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La termodinámica de Kylian Mbappé
Alguien que jugó en el Barça y en el Madrid, y que en ninguno de los dos clubes se plegó jamás a lo que se esperaba de él.
Alguien que, como entrenador, tuvo el temple de llevar a España a una final de Nations League y a una semifinal de Eurocopa con una generación que estaba construyendo desde cero.
Y alguien que, cuando llegó al PSG en el verano de 2023, tenía clarísimo que aquello no iba a funcionar de la misma manera que con sus predecesores.
Desde el primer día dejó claro que en ese equipo mandaba el entrenador.
No las estrellas, no los contratos, no los egos: el entrenador.
Lo que vino después fue un proceso de varios meses en el que Luis Enrique fue ajustando el sistema, exigiendo el nivel defensivo que quería, construyendo un equipo que no dependía de un solo jugador para funcionar.
Luis Enrique tuvo un papel directo y determinante en la salida de Neymar del Paris Saint-Germain en el verano de 2023, quien le comunicó de forma directa al brasileño que no entraba en sus planes y que debía buscarse otro destino.
Messi su vinculación con el PSG expiraba en junio de 2023 y no existía la voluntad mutua de extenderla por ninguna de las dos partes.
Y en ese proceso, la relación con Mbappé se fue deteriorando de manera progresiva, porque Mbappé no entendía , o no quería entender, que Luis Enrique no iba a hacer excepciones con nadie.
La imagen más brutal de esa relación es la que quedó grabada en el documental: Luis Enrique hablando durante horas con Mbappé y diciéndole algo así:
"He leído que te gustaba Michael Jordan. Michael Jordan cogía a todos sus compañeros y se ponía a defender. Tú tienes que dar ese ejemplo, primero como persona y como jugador, y vas a pegarte todo el partido presionando para ser un líder."
Eso, sumado a las declaraciones donde Luis Enrique confirmaba que sin Mbappé el equipo iba a mejorar su juego, hizo que pasara lo que tenía que pasar: Mbappé se fue al Real Madrid, y Luis Enrique ganó dos Champions League, la Ligue 1 y la Copa de Francia. Un triplete histórico en París.
En el fútbol hay coincidencias y hay patrones.
Una coincidencia es que cuando llueve, el campo se moja.
Un patrón es que en cada club donde Mbappé ha estado, los entrenadores han durado cada vez menos, el vestuario ha tenido cada vez más tensión, y el equipo ha ganado cada vez menos de lo que debería con el talento disponible.
En el Mónaco, con 18 años y sin poder absoluto, el equipo llegó a semifinales de Champions.
En el PSG, con todo el poder del mundo, el club no fue capaz de ganar una Champions en siete años.
Con Messi, Neymar y Mabppé cayeron dos veces consecutivas en los octavos de final de la Champions League, el equipo sufría demasiado en defensa porque las tres grandes estrellas apenas participaban en el trabajo sin balón, lo que rompía al bloque en los partidos de máxima exigencia europea.
Con Luis Enrique, el año en que Mbappé se fue, el PSG ganó la Champions por primera vez en su historia y repitió al año siguiente.
Pero el patrón más revelador no está en los títulos: está en la selección de Francia.
En marzo de 2023, Didier Deschamps tomó una decisión que generó un conflicto enorme en el vestuario.
Hugo Lloris, que había sido capitán de Francia durante más de una década, se había retirado de la selección, y Deschamps decidió que el brazalete pasaría a Mbappé, que tenía 24 años y llevaba relativamente poco tiempo como figura principal del equipo.
Pasó por encima de Antoine Griezmann, que llevaba trece años en la selección, que había sido el jugador más importante de la era de Deschamps, y que en el Mundial de 2018 había ganado el Balón de Oro del torneo siendo el artífice principal de la victoria francesa.
Griezmann explotó en el vestuario.
Deschamps y Mbappé reconocieron públicamente que el centrocampista del Atlético de Madrid había quedado muy decepcionado.
Mbappé dijo que había hablado con él y que su reacción era comprensible, pero el brazalete lo siguió llevando él.
Meses después, Antoine Griezmann anunció su retirada de la selección francesa sin rueda de prensa, sin ceremonia, sin el reconocimiento que merecía el hombre que había sido el jugador más importante de la generación campeona del mundo.
Solo un comunicado y un adiós silencioso.
Los diarios deportivos más importantes de Francia, L'Équipe y RMC Sport, señalaron directamente a Mbappé como una de las causas del retiro.
El hombre que hacía todo el trabajo sucio para que las estrellas brillaran había decidido que le habían faltado al respeto.
Una encuesta de ese mismo periodo revelaba que el 66% de los franceses habría preferido que el brazalete de capitán fuera para Griezmann y no para Mbappé.
De hecho, hay algún episodio bochornoso de Mbappé quitándole el brazalete a otro jugador para ponérselo él.
Es horrible, pero bueno, es una mas.
Una vez Mbappé ya estaba en Madrid, llegó el 11 de enero de 2026 la final de la Supercopa de España en Jeddah, Arabia Saudí.
El Barcelona ganó 3-2 al Real Madrid. Al final del encuentro, después de la entrega de medallas, llegó el momento del pasillo.
El Barcelona había hecho el pasillo al Madrid cuando los blancos fueron a recoger sus medallas de subcampeones; era el turno del Real Madrid de hacer lo mismo.
Xabi Alonso, entrenador del Madrid, se lo pidió a sus jugadores.
Quería que el equipo formara el pasillo, como marca el protocolo, como marca el respeto deportivo entre dos clubes históricos.
Y las cámaras captaron el momento exacto en que Mbappé recibió la indicación y respondió haciendo señas enérgicas con el brazo para que todos los jugadores del Real Madrid se fueran directamente al vestuario.
Raúl Asensio intentó quedarse, intentó acercarse a los jugadores del Barcelona para saludarlos; Mbappé lo interceptó y le dijo que se fuera.
El resto del equipo siguió a Mbappé.
El pasillo no se hizo.
El presidente del Barcelona, Joan Laporta, lo comentó en la sala de prensa con la ironía de alguien que no puede creer lo que ha visto:
"Me sorprende que no nos hayan hecho el pasillo. Hay que ser generoso y respetuoso también cuando se pierde, pero entiendo que debían ser momentos muy jodidos."
En redes sociales, el clip de Mbappé haciendo señas para que el equipo se fuera se viralizó de inmediato.
Miles de comentarios repetían la misma palabra: dictador.
El meme de Mbappé retratado como Mao Zedong, que llevaba meses circulando por internet con canchondeo, dejó de repente de parecer gracioso y empezó a parecer revelador.
Al día siguiente, el 12 de enero de 2026, el Real Madrid anunció la destitución de Xabi Alonso.
El hombre que había sido invicto con el Leverkusen durante toda una temporada, el técnico más prometedor de Europa de su generación, el que los madridistas llevaban años esperando como si fuera el mesías del banquillo, duró 232 días en el cargo.
Y entre las razones de su salida, la que todos los medios señalaron como la gota que colmó el vaso fue exactamente ese episodio del pasillo: ese momento en que Mbappé hizo señas con el brazo y el entrenador perdió el control de su propio equipo delante de todo el mundo.
No es que Xabi Alonso no supiera entrenar.
Es que en un vestuario donde la autoridad la tiene el jugador y no el técnico, ningún entrenador del mundo puede hacer bien su trabajo.
Ancelotti, que venía de ganar dos Champions en tres años, tampoco pudo.
Xabi Alonso aguantó siete meses.
Y despues Arbeloa, el hombre de Florentino Pérez para los momentos de crisis, le dieron la responsabilidad de gestionar una situación que no tiene solución fácil, porque el problema no es táctico: el problema es de poder en el vestuario.
Mientras tanto, en los meses posteriores al pasillo siguieron saliendo episodios que completaban el cuadro.
En marzo de 2026, en una concentración con la selección de Francia, Mbappé entró como suplente en los últimos diez minutos de un partido contra Colombia.
Era el cumpleaños de N'Golo Kanté, el centrocampista que llevaba décadas siendo el jugador más querido del vestuario en todos los clubes donde había estado: el que ganó la Premier con el Leicester, el que ganó la Champions con el Chelsea, el hombre al que es prácticamente imposible encontrarle un enemigo en el fútbol mundial.
Kanté llevaba el brazalete de capitán esa noche porque Mbappé estaba en el banquillo.
Y cuando Mbappé entró al campo, en pleno partido, en el minuto 80, mandó a Kolo Muani a pedirle a Kanté que le entregara el brazalete.
Kanté lleva el brazalete en su cumpleaños, Mbappé entra en el minuto 80 y manda a alguien a quitárselo.
La indignación en Francia fue unánime.
Hay una pregunta que todo esto genera: ¿es esto culpa de Mbappé, o es culpa del sistema que lo ha tratado como a un ser humano diferente desde los dieciséis años?
La respuesta es que son las dos cosas, y que separarlas es imposible, porque llevan diez años siendo la misma cosa.
Mbappé rompió el récord de Thierry Henry en el Mónaco con 16 años.
Con 16 años ya era tratado como alguien que no estaba sujeto a las normas normales.
Con 18, el mundo entero hablaba de él como el próximo Messi o el próximo Cristiano.
Con 20, el PSG pagó 180 millones y construyó el equipo alrededor de él.
Con 23, renovó su contrato con la condición de que todos jugaran para él.
Con 27, entra en el minuto 80 de un partido y manda a alguien a quitarle el brazalete al jugador más respetado del vestuario.
Y ahí está lo que Luis Enrique vio antes que nadie: el problema de Mbappé no es el talento.
Su talento es indiscutible, pero el futbol es un juego de equipo y hoy en día todo esta muy estudiado, y cada elemento tiene su papel.
Sus números en el Real Madrid la temporada pasada son de escándalo: 41 goles en 41 partidos, 15 en la Champions League, a solo dos del récord absoluto de Cristiano Ronaldo en una sola edición.
Bota de Oro, Pichichi, todos los premios individuales que existen.
No hay discusión posible sobre su calidad como futbolista.
El problema es que en cada club donde ha estado, el equipo ha funcionado mejor sin él que con él.
O, más exactamente, el equipo ha funcionado mejor cuando el sistema no ha tenido que girar entero alrededor de él.
En el Mónaco de Jardim, Mbappé era una pieza dentro de un engranaje, y el engranaje funcionaba.
En el PSG, cuando hubo alguien con suficiente autoridad para exigirle presión defensiva y compromiso colectivo, el equipo llegó más lejos: con Luis Enrique, cuando Mbappé ya no estaba, el PSG ganó dos Champions y con un alto nivel de juego colectivo.
En el Real Madrid, de los cinco partidos que el equipo jugó la temporada pasada sin Mbappé, ganó los cinco: venció al Manchester City en Champions, al Celta en Liga, al Atlético en Liga y al Elche en Copa.
Con Mbappé, perdió con el Mallorca, con el Girona, con el Bayern en el Bernabéu, y fue eliminado en todas las competiciones.
Lo mismo que ocurrió en el mundial este verano.
Los números son los que són.
Y mientras tanto, ¿Qué pasó con Arbeloa?
Su estreno no pudo ser peor: el 14 de enero cayó en Albacete y el Madrid quedó eliminado de la Copa del Rey.
Pero lo que vino después parecía darle la razón a Florentino.
Tras golear 6-1 al Mónaco en el Bernabéu, la prensa madridista titulaba que el Madrid recuperaba la sonrisa.
El "espartano" había levantado el ánimo de un vestuario hundido, tenía a la afición de su lado, y su mensaje conciliador , defender siempre a sus jugadores en rueda de prensa, parecía el antídoto perfecto contra lo que había pasado con Xabi Alonso.
Aquella sonrisa duró poco. Porque hay una diferencia enorme entre un vestuario contento y un vestuario que obedece, y defender a tus jugadores en público no sirve de mucho si no puedes manejarlos en privado.
A principios de mayo, el Madrid se había quedado prácticamente sin opciones en Liga y fuera del resto de competiciones, y las cosillas que pasaban en el vestuario empezaban a filtrarse por todas partes.
Dani Carvajal había roto la relación con el entrenador por la falta de minutos, y Dani Ceballos había tenido una discusión con él que lo dejó fuera ante el Betis.
Se filtró que algunos jugadores se referían a Arbeloa con el apodo de "el cono", y que hasta seis futbolistas habían dejado de dirigirle la palabra.
Arbeloa respondió con la fórmula de siempre: que lo que pasa en el vestuario del Real Madrid se queda en el vestuario.
No se quedó.
Entre el miércoles 6 y el jueves 7 de mayo, a pocos días del Clásico en el Camp Nou, Tchouaméni y Valverde se enzarzaron en dos peleas en Valdebebas.
La segunda terminó con el uruguayo golpeándose con una mesa del vestuario, con puntos de sutura, un traumatismo craneoencefálico, una salida en silla de ruedas y entre diez y catorce días de baja.
Valverde negó públicamente que hubiera pelea y habló de un "incidente" de entrenamiento; desde el entorno del club se insistía en que hubo puñetazos y que su versión estaba muy suavizada.
Pedrerol advertía a los espectadores: “Ojo a cómo ha salido Mabppé de Valdebebas, ¡Con la ventana bajada y a carcajada limpia!”.
Nos mostraban las imágenes y, efectivamente, captaban el coche de Mbappé circulando a baja velocidad. Al jugador se le veía perfectamente porque llevaba la ventanilla bajada. La cámara estaba lo suficientemente cerca como para captar el sonido de sus carcajadas mientras salía de Valdevebas.
El Madrid abrió expediente a los dos y los multó con 500.000 euros a cada uno, una de las sanciones más altas que se recuerdan en el fútbol.
Por si fuera poco, esa misma semana Carreras y Rüdiger también tuvieron que ser separados por sus compañeros.
La reacción de Arbeloa fue restarle gravedad con una anécdota: dijo que él había visto a un compañero pegarle con un palo de golf a otro.
Lo que más le dolía, insistió, era que esas cosas salieran del vestuario.
Es decir: el problema no era que el vestuario se pegara, sino que se supiera.
Esa frase, probablemente, resume mejor que ninguna otra la autoridad que tenía.
Sus números: 28 partidos, 18 victorias, 2 empates y 8 derrotas, y ninguno de los tres títulos que disputó.
Al final, el Madrid encadenó dos temporadas sin ganar nada.
El 9 de junio, dos días después de que Florentino fuera reelegido , con el regreso de Mourinho como una de sus promesas de campaña, el club anunció que Arbeloa y el Madrid "habían llegado a un acuerdo" para poner fin a su etapa.
El comunicado le agradecía su lealtad, su compromiso y su profesionalidad.
Dos días después, el Madrid presentaba a José Mourinho, que firmó por tres años tras pagar 15 millones al Benfica para liberarlo.
La ironía es difícil de ignorar. Cuando fue presentado en enero, Arbeloa, que fue jugador de Mourinho y siempre se le consideró un discípulo suyo, dijo que él iba a ser Arbeloa, porque si quería ser Mou fracasaría estrepitosamente.
Y fue exactamente Mourinho quien lo sustituyó.
Y aquí estamos. El Madrid de Mourinho arrancó la temporada 2026-27 con derrotas ante el Betis y ante el Atlético, y a principios de octubre ya iba seis puntos por detrás del Barcelona.
Mbappé, eso sí, es el máximo goleador del equipo.
Y la primera gran prueba de autoridad de Mourinho ha sido precisamente Mbappé: cuando el francés se fue de la concentración de Francia con molestias en la rodilla izquierda, las críticas por cómo y dónde se estaba recuperando no tardaron en llegar, y hubo aficionados que lo interpretaron como un desplante al propio entrenador, que días antes había pedido a sus jugadores evitar esquiar o montar en bicicleta.
Videos en las redes sociales con una bicicleta y al volver del parón de selecciones deja el entrenamiento para irse a Paris por temas privados , tres dias antes del partido con el Villareal.
El 9 de octubre, Mourinho salió a defenderlo.
Calificó las críticas de ridículas, aseguró que Mbappé había hecho un diagnóstico del club y otro externo que coincidían, y anunció que jugaría contra el Villarreal porque estaba seguro de que no había fallado al Real Madrid.
Prometió además al Bernabéu que cuando un jugador no cumpla con sus obligaciones, no lo verán ni en el banquillo.
Puede que Mourinho tenga razón. La rodilla de Mbappé tiene historia, y la información médica la conoce el club mejor que nadie.
Ayer en el partido contra el Villareal con una barba de días, aspecto " dejado", Mourinho fue el protagonista desde la banda con sus gestos y sus quejas, pero también cuando se marchó corriendo a celebrar el gol de Vinicius.
Un gol que no subió al marcador y el brasileño fue expulsado.
Se lio entre los dos banquillos y un técnico de Mourinho y el delegado del Villarreal fueron expulsados.
En condiciones normales también Mou habría sido expulsado, hizo méritos de sobra.
Calentó a los espectadores del estadio, y prefirió no realizar la rueda de prensa para evitar decir algo que podría traerle algún castigo.
“No voy a hablar porque quiero sentarme en el banquillo ante el Sevilla y el Barcelona”.
La verdad es que la imagen del equipo no fue su mejor versión, ni la de Mabppé y un empate habría sido un resultado justo.
El arbitro y el VAR no tuvieron incidencia en el resultado.
Pero la pregunta que queda es la misma que acompañó a Ancelotti , Xabi Alonso y a Arbeloa:
¿ha venido Mourinho a mandar sobre Mbappé, o a gestionar a Mbappé?
La diferencia entre una cosa y la otra es exactamente la diferencia entre el PSG de Luis Enrique y todos los demás.
Los datos son los datos.
Y da la impresión que Luis Enrique siempre tuvo razón.
Además MOU que llegó en plan Zen y Vinicius desquiciados.
No es ningún expediente X es el PFH: El Pu**to Factor Humano.
La diferencia entre la situación de Xabi Alonso con Vinicius y la de Mourinho es que Xabi Alonso tenía una versión de Vinicius muy superior a la de ahora y lo quería quitar para poner a “Rodrygo” o “Mastantuono”
Mourinho tiene al peor Vinicius de su carrera y tiene en su lugar a uno de los 3 mayores jóvenes talentos que hay ahora mismo en el fútbol mundial.
A ver… Teniendo la renovación de Bellingham a punto de caramelo, habiendo fichado a Diomandé y habiendo renovado a Vinicius por un pastizal y casi de por vida… solo se me ocurre un sacrificado. Y no sería yo quien llorase.
🔴El viejo guango haciendo lo único que sabe hacer repartir odio, dividir a los mexicanos,hacer pacto con el narc, robar mentir y traicionar.
Nunca trabajo ni sus hijos y resulta que ahora son multimillonarios.
Y así fueron las últimas recepciones del "pueblo bueno" a @lopezobrador_.
Entre abucheos, gritos de desaprobación y chingazos en la cara.
Es evidente el desagrado por el contacto personal si no era para la foto.
Por eso no sale de "La Chingada" y anda por donde él quiera como cualquier otro ex-presidente de México.
¡El viejo corrupto sabe lo que le espera!
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La termodinámica de Kylian Mbappé
Alguien que jugó en el Barça y en el Madrid, y que en ninguno de los dos clubes se plegó jamás a lo que se esperaba de él.
Alguien que, como entrenador, tuvo el temple de llevar a España a una final de Nations League y a una semifinal de Eurocopa con una generación que estaba construyendo desde cero.
Y alguien que, cuando llegó al PSG en el verano de 2023, tenía clarísimo que aquello no iba a funcionar de la misma manera que con sus predecesores.
Desde el primer día dejó claro que en ese equipo mandaba el entrenador.
No las estrellas, no los contratos, no los egos: el entrenador.
Lo que vino después fue un proceso de varios meses en el que Luis Enrique fue ajustando el sistema, exigiendo el nivel defensivo que quería, construyendo un equipo que no dependía de un solo jugador para funcionar.
Luis Enrique tuvo un papel directo y determinante en la salida de Neymar del Paris Saint-Germain en el verano de 2023, quien le comunicó de forma directa al brasileño que no entraba en sus planes y que debía buscarse otro destino.
Messi su vinculación con el PSG expiraba en junio de 2023 y no existía la voluntad mutua de extenderla por ninguna de las dos partes.
Y en ese proceso, la relación con Mbappé se fue deteriorando de manera progresiva, porque Mbappé no entendía , o no quería entender, que Luis Enrique no iba a hacer excepciones con nadie.
La imagen más brutal de esa relación es la que quedó grabada en el documental: Luis Enrique hablando durante horas con Mbappé y diciéndole algo así:
"He leído que te gustaba Michael Jordan. Michael Jordan cogía a todos sus compañeros y se ponía a defender. Tú tienes que dar ese ejemplo, primero como persona y como jugador, y vas a pegarte todo el partido presionando para ser un líder."
Eso, sumado a las declaraciones donde Luis Enrique confirmaba que sin Mbappé el equipo iba a mejorar su juego, hizo que pasara lo que tenía que pasar: Mbappé se fue al Real Madrid, y Luis Enrique ganó dos Champions League, la Ligue 1 y la Copa de Francia. Un triplete histórico en París.
En el fútbol hay coincidencias y hay patrones.
Una coincidencia es que cuando llueve, el campo se moja.
Un patrón es que en cada club donde Mbappé ha estado, los entrenadores han durado cada vez menos, el vestuario ha tenido cada vez más tensión, y el equipo ha ganado cada vez menos de lo que debería con el talento disponible.
En el Mónaco, con 18 años y sin poder absoluto, el equipo llegó a semifinales de Champions.
En el PSG, con todo el poder del mundo, el club no fue capaz de ganar una Champions en siete años.
Con Messi, Neymar y Mabppé cayeron dos veces consecutivas en los octavos de final de la Champions League, el equipo sufría demasiado en defensa porque las tres grandes estrellas apenas participaban en el trabajo sin balón, lo que rompía al bloque en los partidos de máxima exigencia europea.
Con Luis Enrique, el año en que Mbappé se fue, el PSG ganó la Champions por primera vez en su historia y repitió al año siguiente.
Pero el patrón más revelador no está en los títulos: está en la selección de Francia.
En marzo de 2023, Didier Deschamps tomó una decisión que generó un conflicto enorme en el vestuario.
Hugo Lloris, que había sido capitán de Francia durante más de una década, se había retirado de la selección, y Deschamps decidió que el brazalete pasaría a Mbappé, que tenía 24 años y llevaba relativamente poco tiempo como figura principal del equipo.
Pasó por encima de Antoine Griezmann, que llevaba trece años en la selección, que había sido el jugador más importante de la era de Deschamps, y que en el Mundial de 2018 había ganado el Balón de Oro del torneo siendo el artífice principal de la victoria francesa.
Griezmann explotó en el vestuario.
Deschamps y Mbappé reconocieron públicamente que el centrocampista del Atlético de Madrid había quedado muy decepcionado.
Mbappé dijo que había hablado con él y que su reacción era comprensible, pero el brazalete lo siguió llevando él.
Meses después, Antoine Griezmann anunció su retirada de la selección francesa sin rueda de prensa, sin ceremonia, sin el reconocimiento que merecía el hombre que había sido el jugador más importante de la generación campeona del mundo.
Solo un comunicado y un adiós silencioso.
Los diarios deportivos más importantes de Francia, L'Équipe y RMC Sport, señalaron directamente a Mbappé como una de las causas del retiro.
El hombre que hacía todo el trabajo sucio para que las estrellas brillaran había decidido que le habían faltado al respeto.
Una encuesta de ese mismo periodo revelaba que el 66% de los franceses habría preferido que el brazalete de capitán fuera para Griezmann y no para Mbappé.
De hecho, hay algún episodio bochornoso de Mbappé quitándole el brazalete a otro jugador para ponérselo él.
Es horrible, pero bueno, es una mas.
Una vez Mbappé ya estaba en Madrid, llegó el 11 de enero de 2026 la final de la Supercopa de España en Jeddah, Arabia Saudí.
El Barcelona ganó 3-2 al Real Madrid. Al final del encuentro, después de la entrega de medallas, llegó el momento del pasillo.
El Barcelona había hecho el pasillo al Madrid cuando los blancos fueron a recoger sus medallas de subcampeones; era el turno del Real Madrid de hacer lo mismo.
Xabi Alonso, entrenador del Madrid, se lo pidió a sus jugadores.
Quería que el equipo formara el pasillo, como marca el protocolo, como marca el respeto deportivo entre dos clubes históricos.
Y las cámaras captaron el momento exacto en que Mbappé recibió la indicación y respondió haciendo señas enérgicas con el brazo para que todos los jugadores del Real Madrid se fueran directamente al vestuario.
Raúl Asensio intentó quedarse, intentó acercarse a los jugadores del Barcelona para saludarlos; Mbappé lo interceptó y le dijo que se fuera.
El resto del equipo siguió a Mbappé.
El pasillo no se hizo.
El presidente del Barcelona, Joan Laporta, lo comentó en la sala de prensa con la ironía de alguien que no puede creer lo que ha visto:
"Me sorprende que no nos hayan hecho el pasillo. Hay que ser generoso y respetuoso también cuando se pierde, pero entiendo que debían ser momentos muy jodidos."
En redes sociales, el clip de Mbappé haciendo señas para que el equipo se fuera se viralizó de inmediato.
Miles de comentarios repetían la misma palabra: dictador.
El meme de Mbappé retratado como Mao Zedong, que llevaba meses circulando por internet con canchondeo, dejó de repente de parecer gracioso y empezó a parecer revelador.
Al día siguiente, el 12 de enero de 2026, el Real Madrid anunció la destitución de Xabi Alonso.
El hombre que había sido invicto con el Leverkusen durante toda una temporada, el técnico más prometedor de Europa de su generación, el que los madridistas llevaban años esperando como si fuera el mesías del banquillo, duró 232 días en el cargo.
Y entre las razones de su salida, la que todos los medios señalaron como la gota que colmó el vaso fue exactamente ese episodio del pasillo: ese momento en que Mbappé hizo señas con el brazo y el entrenador perdió el control de su propio equipo delante de todo el mundo.
No es que Xabi Alonso no supiera entrenar.
Es que en un vestuario donde la autoridad la tiene el jugador y no el técnico, ningún entrenador del mundo puede hacer bien su trabajo.
Ancelotti, que venía de ganar dos Champions en tres años, tampoco pudo.
Xabi Alonso aguantó siete meses.
Y despues Arbeloa, el hombre de Florentino Pérez para los momentos de crisis, le dieron la responsabilidad de gestionar una situación que no tiene solución fácil, porque el problema no es táctico: el problema es de poder en el vestuario.
Mientras tanto, en los meses posteriores al pasillo siguieron saliendo episodios que completaban el cuadro.
En marzo de 2026, en una concentración con la selección de Francia, Mbappé entró como suplente en los últimos diez minutos de un partido contra Colombia.
Era el cumpleaños de N'Golo Kanté, el centrocampista que llevaba décadas siendo el jugador más querido del vestuario en todos los clubes donde había estado: el que ganó la Premier con el Leicester, el que ganó la Champions con el Chelsea, el hombre al que es prácticamente imposible encontrarle un enemigo en el fútbol mundial.
Kanté llevaba el brazalete de capitán esa noche porque Mbappé estaba en el banquillo.
Y cuando Mbappé entró al campo, en pleno partido, en el minuto 80, mandó a Kolo Muani a pedirle a Kanté que le entregara el brazalete.
Kanté lleva el brazalete en su cumpleaños, Mbappé entra en el minuto 80 y manda a alguien a quitárselo.
La indignación en Francia fue unánime.
Hay una pregunta que todo esto genera: ¿es esto culpa de Mbappé, o es culpa del sistema que lo ha tratado como a un ser humano diferente desde los dieciséis años?
La respuesta es que son las dos cosas, y que separarlas es imposible, porque llevan diez años siendo la misma cosa.
Mbappé rompió el récord de Thierry Henry en el Mónaco con 16 años.
Con 16 años ya era tratado como alguien que no estaba sujeto a las normas normales.
Con 18, el mundo entero hablaba de él como el próximo Messi o el próximo Cristiano.
Con 20, el PSG pagó 180 millones y construyó el equipo alrededor de él.
Con 23, renovó su contrato con la condición de que todos jugaran para él.
Con 27, entra en el minuto 80 de un partido y manda a alguien a quitarle el brazalete al jugador más respetado del vestuario.
Y ahí está lo que Luis Enrique vio antes que nadie: el problema de Mbappé no es el talento.
Su talento es indiscutible, pero el futbol es un juego de equipo y hoy en día todo esta muy estudiado, y cada elemento tiene su papel.
Sus números en el Real Madrid la temporada pasada son de escándalo: 41 goles en 41 partidos, 15 en la Champions League, a solo dos del récord absoluto de Cristiano Ronaldo en una sola edición.
Bota de Oro, Pichichi, todos los premios individuales que existen.
No hay discusión posible sobre su calidad como futbolista.
El problema es que en cada club donde ha estado, el equipo ha funcionado mejor sin él que con él.
O, más exactamente, el equipo ha funcionado mejor cuando el sistema no ha tenido que girar entero alrededor de él.
En el Mónaco de Jardim, Mbappé era una pieza dentro de un engranaje, y el engranaje funcionaba.
En el PSG, cuando hubo alguien con suficiente autoridad para exigirle presión defensiva y compromiso colectivo, el equipo llegó más lejos: con Luis Enrique, cuando Mbappé ya no estaba, el PSG ganó dos Champions y con un alto nivel de juego colectivo.
En el Real Madrid, de los cinco partidos que el equipo jugó la temporada pasada sin Mbappé, ganó los cinco: venció al Manchester City en Champions, al Celta en Liga, al Atlético en Liga y al Elche en Copa.
Con Mbappé, perdió con el Mallorca, con el Girona, con el Bayern en el Bernabéu, y fue eliminado en todas las competiciones.
Lo mismo que ocurrió en el mundial este verano.
Los números son los que són.
Y mientras tanto, ¿Qué pasó con Arbeloa?
Su estreno no pudo ser peor: el 14 de enero cayó en Albacete y el Madrid quedó eliminado de la Copa del Rey.
Pero lo que vino después parecía darle la razón a Florentino.
Tras golear 6-1 al Mónaco en el Bernabéu, la prensa madridista titulaba que el Madrid recuperaba la sonrisa.
El "espartano" había levantado el ánimo de un vestuario hundido, tenía a la afición de su lado, y su mensaje conciliador , defender siempre a sus jugadores en rueda de prensa, parecía el antídoto perfecto contra lo que había pasado con Xabi Alonso.
Aquella sonrisa duró poco. Porque hay una diferencia enorme entre un vestuario contento y un vestuario que obedece, y defender a tus jugadores en público no sirve de mucho si no puedes manejarlos en privado.
A principios de mayo, el Madrid se había quedado prácticamente sin opciones en Liga y fuera del resto de competiciones, y las cosillas que pasaban en el vestuario empezaban a filtrarse por todas partes.
Dani Carvajal había roto la relación con el entrenador por la falta de minutos, y Dani Ceballos había tenido una discusión con él que lo dejó fuera ante el Betis.
Se filtró que algunos jugadores se referían a Arbeloa con el apodo de "el cono", y que hasta seis futbolistas habían dejado de dirigirle la palabra.
Arbeloa respondió con la fórmula de siempre: que lo que pasa en el vestuario del Real Madrid se queda en el vestuario.
No se quedó.
Entre el miércoles 6 y el jueves 7 de mayo, a pocos días del Clásico en el Camp Nou, Tchouaméni y Valverde se enzarzaron en dos peleas en Valdebebas.
La segunda terminó con el uruguayo golpeándose con una mesa del vestuario, con puntos de sutura, un traumatismo craneoencefálico, una salida en silla de ruedas y entre diez y catorce días de baja.
Valverde negó públicamente que hubiera pelea y habló de un "incidente" de entrenamiento; desde el entorno del club se insistía en que hubo puñetazos y que su versión estaba muy suavizada.
Pedrerol advertía a los espectadores: “Ojo a cómo ha salido Mabppé de Valdebebas, ¡Con la ventana bajada y a carcajada limpia!”.
Nos mostraban las imágenes y, efectivamente, captaban el coche de Mbappé circulando a baja velocidad. Al jugador se le veía perfectamente porque llevaba la ventanilla bajada. La cámara estaba lo suficientemente cerca como para captar el sonido de sus carcajadas mientras salía de Valdevebas.
El Madrid abrió expediente a los dos y los multó con 500.000 euros a cada uno, una de las sanciones más altas que se recuerdan en el fútbol.
Por si fuera poco, esa misma semana Carreras y Rüdiger también tuvieron que ser separados por sus compañeros.
La reacción de Arbeloa fue restarle gravedad con una anécdota: dijo que él había visto a un compañero pegarle con un palo de golf a otro.
Lo que más le dolía, insistió, era que esas cosas salieran del vestuario.
Es decir: el problema no era que el vestuario se pegara, sino que se supiera.
Esa frase, probablemente, resume mejor que ninguna otra la autoridad que tenía.
Sus números: 28 partidos, 18 victorias, 2 empates y 8 derrotas, y ninguno de los tres títulos que disputó.
Al final, el Madrid encadenó dos temporadas sin ganar nada.
El 9 de junio, dos días después de que Florentino fuera reelegido , con el regreso de Mourinho como una de sus promesas de campaña, el club anunció que Arbeloa y el Madrid "habían llegado a un acuerdo" para poner fin a su etapa.
El comunicado le agradecía su lealtad, su compromiso y su profesionalidad.
Dos días después, el Madrid presentaba a José Mourinho, que firmó por tres años tras pagar 15 millones al Benfica para liberarlo.
La ironía es difícil de ignorar. Cuando fue presentado en enero, Arbeloa, que fue jugador de Mourinho y siempre se le consideró un discípulo suyo, dijo que él iba a ser Arbeloa, porque si quería ser Mou fracasaría estrepitosamente.
Y fue exactamente Mourinho quien lo sustituyó.
Y aquí estamos. El Madrid de Mourinho arrancó la temporada 2026-27 con derrotas ante el Betis y ante el Atlético, y a principios de octubre ya iba seis puntos por detrás del Barcelona.
Mbappé, eso sí, es el máximo goleador del equipo.
Y la primera gran prueba de autoridad de Mourinho ha sido precisamente Mbappé: cuando el francés se fue de la concentración de Francia con molestias en la rodilla izquierda, las críticas por cómo y dónde se estaba recuperando no tardaron en llegar, y hubo aficionados que lo interpretaron como un desplante al propio entrenador, que días antes había pedido a sus jugadores evitar esquiar o montar en bicicleta.
Videos en las redes sociales con una bicicleta y al volver del parón de selecciones deja el entrenamiento para irse a Paris por temas privados , tres dias antes del partido con el Villareal.
El 9 de octubre, Mourinho salió a defenderlo.
Calificó las críticas de ridículas, aseguró que Mbappé había hecho un diagnóstico del club y otro externo que coincidían, y anunció que jugaría contra el Villarreal porque estaba seguro de que no había fallado al Real Madrid.
Prometió además al Bernabéu que cuando un jugador no cumpla con sus obligaciones, no lo verán ni en el banquillo.
Puede que Mourinho tenga razón. La rodilla de Mbappé tiene historia, y la información médica la conoce el club mejor que nadie.
Ayer en el partido contra el Villareal con una barba de días, aspecto " dejado", Mourinho fue el protagonista desde la banda con sus gestos y sus quejas, pero también cuando se marchó corriendo a celebrar el gol de Vinicius.
Un gol que no subió al marcador y el brasileño fue expulsado.
Se lio entre los dos banquillos y un técnico de Mourinho y el delegado del Villarreal fueron expulsados.
En condiciones normales también Mou habría sido expulsado, hizo méritos de sobra.
Calentó a los espectadores del estadio, y prefirió no realizar la rueda de prensa para evitar decir algo que podría traerle algún castigo.
“No voy a hablar porque quiero sentarme en el banquillo ante el Sevilla y el Barcelona”.
La verdad es que la imagen del equipo no fue su mejor versión, ni la de Mabppé y un empate habría sido un resultado justo.
El arbitro y el VAR no tuvieron incidencia en el resultado.
Pero la pregunta que queda es la misma que acompañó a Ancelotti , Xabi Alonso y a Arbeloa:
¿ha venido Mourinho a mandar sobre Mbappé, o a gestionar a Mbappé?
La diferencia entre una cosa y la otra es exactamente la diferencia entre el PSG de Luis Enrique y todos los demás.
Los datos son los datos.
Y da la impresión que Luis Enrique siempre tuvo razón.
Además MOU que llegó en plan Zen y Vinicius desquiciados.
No es ningún expediente X es el PFH: El Pu**to Factor Humano.
These parasitic entities, manifesting in reptilian forms are on the verge of revealing themselves to the world. Watch my Series https://t.co/mwPcLunQ8L
@kamahara_lito Y si se juntan todos los de la derecha en otro pais... pasará lo de antes.. los de la izquierda tratarán de brincar a lado de la derecha.. el experimento ya sucedió Alemania...