La masiva movilización del día de hoy demuestra un malestar generalizado en cuanto a cómo se están desarrollando las políticas sociales por parte de este Gobierno. Los estudiantes tenemos la responsabilidad de involucrarnos en el contexto nacional, ser críticos y también propositivos.
Queda agradecer a cada estudiante que hoy se movilizó con convicción y compromiso por construir un país mejor para todos los chilenos. Asimismo, es imposible ignorar la violencia que se desarrolló en esta manifestación: la brutal represión de las fuerzas policiales dejando compañeros en situaciones complejas de salud, como aquellos manifestantes que cometieron actos violentos que nos expusieron aún más a la represión policial. Esta violencia afectó incluso a un estudiante de la comunidad UC en el frontis de nuestra universidad, acto que lamentamos y condenamos.
Como estudiantes debemos instaurar que la violencia no tiene cabida en la lucha contra el retroceso de nuestros derechos. Esto no puede deslegitimar nuestra profunda convicción de no retroceder, sino de seguir avanzando en derechos para todo el pueblo de Chile.
A 81 días del inicio de este Gobierno y en la víspera de su primera Cuenta Pública, corresponde detenerse no solo en lo que se dirá mañana, sino en lo que el país ya ha vivido en estos meses.
Las discusiones sobre reforma tributaria, gratuidad, recortes sociales y escuelas protegidas no son episodios aislados. Son parte de una misma pregunta ¿Qué prioridades ordenan al país cuando se decide sobre su futuro? Reducir ese debate a números y equilibrios contables es ignorar que detrás de cada decisión hay vidas concretas. Cuando la política social se debilita, el costo lo pagan siempre los mismos, quienes dependen del Estado para sostener su educación, su salud y su protección social.
Los estudiantes debemos ser claros: no miramos este proceso como espectadores. El malestar de nuestra generación no es una incomodidad pasajera, es una advertencia política. Nos afecta cuando se amenaza la educación pública, cuando se reduce el presupuesto en salud, cuando el futuro se vuelve una promesa cada vez más estrecha para la mayoría.
Por eso, ante la Cuenta Pública, la exigencia es doble. Al Gobierno, que no confunda administración con conducción, ni balance con justicia. Y a nuestra generación, para que no renuncie a disputar las decisiones que la afectan, porque una generación que solo padece las consecuencias sin cuestionarlas termina reducida a beneficiaria, usuaria o simplemente una cifra.
Chile necesita más que figuras literarias, necesita coherencia política entre lo que se promete y lo que se protege. Y si la educación sigue siendo uno de los lugares donde se juega el futuro común, los estudiantes no podemos quedar fuera de esta conversación.
Que la derecha legisle sin contrapeso revela un sector progresista que no logra articular un proyecto común. Sin unidad, seremos espectadores de políticas que golpean a los más vulnerables. Tenemos la responsabilidad y la urgencia de construir ese proyecto, por y para Chile.
Felicitaciones a conectemos la FECh por su consolidado triunfo. Me alegro profundamente por la participación y alto quorum obtenido.
Los estudiantes debemos tener un rol activo en las decisiones que contribuyen a la construcción del futuro de todas y todos los chilenos.
El titular de este reportaje publicado hoy en el mercurio nos debe alertar en cómo se abordan las situaciones de violencia ocurridas en la última semana.
La caída de un dictador parece una buena noticia, pero en D° internacional no todo vale. Hay una razón para eso. Si las potencias deciden por su cuenta cuándo intervienen contra dictaduras, cuándo no, cuándo ocupan la fuerza y contra quién, los países pequeños quedan a su merced.
Amo a la Humanidad no por mandamiento divino sino por natural. A los seres irracionales de una especie nadie les ha enseñado que se protejan ni se amen, y sin embargo, lo hacen. Amo el Pueblo. Lo amo porque le conozco.