Prefiero que mi arquitectura le guste a la gente que la habita y que otorgue datos a la disciplina arquitectónica que a la gente que conoce de belleza arquitectónica.
Muchos arquitectos hoy en día desconocen el valor social, cultural y político que puede tener su trabajo y sólo hacen “arquitectura” justificada con “atmósferas, sentimientos y romanticismos”.
Recurren al hedonismo ya que no saben porque hacen lo que hacen.