Colombia esquizofrénica
No, no es fácil de entender. No se puede digerir porque las contradicciones son protuberantes. Aunque debería importar ‘un pito’, me pregunto, ¿cómo nos ve el mundo? ¿Cómo nos ‘leen’? Porque debemos ser una sociedad muy ‘interesante’ para estudiar.
Con una geografía exuberante, maravillosa, desafiante, tenemos en el territorio múltiples opciones de satisfacción y plenitud. Como se expresaría de forma simple ‘lo tenemos todo’ para gozarnos el paisaje, para disfrutar con nuestro entorno. A la par, reaccionamos de una forma sin igual cuando el nacionalismo se nos alborota. Ese estadio de México resonando con el himno nacional, es uno de los momentos inolvidables que difícilmente se nos borrará del corazón. Pero, paradójicamente, soy capaz de ‘matar’ a la vecina en la fila del supermercado porque renegó de ‘mi’ elegido hablando (según yo) oprobios de su vida. ¿Dónde quedaron las 80.000 voces que coreaban el himno nacional? ¿Allí todos eran usuarios del mismo candidato? ¿Cómo se puede hacer un cambio de switch en forma tan olímpica?
Esquizofrenia en explicación sencilla significa “trastorno mental grave y complejo que afecta la forma en que una persona piensa, siente y percibe la realidad”. Como quien se mira en un espejo y no logra reconocerse porque el espejo está quebrado y necesita angustiosamente que alguien o algo le devuelva una imagen que le de seguridad, que le de identidad. Frente a un espejo quebrado no puedo reconocerme, estoy partido. Puedo tener varias identidades de acuerdo al pedacito de espejo en el que me mire y me devuelva una imagen. Pero estoy fragmentado…
¿Cuántas Colombias existen? ¿En cuantos pedazos nos reconocemos como colombianos? Está la Colombia deportiva, la musical, la religiosa, la política… y ¿qué tal la Colombia de regiones donde atravesada una cerca de alambre, el otro departamento es muy diferente al que estoy dejando? La Colombia de las razas, la Colombia de la diversidad sexual… son tantas Colombias que la pluralidad pareciera que no nos enriqueció, sino por el contrario, nos atropelló porque nos confundió de tal manera que el otro o la otra no es mi hermano, sino el diferente que no me ayuda a ubicarme. Por el contrario, me confunde porque no puedo reconocerme en él…
Es como si fuera una nación que aún no ha crecido y necesita angustiosamente la imagen materna del espejo que le diga quién es, que le dé la seguridad de cómo es… los otros diferentes nos confunden, nos angustian, no nos ubican. Si el otro no me devuelve mi misma identidad (los mismos criterios, los mismos conceptos) me pierdo y es entonces cuando surge la violencia en toda su dimensión. La diferencia es con angustia, con terror, con odio. El otro es peligroso porque es diferente… y yo necesito su confirmación de lo que yo soy aceptando que es igual a mí. Tenaz el panorama porque la dependencia de unos y otros volvió invivible la cotidianidad…
Así como existe el psicólogo individual para tratar a un paciente, desde la Academia debería hacerse un diagnóstico a la ‘paciente Colombia’, no para llenarla de rótulos patológicos, sino para crear una política pública de salud mental. Porque no es sano que la diferencia sea tan peligrosa. No somos iguales porque no somos rebaño, pero no encontramos paz en ubicarnos diferentes. Y es urgente la aceptación de esa diferencia, sin satanizar lo que no se parece a mi. Tarea nada fácil pero prioritaria para el nuevo gobierno. No solo somos economía. La convivencia nace de aceptar lo diferente. ¿Lo tendrá en su radar el nuevo Presidente?
El País. Revolturas
Jugamos rompecabezas?
El juego del rompecabezas consiste en escoger la ficha indicada y colocarla en el lugar preciso para completar la imagen definitiva. Al final, claro, hay una figura coherente donde todo debe estar en el sitio indicado para apreciar el resultado. Pues bien, la vida es como un rompecabezas y los distintos momentos son como las fichas que deben cuadrar para mostrar coherencia. O madurez, o criterio o responsabilidad. Si las fichas no encajan por más que yo presione a imponerlas, la representación final es un despropósito. ¡No se puede!
Por ello, el rompecabezas de la política no cuadra. Cómo encajar la imagen de un Presidente americano, patán, grosero y maleducado con una periodista que lo entrevista, que cuestiona a morir si el presidente de Colombia no acepta el resultado de las elecciones, pero él mismo como presidente no aceptó las de su país, (yo sí, los otros no), pero a la vez es el ‘nuevo amigo’ del candidato de La Espriella que dizque respeta y valora a la mujer ‘como ninguno’.
Un candidato de doble nacionalidad, con una devoción tan grande hacia el presidente de otra nación, en caso de una confrontación, ¿a cuál honrará: a su país o al de su mejor amigo? No logro que estas piezas encajen en un resultado coherente… mi inteligencia no da para tanto. Porque si algo garantizaba un poco de seguridad en la convivencia era la coherencia, ‘honrar la palabra’, cumplir lo dicho, pero en este insólito rompecabezas del mundo actual, ¿cómo encajan los acontecimientos?
Por ello creo que la palabra coherencia va a desaparecer del diccionario. En las campañas políticas yo puedo insultar y denigrar del ‘otro’ candidato, pero si se le dice algo ‘al mío’ es un agravio, una ofensa. Esta conducta se calificaba como ‘doble moral’ (yo sí usted no) pero digámoslo más suave, ahora es incoherencia donde sin ninguna clase de vergüenza, puedo hacer o decir todo lo contrario de lo que dije o hice ayer. Lo que agrava la situación es la tecnología, porque ahora queda registrado todo lo que se exprese y si se te olvida, siempre existirá alguno (con mejor internet) que estará presto a recordártelo.
Esta incoherencia está cobijada por la desfachatez más extrema, por un cinismo descarado, por la sensación de que los demás son tarados mentales y no importa lo que quieran pensar. Cambiar de criterio, contradecirme a mí mismo, no es nada importante. Solo vale la inmediatez: sobrevivir al momento actual y probar mi teoría. Por ello, desafortunadamente, el diálogo está perdiendo fuerza. ¿Para qué conversamos si no se con cual “parte de tu personalidad” estoy hablando? ¿Cuál parte de tu rompecabezas se comunica hoy? Construir mi propia realidad, sumergirme en ella y creer que todos deben aceptarla, es la tendencia moderna.
Definitivamente, la enfermedad mental es la nueva pandemia…si se necesitara nombrarla con un diagnóstico, puede escoger el que se le antoje. Total los rótulos (esquizofrenia, doble personalidad, borderline, psicosis, narcisismo) no sirven para mucho, puesto que encasillar a la persona con el nombre de una patología no soluciona nada porque la cultura cree que la enfermedad mental es un problema solo individual, descartando el factor social. Mientras no se modifique ese concepto, la incoherencia seguirá campante. ¿Acaso importa?
Por ello, si acepta un consejo, no se desgasta tratando de armar el rompecabezas de la actualidad, buscando que las piezas encajen. No lo va a lograr. La coherencia dejó de existir. Ahora solo sirve el ‘todo vale’ o el ‘nada importa’. ¿Jugamos rompecabezas?
El País. Revolturas.
!No sirven para nada!
Colombia se desgasta pensando en un debate televisivo para que los candidatos a la Presidencia expongan sus ideas y terminen de convencer sobre la validez de sus programas de gobierno. Cada uno debe mostrarse como ‘presentador’ de un show donde expondrán ideas, esperando mágicamente que ese espectáculo decida la votación. ¡Qué ingenuidad! Partiendo del hecho de que lo que van a decir son propuestas, promesas, suposiciones… es como si se prestaran para un espectáculo donde desde la palabra se puede plantear lo que se les antoje. El show de las promesas o de las mentiras o del descreste. Hay que mover emociones y es necesario entonces ser histriónicos, audaces, palabreros, actores.
El show da para todo… hasta el punto de que al sesudo doctor José Manuel Restrepo, Mauricio Cabrera (que no es Aida Quilcué y cuya trayectoria en el mundo de la economía es innegable) cuestiona los planteamientos del brillante vicepresidente, por ilusos e imposibles. Lea su columna del domingo, con cifras y datos precisos, y se dará cuenta de cómo la palabrería puede con todo. Porque suponer es el arte del descrestador...
Entonces el debate es un show que necesita mover emociones porque son las emociones las que deciden. Y otra vez es el miedo, no las ideas ni los planteamientos, el que obliga a elegir. Cada quien debe escoger con qué miedo quiere lidiar los próximos 4 años.
Cali lleva en 5 meses 400 denuncias de violaciones de niñas abusadas en un ambiente cada vez más machista y patriarcal, donde lo que menos se necesita son hombres “con pantalones” que muestren su hombría desde el mundo del atropello y el sometimiento. Y la inseguridad también es un miedo que lleva a dudar de la decisión, como si ensayar caminos de reconciliación no siempre da el resultado esperado y las consecuencias son aparatosas.
Hace unos años, una persona inteligente era todo un descreste. La razón lideraba todas las encuestas del éxito y del poder. Pero hoy la razón y la inteligencia pierden terreno. La psicología enseña a realizar ‘test de inteligencia’ para medir el cociente intelectual y certificarlo. Nunca los ejecuté, no podía aceptar que a un individuo se lo midiera en forma tan numérica.
Pero, afortunadamente, apareció Daniel Goleman y dinamitó el concepto. Causó una revolución de tal calibre que hoy todavía no termina de asimilarse. Dijo y probó que existen múltiples inteligencias y, de acuerdo a cada individualidad, hay seres muy destacados en determinadas áreas y otros en otras; por tanto, igualar a todos los humanos con los mismos estándares es un contrasentido. ¡Un atropello! Goleman liberó la inteligencia de un solo modelo. Confirmando que no existe medición humana más peligrosa que la normalidad. El concepto de igualdad ha lastimado tanto… y nos ha llevado a los niveles de violencia y atropello que hoy padecemos. Lo diferente, lo que se sale de lo normal, es calificado inmediatamente como raro, anormal, incorrecto.
¿Cuál condición humana puso en peligro a la razón? Sin lugar a dudas, las emociones le quitaron el poder. Por ello, esta elección no la deciden ni las cifras ni los conceptos; son las emociones las que inclinarán la balanza. Rabia, terror, odio, venganza, miedo, pánico, tristeza, dolor, desprecio, burla, confianza, emociones que estarán presentes a la hora de votar. Es interesante que usted evalúe cuál de ellas es su ‘directora’ de votación porque son ellas las que decidirán el voto. Creerle a un concepto que se dice pero que no se ha efectuado es una falacia. Será entonces la emotividad la que decidirá. ¿Conoce cuál es la suya?
El País. Revolturas
Restregar…
Es un verbo feo, no suena bien. Su significado puede ser agresivo. Tiene connotaciones de limpieza: “frotar ropa contra el lavadero, tallar un objeto para sacarle brillo o frotarse los ojos al despertar”, pero también un sentido figurado (echar en cara): “hacerle notar a una persona, con insistencia y de forma molesta, un error que cometió o un triunfo propio”. Entonces es un verbo con carga negativa, hijo de la soberbia, de la superioridad. Es ‘experto’ en humillar, en aplastar. Quienes lo usan disfrutan más derrotando que con el posible triunfo de lo que obtuvieron, como si no fuera tan importante ganar como pisotear. La conquista de lo logrado en el triunfo no produce tanta satisfacción como saber que se venció a alguno. He ahí la mayor satisfacción.
Por ello es importante señalar qué tanto, a partir de los resultados del domingo, usted ‘disfruta’ restregándole al otro su triunfo y de esa manera asume actitudes prepotentes. Porque no hay situación más denigrante que las cuentas de cobro emocionales. “Se lo dije”, “yo tenía la razón”, “vio, vio, usted estaba mft”, expresiones que denotan que las elecciones no terminaron el domingo y los cobradores van a enrostrarle a los supuestos perdedores ese triunfo.
Restregar es un acto de humillación, de sometimiento que lastima la dignidad del otro. El triunfador que acertó en su pronóstico disfruta humillando y ‘se goza’ la derrota del oponente, lo que desdice mucho de su calidad humana. Todos estamos sometidos a perder o ganar, pero alimentar sentimientos de descalificación y desprecio por unos resultados es mezquino.
Este sentimiento no lo cambia ningún presidente, ni ningún gobierno. La venganza, la retaliación, la burla y el desprecio son algunas de las emociones humanas más rastreras porque conectan con la animalidad… cuando deberíamos intentar acercarnos más a lo sagrado, a conectar con lo divino de nuestra esencia. Seres espirituales a mitad de camino entre los dioses y las bestias.
Pero, ¿cómo es Colombia? ¿Cómo se alimenta del deseo de retaliación, de venganza? ¿Cómo es nuestro ADN social que debemos vivir agrediéndonos? ¿Cómo se comportan los líderes políticos? ¿Se especializan en acrecentar las diferencias entre un supuesto superior y un supuesto inferior? ¿Sabemos perder o ganar?
Crecerse en la derrota del contrincante es una radiografía muy profunda de inseguridad personal abrumadora. “Necesito aplastar para sentirme más yo”. ¿Cómo lograr que la educación escolar enseñe más convivencia y menos geografía? No porque la geografía no sea importante, sino porque esta se puede aprender conectándose a la tecnología. Pero la convivencia solo se aprende conviviendo… hay que aprovechar los espacios compartidos para practicar el respeto por la diferencia. En estas elecciones, en vivo y en directo, ¿qué les enseño a mis hijos? Ganar y perder es una asignatura importantísima y la forma como cada quien maneje este triunfo o este fracaso es el libro de aprendizaje de las nuevas generaciones.
Restregar es entonces un verbo rastrero. Pero cada uno decidirá cómo lo hace. Lo que sí es claro es que el mundo, no solo Colombia, se seguirá moviendo a través de las emociones. Ahora, ellas son las dueñas del balón. Sabiéndolas estimular o disminuir, se consiguen resultados sorprendentes. En especial despertando miedo…
La razón y la intelectualidad parecieran que han pasado a la trastienda. Lástima que la confianza, el buen trato y la solidaridad no tengan tan buena prensa. El miedo y el terror, al igual que el lenguaje ‘cobrador’ dinamitan la salud mental porque una persona asustada es fácilmente doblegada. Se pierde a sí misma para quedar en manos del otro.
El País. Revolturas
A quien favorece el miedo?
Nutresa, la organización paisa que aglutina varias empresas de alimentos lanzó una campaña “el sabor de creer”, para generar positivismo y optimismo en los colombianos. Modificando los nombres de sus productos (la chocolatina Jet se llamará ahora Fe) busca crear un clima de tolerancia, respeto y confianza, de manera que a través de la imagen y de las palabras, se modifiquen actitudes de desesperanza y pesimismo.
Craneada por María Elisa Botero (caleña), vicepresidenta de Mercadeo se busca monitorear emociones para encausar ese potencial humano en beneficio de una mejor calidad de vida. Como quien dice la institución le está apostando a la percepción, a la creación de imaginarios ‘saludables’ física y emocionalmente, de manera que sean las emociones las que direccionen el cambio. Dándole poder e importancia a lo que verdaderamente ‘dirige’ a un ser humano, las emociones, recalca la importancia de lo que se siente, de aquello en lo que se cree, de lo que se guarda en el interior, construyendo así la realidad en la que se vive. Porque, aunque exista una realidad “afuera”, se contamina de la percepción interior. Se proyecta afuera la película personal. La percepción es importantísima, es un intangible que se contagia y se ‘alimenta’ de lo que se siente y se cree. Con una actitud tan clara como la de Nutresa, se refuerza la idea del poder de lo que se piensa, construido por lo que se siente. ¿Qué tiene que ver esto con la campaña política?
Cada vez es más claro, entonces, que no son las ideas ni los planteamientos programáticos los que definen elecciones presidenciales. No es un debate de propuestas lo que resuelve la confrontación. De allí la ‘inutilidad’ de ese show. No se elige presentador o presentadora de tv, sino presidente, mente capaz de dirigir con criterio, buscando equilibrio para la comunidad. Son las emociones las ‘dueñas’ del debate. Como si la razón hubiera dado un paso al costado y hubiese entendido que existe un participante más poderoso. ¡La razón derrotada por las emociones!
Es aquí donde ‘juegan’ factores muy sutiles: hay que saber tocar el botón indicado para producir el efecto esperado. Tocar el botón del miedo es totalmente eficaz para obtener réditos. Y no solo en estas elecciones, en cualquiera… El filósofo alemán Dietrich Bonhoeffer dice que es más peligrosa la estupidez que la maldad. En la maldad tu tienes el control de lo que haces. En la estupidez entregas tu criterio a otro, ni siquiera piensas, a merced de tus emociones. Otro lo hace por ti. El miedo lo define. Manipulación en toda su dimensión.
Las emociones son las dueñas del balón. De allí que pedalear el miedo es una estrategia ‘extraordinaria’ para los que creen en salvadores. El caos favorece el miedo y ayuda a ‘elegir’ anhelando un redentor. El miedo produce obediencia, sumisión. Como dice la psicóloga social Isabel Borrero, “el estrés traumático disminuye el pensamiento crítico. El ciudadano deja de exigir soluciones estructurales y empieza a suplicar protección inmediata. Se produce una regresión emocional donde emerge la necesidad del ‘protector fuerte’ sin preguntar demasiado por el precio democrático de esa oferta”.
La percepción es una suposición que se contagia, de acuerdo a cómo la alimentes. No ha sucedido, sólo lo percibes (lo imaginas), es subjetiva. Pero hay la capacidad de elegir cómo se alimenta: al estilo de Nutresa con optimismo y confianza o al estilo de los que necesitan el caos para construirse salvadores: con miedo y desconfianza. No olvide que, en definitiva, es usted el que elige cómo quiere nutrir su percepción. ¡Y sus consecuencias!
El País. Revolturas
Y el sexo !ahí!
Así como la ignorancia es atrevida, la sapiencia es prepotente. Llama la atención como el sexo (no la sexualidad) continúa siendo un instrumento de violencia y agresión. Cómo se sigue utilizando para aumentar las diferencias entre los humanos como si lo que ‘colgara’ fuera lo más valioso e importante de una persona. Cómo (¡todavía!) los temas sexuales producen tanta roncha y se convierten en instrumentos de discriminación y minusvalía. Cuánta gente se encuentra atrapada en un cuerpo-empaque con el que no se identifica y todavía se cree que esa angustia y ansiedad son modas o tendencias ‘superables’. Se necesita no haber escuchado ese dolor para burlarse de él o para descalificarlo como si fuera una decisión que voluntariamente se escoge.
La teoría de género es una necesidad apremiante para equilibrar la desigualdad y no creer que, porque lo que tengo entre las piernas ‘pesa’, es más significativo que lo que hay en el cerebro. La Biología no determina el comportamiento. La epigenética es demasiado contundente y lleva años probando sus resultados… pero muchos necesitan el argumento biológico que da poder porque si no, quedan equiparados de igual a igual, con la mujer. Si el poder y la diferencia no está en lo que cuelga y pesa, ¿qué? La Revolución femenina fue muy peligrosa porque cuestionó el poder de la biología. Que sea largo no otorga poder…
“La teoría de género es un campo interdisciplinario que analiza las construcciones socioculturales de la masculinidad y la feminidad. Autores sostienen que el género no está determinado por la biología, sino que es una categoría de análisis histórico, cultural y político”. Pero cuestionar el poder patriarcal es demasiado amenazante: si la masculinidad sólo la define ‘lo que cuelga’ quedarse sin la importancia del asidero físico es quedar a merced de intangibles no palpables. El mundo patriarcal ‘patalea’ y no se resiste a aceptar el equilibrio. En muchos lugares, la mujer no es todavía ser humano. En muchos hogares nuestros, aquí en el vecindario, la mujer todavía sigue atropellada, usada y denigrada. Los hombres que valoran lo que cuelga y pesa, no pueden aceptar que una mujer, desde la integralidad, les exprese que puede sobrevivir sin ‘lo que cuelga y pesa’. No, es insoportable…
¿Por qué asusta tanto la teoría de género? ¿Por qué necesitan tanto énfasis en lo que les cuelga y pesa?La teoría científica prueba que allí no hay poder, que el poder de masculino y femenino es equilibrado, lo que deja sin asidero la supuesta hombría: no queda sino imponerla a la fuerza, desde el autoritarismo o el control porque no pueden sobrevivir sin herramientas de superioridad.
¿Por qué el aumento de los feminicidios? ¿Por qué crece la violencia de género? Hay que recalcar, repetir, destacar, mostrar, dónde está la hombría porque la igualada es peligrosísima. ¿Poder compartido? Ni lo sueñe. El énfasis debe hacerse en lo que se puede ver, porque cuelga y pesa, y de ‘eso’, que una mujer no tiene, es que debe enamorarse. ¿Será posible?
¿Qué es lo que me construye hombre? Pregunta que hoy se siguen haciendo algunos representantes del género masculino, por eso necesitan medírselo, comparárselo y mostrarlo. Qué tal que una mujer no lo vea y no lo destaque: ¿de qué más se enamoraría? Una mujer que muestre poder desde su integralidad es amenazante. Una mujer ‘igualada’ desde el cerebro y el comportamiento es peligrosa. Hay que recalcar entonces el poder de lo que ella no tiene y le pertenece a la biología masculina… ¿Qué más les queda?
El País. Revolturas.
Abelardo de la Espriella tiene un historial largo de denuncias contra periodistas por injuria y calumnia.
Los números que aparecen en los registros oficiales y de la Flip son:
Denuncias penales por calumnia/injuria: 109 casos
Entre 2008 y 2019 la Fiscalía reportó que Abelardo de la Espriella presentó 109 denuncias contra personas por los delitos de calumnia e injuria. La mayoría eran contra periodistas y medios. e7ea
La Flip aclara que muchas se archivaron por:
Conducta atípica
Falta de asistencia del querellante a conciliación
Desistimiento de la querella e7ea
Su conclusión es que "carecían de sustento jurídico y refuerzan la preocupación de que fueron hechas como mecanismo de hostigamiento". e7ea
Casos específicos documentados por la Flip
La Fundación para la Libertad de Prensa ha documentado estos casos concretos: e7ea
| Año | Periodista/Medio | Tipo de acción |
| **2018** | Jorge Gómez Pinilla - *El Espectador* | Querella por injuria, citado a Fiscalía |
| **2019** | Periodista sin nombre | Doxing: expuso datos privados en redes |
| **2021** | Cecilia Orozco - *Noticias Uno* | Demanda civil pidiendo $45 millones por daño al buen nombre. Perdió el caso |
| **2024** | 5 periodistas | Acciones judiciales por investigar sus vínculos con Alex Saab y David Murcia Guzmán |
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Patrón reciente
La Flip dice que desde 2024 usa solicitudes de rectificación y videos con IA contra Daniel Coronell y Ana Bejarano como forma de presión. No son denuncias penales, pero entran en la estrategia de "acoso judicial" que denuncia la organización. 9b0db4b8
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En resumen:
109 denuncias penales entre 2008-2019 según la Fiscalía
Al menos 7 periodistas/medios con casos públicos documentados entre 2018-2024
La Flip califica esto como un patrón de "acoso judicial" para desincentivar el periodismo crítico e7ea9b0d
¿Quieres que te detalle alguno de esos casos específicos, como el de Cecilia Orozco que perdió en 2021?
Tiene que ver conmigo?
El individuo que destruyó todo lo que pudo dentro de La Ermita, la vandalización del Estadio Atanasio Girardot después del partido de Medellín con Flamengo, el hombre que se roba una señal de tránsito en Bogotá y pretende ingresarla en Transmilenio para llevársela a su casa como si fuera un maletín… cada semana, cada día, un incidente diferente donde pareciera que la cordura se envolató.
Pareciera que el mundo desquiciado, sin orden, sin reglas, es lo que nos corresponde vivir. Como si tuviéramos que perder la capacidad de sorprendernos. La señora que se encuentra a su marido con otra mujer en el carro en plena vía pública y ‘olímpica’, llena de ira, le atraviesa su moto, mientras le grita “bájala”, sin preocuparse un ápice por el monumental trancón que formó… ¿En qué mundo estamos viviendo? ¿Siempre fuimos así de desquiciados, pero no lo sabíamos? ¿Son los otros, soy yo? ¿Me considero ‘diferente’, no tengo nada que ver con esas conductas? ¿Veo la película desde la barrera o soy actor de la misma?
Creo que pocos ya pueden poner en duda que somos energía, no masa condensada. Lo que nos enseñaron en física escolar es absolutamente obsoleto. Al ser energía, vibramos en frecuencias y resonamos en ellas de acuerdo a nuestro sentir. Por ello no podemos decir que lo que sucede en el mundo, así sea a kilómetros de distancia o en mi vecindario, no tiene que ver conmigo. Soy parte de esa energía; la limpio o la contamino. Soy parte de ese todo y, por lo tanto, tengo que ver también con ese caos.
Por ello es el momento de analizar qué tanto contribuyo a esta locura colectiva, qué tanto de mi sentir y actuar ‘patrocina’ este desorden mundial y si quiero asumir la responsabilidad que me corresponde para aumentarlo o disminuirlo. Porque la enfermedad emocional no solo es asunto de los gobiernos o de los Estados. El efecto mariposa habla de que el aleteo de una mariposa en Japón afecta el resto del planeta… bueno y no solo sucede energéticamente con la mariposa. Incendios y explosiones vividos, por ejemplo, en Rusia; se ha comprobado que terminan en el cielo de España o hasta atraviesan el océano y llegan a América. Esto es realidad física probada. ¿De qué tamaño entonces es la resonancia energética entre unos y otros?
Puede que considere que ‘no es conmigo’ y sea una forma de evadir el compromiso con el proceso evolutivo. No son los otros los que tienen que comenzar: la agresividad de las redes, de las calles, de las familias, en las empresas… dónde te ubicas y dónde puedes iniciar el proceso de sanación colectiva. No importan (por ahora) los resultados. Es vital comenzar por bajar los guantes, aceptar que el mundo no nos debe nada y ni siquiera es responsable de lo que vivo. Cada quien elige que hacer con sus circunstancias. Porque con seguridad tendremos que prepararnos para presenciar más seguido hechos fuera de lo corriente.
El demente de la calle (o de la casa) se multiplicará porque la incoherencia y las desigualdades son el pan de cada día. Y no puedo escudarme en el caos mundial para no hacer nada y alimentar el desorden. A nivel de medios, se pueden evadir responsabilidades escudriñando la vida personal del enfermo y ubicando uno de los estereotipos ‘causantes’ del problema. Abandono parental, pobreza extrema, violencia intrafamiliar. Pero entre más ubiquemos un solo foco central del problema, más evadimos nuestra participación personal en ese hecho. No olvide que, al ser energía, estamos conectados, vibramos en la misma frecuencia. Más vale empezar a preguntarse: ¿y qué tanto pudo contribuir, desde lo que soy, a construir ese problema externo que hoy tanto me sorprende? ¿De qué dimensión fue mi participación?
El País. Revolturas
Mamá perfecta, suegra peligrosa
Se ha repetido por siglos de los siglos que el núcleo de la sociedad es la familia, dándole un protagonismo desbordado y responsabilizándola de todo lo bueno que le sucede a un ser humano. Sí, leyó bien: hice la diferencia. Lo bueno es la gestión familiar, la madre incluida. Pero lo malo, entonces, es responsabilidad individual. El ‘chino’ o la ‘china’ resultaron con malas inclinaciones tomadas posiblemente de los amigos, de su entorno o ahora de las redes. Esa idealización de la familia encumbró a la madre al olimpo de la perfección; por lo tanto, aquel que se atreva a cuestionarlo debe ser un mal hijo, anormal o un depravado.
Pero ahora, en vísperas de la celebración de la madre, vale la pena intentar revisar la creencia sobre lo que es una madre y más ahora con el movimiento tan profundo que vive la sociedad. Porque el cambio se inicia desde el concepto de pareja: el hombre dejó de ser el rey y al lado tiene una compañera que ya no le baja la cabeza tan fácil. Muchos hombres no saben manejar a esta ‘nueva’ mujer. Y esta mujer, atrevida, desafiante, posesiva, busca su realización personal por caminos aceptables o equivocados, pero busca darle sentido a su vida. El trabajo, el estudio, las amigas, un amante o los hijos. Si su pareja no la llena, puede volcar toda su energía en los hijos para compensar la falta.
Y es allí donde se gesta la dualidad “madre perfecta, suegra peligrosa”. Porque viuda o separada del ‘sinvergüenza’ marido ‘usa’ al hijo o a la hija como bastón. Cumple el rol de madre amorosa, omnipotente, eficaz, complaciente: puede fácilmente dedicarse a sus hijos y en especial al que ella escoja como preferido. Pero esos privilegios maternales tienen un costo muy alto: no existe mujer u hombre capaz de desbancarla. Ninguno califica para el puesto. Ella sigue siendo la única y la mejor. ¿Quién se le mide a ese desafío? El hijo o hija quedan atrapados en una cárcel de amor castrante y tóxico.
Entonces encontramos casos como el de México donde, aunque no lo crea, esta historia hoy por hoy es casi el pan de cada día, con el cambio tan abrupto de la familia. Ausencia del padre, empoderamiento de la madre, utilización de los hijos.
Historias como esa se repiten y repiten, no terminando en asesinatos, pero sí en intromisión, manipulación, victimismo y disolución de matrimonios a causa de “mamás perfectas, suegras horrorosas” que destruyen todo a su paso. Es una paradoja, pero el poder que se tiene como madre, utilizado como suegra, es demoledor. Cambian de silla, de madre a suegra, y te encuentras con mujeres irreconocibles con hijos e hijas que les tienen pavor y no logran la autonomía necesaria para crecer y marcar un límite.
Si tú no sales de esa casa materna, es decir, si no logras desprenderte de la madre y darle su lugar detrás de tu pareja, no podrás construir una nueva familia. No has crecido, así el calendario marque años de vida. Sigue escogiendo a la madre: “Primero conociste a la mamá que a la esposa”.
Por ello, el mejor consejo, el más prudente y eficaz, es distancia, no solo geográfica, sino también emocional. Y de parte de la “madre perfecta, suegra horrorosa” también se necesita colaboración. Debe ‘soltar’ a sus hijos, debe dejarlos volar así se equivoquen. Porque lo paradójico es que madre y suegra son las dos caras de una misma moneda. Y mientras más idealices un lado, más deformas la realidad, fomentando el lado oscuro y manipulador del otro.
La mujer madre es un ser humano que no puede ser perfecta, y nuestro compromiso como sociedad es no colocarle estándares de excelencia tan altos que la atrapen en un rol cada vez más complejo. Es humana y falla. Tiene derecho a su vida personal y no es la ‘única’ responsable de lo que le sucede a un hijo o hija. ¿Existen los papás?
El País. Revolturas
INCESTO SIMBÓLICO
México se sacudió esta semana con el asesinato de una exreina de belleza, a manos de su suegra, hecho sucedido en una colonia (barrio) ‘distinguido’ de la ciudad lo que le quita el inri y casi justificación de que esto sucede por ser ‘pobres e ignorantes’. Las cámaras de seguridad al interior del apartamento aportan material muy valioso para intentar explicar lo que pasó. Porque aun cuando el desenlace de la situación es impactante (una mujer asesinada), lo que verdaderamente debería estudiarse ahora es cuánto se están repitiendo historias como estas que no terminan en asesinatos pero sí en disolución de familias, con hombres y mujeres lastimados, niños y niñas abandonados, a causa de lo que podríamos titular ‘incestos simbólicos’. ¿Cómo explicarlo?
Incesto significa “práctica de relaciones sexuales entre personas estrechamente emparentadas por consanguinidad (sangre) o afinidad (matrimonio), como padres e hijos, hermanos, o abuelos y nietos”. Es un concepto respetado por muchas culturas obedeciendo 3 principios básicos: evitar enfermedades degenerativas en la descendencia, facilitar el intercambio con otros grupos sociales y cuidar la estructura de roles en la familia. Pero, en este mundo cambiante, donde los adelantos científicos ‘tumbaron’ el inconveniente biológico, pareciera que la prohibición universal podría modificarse puesto que los impedimentos legales y sociales pueden ser relativos de acuerdo a las culturas. Como quien dice que existe la opción de abolir la prohibición del incesto. ¿Tan fácil?
Sin embargo existen dos condiciones permanentes en la práctica del incesto que pueden dar al traste con el concepto de familia tradicional. 1. El abuso de poder, un poderoso o grande y uno sometido o pequeño. 2. Confusión en los roles familiares donde un hijo pueda volverse marido de su madre o una mamá esposa de su hijo. Estas dos características terminarían aboliendo el concepto de familia tradicional y como eje de la sociedad, llevarían al caos absoluto. Pero me pregunto, ¿será que está por pasar o ya lo estamos viviendo?
En el incesto simbólico no tienen que darse las relaciones sexuales entre los protagonistas pero si cumplir con esas dos características que lo definen como simbólico: abuso de poder y confusión de roles. Abuso de poder porque el grande, poderoso o mayor ejerce su deseo sobre el pequeño o dependiente. El poder es el que construye esa relación aparentemente afectiva. Y como lógica consecuencia se da la confusión de roles en la familia que no solo termina siendo un problema de apariencia, sino que en la confusión suceden hechos como el de México donde la suegra ‘reclamó’ su propiedad, su derecho a que su hijo sea de ella, su marido, eliminando a la rival que se lo arrebató. Lo más grave parece es que el hecho no surge de un momento de crisis sino que existe la premeditación, la molestia acumulada que construye una solución patológica: en el video se ve a la suegra permanentemente con la mano en su bolsillo, donde tenía la pistola, mientras persigue a su nuera, a la rival que le quitó a su hijo. “Es mío”.
No debe ser exagerado, entonces, unir las dos variables, confusión de roles y abuso de poder vivido en familia, con el despelote de roles y abuso de poder que vive la humanidad. Mal que bien, se aprendía en casa que la autoridad ‘mandaba’ (así fuera autoritarismo) y había que bajar la cabeza así fuera sometimiento. Hoy esto ha desaparecido y como los líderes tienen familia, lo que se aprende o se vive en casa es aquello que se practica en el exterior. ¿La nueva familia, la nueva sociedad, el nuevo orden, fruto del incesto simbólico?
El País. Revolturas
A eso fue que vinimos?
Cuando se da una mirada global al mundo en el que estamos viviendo, incluido nuestro entorno más cercano, la familia, el barrio, la ciudad, hasta proyectarla más afuera, a la tecnología, la información, el cosmos, es posible que nos invada una sensación inmensa de impotencia y desconcierto. ¿A qué fue que vinimos? ¿Qué es lo que estamos haciendo en este plano terrenal? ¿Cuál es el sentido del ser humano, de ser terrícolas? O como le imprecaba un hijo a sus padres: ¡¿para qué me trajeron a este mundo?! ¡Yo no les pedí que lo hicieran! La inquietud está en el ambiente; aún más, está en nuestro interior. ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Para qué fue que vinimos? Que alguien (¿?) nos devuelva el instructivo y nos aclare cuál es el sentido de la existencia, porque es inexplicable este despelote actual.
Y es entonces cuando percibes que muchas de tus creencias (valores), o lo que calificabas como verdades incuestionables, o personajes que admirabas por su actitud profesional y hasta por su coherencia, se desdibujan a pasos agigantados. ¿Qué está pasando? Pensadores y filósofos estructurados te repiten como si fuera un mantra: “El mundo es perfecto”, “nada es contra ti”, “has escogido el plan de tu vida”, “la familia no es un accidente”. ¿Qué es lo que pasa? ¿Cómo encajar la desesperanza con estos planteamientos que pregonan los pensadores más profundos?
Pero no eres el único en tu cuestionamiento. Los estudios muestran cifras aplastantes: 1 de cada 8 universitarios ha querido suicidarse. Ellos, que son la juventud, que tienen “todo por delante”, si hasta ellos “no creen en el futuro”, ¿para dónde vamos? Como si la vida fuera una estafa, como si estuviéramos formando para un mundo inexistente, como si viviéramos en un universo de mentiras, como si fuera totalmente válido cambiar de criterio cada día, como si el mundo fuera un escenario de locura, donde el “todo vale”, “sálvese quien pueda” se convirtieran en los nuevos paradigmas de vida y convivencia. De pronto esta avalancha nos cogió desprevenidos, ubicados en la comodidad de la inconsciencia, y el tsunami del mundo actual nos obliga, sí o sí, a replantearnos verdades, creencias, expectativas.
Vivir significa enfrentar posibilidades, lo dice la cuántica. No hay futuro de allí que pueda invadirnos la desesperanza porque tenemos que construirlo a diario, muchas veces sin saber cómo: improvisando, ensayando, equivocándose. Y en este tsunami de cambios e incoherencias, ¿de qué me agarro? ¿Dónde encontrar un mínimo de seguridad para continuar? Las nuevas generaciones posiblemente no tienen memoria de momentos armónicos que no estén cosidos al mundo externo: apariencia, dinero, éxito… Los mayores sí pueden tener anclajes en experiencias sostenidas por aquello en lo que se creía, que no necesariamente estaban ligados a lo material. Lo que vuelve prioritario enfocar el lente de la vida hacia verdades donde no solo lo externo provea de sentido. Para empezar, hay que hablar, conversar, enseñar sobre la muerte, sí, sobre la muerte.
Es una paradoja, pero es claro que la certeza del morir aporta sentido a la vida. Para muchos la muerte es una enemiga por esconder. Pero la muerte está ligada a la trascendencia, a elementos que ni se ven ni se compran en el mundo materialista y no se transmiten porque no son tangibles, pero presionan a encontrarle sentido a la existencia. La muerte es la puerta entre dos dimensiones. Sin esta mirada, estamos dejando sin anclajes a la vida y de allí el desconcierto, la desesperanza y, en definitiva, la crisis de salud mental. En el mundo material la desesperanza invade porque allí no hay respuestas que colmen la integralidad de un ser humano. Es una crisis total, pero a su vez es un grito desgarrador para cambiar de rumbo e incluir lo trascendente en lo cotidiano. O damos el paso o nos enloquecemos colectivamente. No vinimos a ser espectadores de un caos. ¿A qué vinimos?
El País. Revolturas
Salud emocional
Luna o Tierra
Hay una metáfora muy difundida sobre una supuesta reunión que sostuvieron los dioses preguntándose cómo podían evitar que los humanos compitieran con ellos. Cómo ‘bajarle’ a la prepotencia terrenal. Entonces decidieron esconder la felicidad en un lugar donde no fuera fácil alcanzarla porque “si eran felices, serían como dioses”. ¿Dónde esconderla? ¿En el fondo del mar? No, allí la hallarían. ¿En la cima de una montaña? No, también lo lograrían. Hasta que a uno se le ocurrió que esconderla en el fondo del corazón haría muy difícil su hallazgo. El humano no está enseñado a mirarse a sí mismo… le aterra.
Y ahora con el viaje a la luna, que emociona tanto, surge también la inquietud sobre las prioridades. ¿Cuál es lo principal? ¿Dar alimento a todos los seres del planeta Tierra u organizar un viaje al espacio como manifestación de inteligencia humana, para beneficio y orgullo de la ciencia? Sí, hay que escoger y esa decisión es una muestra de la esencia de cada quién, de lo que cada uno de los terrícolas guarda en su interior. De aquello que ha recibido a través de la cultura y los criterios de valor que se difunden como esenciales. No olvide que “todo tiene que ver con todo”. No hay decisión equivocada, sólo un retrato de los valores y criterios con los que las culturas han construido prioridades, como ha gestado el perfil del humano. A mitad de camino entre los dioses y las bestias, el humano pareciera que se enfocara más a igualarse con la bestia, con la irracionalidad, antes de intentar acercarse al mundo de la solidaridad, la compasión, la colaboración. O, por el contrario, en aras de desarrollar la razón y la inteligencia, no conoce de integralidad, de emociones, de sensaciones compartidas. Porque esa inteligencia ‘sola’ pareciera más un caballo desbocado que un elemento al servicio de la condición humana.
¿Por qué es tan difícil sentirse solidario? ¿Por qué se le huye a la felicidad de compartir? ¿Por qué es tan repulsivo hacer un favor, ayudar al que lo necesite, darle la mano al que se ha caído? Esas emociones son absolutamente gratificantes, pero parece que no son aptas para que cualquiera las experimente. Hace unos días, hablando de basuras, le dije a una señora que se podía llevar hasta el camión y ella, molesta, dijo: “¿Por qué, si para eso les pagan?”, como si colaborar ardiera. Sentir la emoción del servicio, como recibir la sonrisa de alguien agradecido, son sensaciones increíbles que no se compran en ningún supermercado. Calmar el hambre de una persona hambrienta, así sea solo una vez, genera una plenitud indescriptible. Pero parece que no es prioritario que la raza humana esté bien. No hay la motivación para ello, ni siquiera en forma egoísta (me siento bien haciéndolo, independiente de la respuesta), y el otro, el prójimo, no está en mi radar
Miramos a la Luna y no miramos a Haití, a Yemen, a Gaza y a tantos otros pueblos con necesidades básicas por suplir… Digamos que dar de comer a toda la población del mundo, ¿no debería ser una prioridad? Si a usted lo hubieran puesto a decidir, ¿qué haría? ¿La Luna o la Tierra? ¿Seguimos buscando la felicidad ‘afuera’ perdiendo la esencia del servicio y la gratitud? Y si encontráramos extraterrestres, ¿ellos cómo nos verían, cómo nos juzgarían, cómo interpretarían las conductas humanas? Lo paradójico es que las filosofías y religiones del mundo hablan del amor, de la gratitud, de la solidaridad… Hay personas que manejan mejor el uso de las matemáticas que las conexiones emocionales. ¿El prójimo qué tan enemigo es? ¿Nos fuimos a la Luna en busca de mejores condiciones para quién? ¿Qué encontraremos en la Luna que no hemos podido hallar en la Tierra?
El País Revolturas.
Francisco Piedrahita.
Mirar al pasado trae emociones muy contradictorias porque existe la satisfacción de lo vivido, pero también la convicción de que “ya pasó” y lo vivido ahora tan solo forma parte de la memoria. Claro, ojalá recordáramos únicamente lo bueno, lo agradable… pero allí en ese proceso, están también los momentos amargos, el dolor, el sufrimiento, la tristeza, los duelos. La vida que ya has vivido es como un rompecabezas que tu memoria intenta armar valiéndose de las añoranzas, de anécdotas de tus conocidos o de circunstancias del presente.
En mis recuerdos de niña y adolescente están muy, muy presentes los Piedrahita Plata, la cercanía con Bertica, su casa de Santa Mónica, anclando esos momentos con el Mundial de fútbol de Arica, cuando Pepe Piedrahita, el padre, hacía planes para asistir y, en la noche, después de una reunión con amigos, organizando el viaje, murió de un infarto fulminante el 16 de abril. Berta, mamá y sus hijos, quedaron con el impacto y el dolor intempestivo de su partida. Sí, recuerdo su entierro en la Iglesia de San Judas Tadeo, con muchos sorprendidos con su repentina muerte. Como sucede ahora con la muerte de Francisco, su hijo. Porque en definitiva hay familias que tienen un sello de servicio y entrega a los suyos y a la comunidad, lo que perfila su actuar en la vida. Como si con el ADN familiar se gestara un carácter de entrega por el prójimo. La partida de seres que entregaron su vida a una causa, al servicio de otros, deja un vacío inmenso, pero a su vez recordando todo lo que aportaron por crear un mundo mejor. Luces y sombras: es la paradoja de la existencia.
Pero son las vivencias personales las que hacen que cada duelo sea muy personal por lo que asocias con la persona que fallece. Años más tarde, Francisco y Claudia nos dejaron por unas horas al cuidado de Vicente (Vizo), su hijo pequeño, compañero de clase del nuestro, mientras enfrentaban el dolor y los angustiosos momentos por la muerte de Gabriel en el accidente de American. Recuerdos que se construyen a través de la vida y que dejan una huella imborrable porque si algo marcó la vida de Francisco fue la entrega a los demás. Su pasión por la educación (recuerdo haberle prestado un libro de Paulo Freire, autor de la teoría de la educación liberadora), como también su colaboración a todo aquello que significara mejores condiciones de vida para los otros. Está también la muerte de su hermana María Eugenia, en el cálido y sentido funeral en la Catedral, con los sonidos de su voz mientras terminaba la ceremonia para que su música quedara en el recuerdo, volviéndose inolvidable...
Sí, la muerte es inevitable y hay que prepararse para ello, en especial llevándonos lo único que podemos portar: nuestra esencia, la sabiduría que da la experiencia y los actos de servicio donde hayamos conectado con la parte más noble de la condición humana. A mitad de camino entre los dioses y las bestias, Francisco propició acercar a la comunidad hacia los dioses, con educación y servicio, generando confianza y credibilidad de que los seres humanos podemos ser cada día mejores personas. Lo bestial forma parte de una carencia de educación y empatía que se puede superar construyendo mejores sociedades. Lo valioso y satisfactorio es ir escuchando historias muy especiales y casi que íntimas, de personas que reconocen cómo una acción de Francisco Piedrahita cambió sus vidas… entonces, seres como él, pasan a la categoría de inolvidables. ¡Gracias por tanto!
El País. Revolturas