Hay una sensación inexplicable al saber que comparto una unión mística con mi abuela, siempre sabia, siempre bruja. Estoy bendita desde el nacimiento, pues ella decretó luz a su «rosa de Jericó». Bendito sea el que me cuide, pero pobre de aquél que intente herirme.
Qué hermosas las canciones que terminan recitando un monólogo. Cuando la música no alcanza para contener lo sentido y el corazón necesita hablar con la voz desnuda, tibia, casi a oscuras. Es el instante en que la canción se rinde y nos entrega la carne viva de la emoción.
Quisiera ver cómo era el cielo
cuando brillaba sobre tu pelo
Quisiera ver cómo era aquello
que iba soltando tu risa al vuelo
Volver al centro mismo del aire
donde mi anhelo fuera mirarte
Si no se puede,
si ya es muy tarde
quisiera al menos
pensarte
"Háblame de ti"
Yo: «simplemente no soy de este mundo, yo habito con frenesí la luna, no tengo miedo de morir, tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva, no puedo pensar en cosas concretas, no me interesan. Yo no sé hablar como todos, mis palabras son extrañas y vienen de lejos»