el ambiente.
——¡Ah! ¿Pastelito? Es mi día de suerte.
Sonrió ampliamente al oírlo, justo cuando algo dulce se le había antojado. Sin embargo, al escuchar su presentación, ladeó
(+)
¿De verdad? Muchas gracias, intentaré seguir así, solo tendré que bajar un poco la intensidad en personas que se agobian muy rápido.
–Lo tenía claro, además, un poco de luz en el ambiente nunca viene mal.–
Eres muy amable, te has ganado que te haga algún pastelito también. »
——¡Eso que estás haciendo me parece increíble, de verdad! Es admirable.
Le dedica una amplia sonrisa, realmente le parece bonito que ella intente animar.
——Por supuesto, si necesitas ayuda con algo, no dudes en hablar conmigo. Me llamo Zack.
–Es probable que Strange aún no lo sepa y además, en cuanto se entere y quiera revertir los hechizos tendrá que hacerlo con cuidado, cabe la posibilidad de que pueda dañarla mentalmente por causa del escudo mental que le pusieron para evitar que consigan ayudarla.–