La mente crea historias que tal vez jamás se harán realidad, pero mientras ahí está uno como pendejo preocupándose de cosas que ni al caso porque todo se trata de la percepción a través de pinches traumas que uno tiene nomás porque creció en los 90 y el chupacabras andaba suelto.
Si algo no está roto, no lo toques. No intentes arreglarlo, no lo repares, no lo cuestiones. Es como afilar un cuchillo que ya corta perfecto: corres el riesgo de arruinar el filo por querer sentirte útil.