Aún te sueño, me toma por sorpresa, es un dormitar liviano que termina lentamente. Y me cuestiono si fue porque te pensé o porque te vi, todo coincide, es culpa de mi cerebro, los estímulos y la obsesión, soy como un animal que no pretende controlarse, dependo de tu tibieza.
"Te libero de mí, de mis males, de mi mal genio, de los domingos por la tarde en donde nunca puedo más, del odio a mis cumpleaños, de no saber cómo hacer para regalarte algo que no pierdas. Te libero de mi desengaño, de tu karma, de mis novedades, de la contradicción que represento. Te libero de mis llamadas que te saben a autocompasión, de mis enredos, de mi cabello suelto, largo, sin peinar. Te libero de mi consciencia, del desconcierto a fin de mes, de la caída, de la llegada, de mi huida inevitable. Te dejo libre para que me dejes, para que me veas de lejos y me quieras, menos…"
Mario Benedetti
📷Sabine Weiss
"Cuando un muchacho de 14 ó 15 años descubre que es más dado a la introspección y a la conciencia de sí mismo que la mayoría de los chicos de su misma edad, incurre fácilmente en el error de creer que ello se debe a que ha alcanzado una madurez superior a la de sus compañeros. Ciertamente cometí ese error. En realidad, aquella tendencia a la introspección se debía, en mi caso, a que yo tenía mayor necesidad que los demás de comprenderme a mí mismo. Ellos podían comportarse de acuerdo con su natural manera de ser, en tanto que yo debía interpretar un papel, lo cual exigía notable comprensión y estudio de mí mismo. En consecuencia, no se debía a la madurez, sino a mi sensación de incertidumbre, de incomodidad, que era la que me obligaba a tener pleno conocimiento de mí. Esa conciencia era un puente que me llevaba a la aberración, y, entonces mi manera de pensar tenía que limitarse a la incertidumbre, a la formulación de hipótesis."
"Confesiones de una máscara", Yukio Mishima
No se que hacer, soy un niño frustrado, no comprendo, no entiendo, sacudo mis manos, me enojo, me lleno de ira, no funciono, tengo miedo tal vez, y quiero llorar.
Cuando me preguntas "cómo estás?"
¿Y yo qué culpa tengo? ¿Por qué cargo tu cruz? ¿Es que acaso nací con tu depresión en mis genes? ¿Es por tu recuerdo que osé poner una soga en mi cuello? ¿Es que me parezco a vos más de lo que sabemos? Si no te conocí, ¿cómo pude yo haber heredado o copiado algo de vos?
Tu forma de querer me parecía confusa y distante de lo que tus palabras decían, por eso me voy, porque no quiero poco, quiero todo, y eso te va a disgustar, lo se.
Juro que sencillamente quisiera amarte tanto como me brota, pero estoy roto, arruinado, perverso, soy un despojo humano, no supe cuidarme y solo puedo ofrecerte estos restos de mi.