Ojalá nunca más pongan a @GustavoKuffner a narrar un partido que involucre a su selección. No transmite solo para Argentina, sino para varios países de la región.
Cero objetividad, ni siquiera por respeto a los suscriptores de @DIRECTVLA que nada tienen que ver con su fanatismo. Su trabajo mínimo debería ser narrar con profesionalismo y gritar los goles de cualquier equipo, pero para él todo lo que va contra Argentina es falta, y contra los demás… casi nada.
@DSports@DSportsRadio
Una muestra de cómo puedes manipular la información y menospreciar la actuación de un equipo que solo permitió 1 gol en toda la Copa:
-“La Albiceleste CEDIÓ la corona mundial…!” 🤌🏻
Será posible que tanto los narradores y comentaristas de las cadenas @espn y @DSports puedan hacer su trabajo de una manera más imparcial?
Son dos (2) (se lee D-O-S) los equipos en la final del mundial…
No se, digo yo…
🚨 Carlo Ancelotti on why he did not celebrate wildly after Gabriel Martinelli’s late winner for Brazil against Japan:
🗣️ “People asked me why I didn’t celebrate, but football is also about respect. Yes, we were happy to win, but I looked across and saw a Japanese team that had given absolutely everything. They fought with incredible courage, and I know exactly how painful a defeat like that can be.”
“Of course I celebrated inside because my responsibility is to Brazil and qualifying was our objective. But I’ve been in football for many years, and I’ve experienced both victory and heartbreak. Sometimes the best way to respect your opponent is to remain humble in your biggest moments.”
“Japan made us suffer for ninety-five minutes. They deserved our respect, not exaggerated celebrations. Brazil are through, but we know we must improve. Tonight we celebrate the qualification, but tomorrow we go back to work because the World Cup only gets more difficult from here.”
Carlo Ancelotti is a legend
{@FoxNews }
Bielsa no fracasó por querer cambiar la identidad del fútbol uruguayo. Fracasó porque intentó cambiar un paradigma que muchos confunden con identidad.
Y ahí está el verdadero problema.
En Uruguay, muchas veces la garra, la historia y el orgullo del “paisito” funcionan como motor. Nos empujan. Nos dan carácter. Nos hacen competir contra cualquiera.
Pero también pueden transformarse en refugio.
Porque una cosa es tener identidad y otra muy distinta es usarla como excusa para no exigirnos al limite y evolucionar.
Eso de “somos tres millones”, "esto es Uruguay " “contra todos”, “a nosotros nadie nos regala nada”, "con el cuchillo entre los dientes" "hay que trancar con la cabeza" pueden ser una fuerza emocional enorme. Pero cuando esa narrativa reemplaza al método, a la planificación, a la autocrítica y a la modernización, deja de ser virtud y empieza a ser límite.
Bielsa tocó esa fibra.
No vino a decirle a Uruguay que dejara de ser Uruguay. Vino a decirle que con la historia sola ya no alcanza. Que con la garra sola ya no alcanza. Que el mundo cambió y que no se puede competir contra estructuras modernas creyendo que todavía vamos a ganar a fuerza de pierna fuerte y miradas recias.
Ahí apareció la resistencia.
Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso.
Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia. Se resistieron a la intensidad, la incomodidad, la pérdida de ciertos privilegios, los hábitos modificados y una metodología que no estaba pensada para agradar, sino para llevarlos al límite competitivo.
Y eso también forma parte del paradigma.
Por lo que se hizo público, el conflicto no fue solo por cómo jugaba Uruguay. También fue por cómo se entrenaba, cómo se convivía, cómo se administraban los liderazgos y cuánto estaban dispuestos los jugadores a aceptar una autoridad que no negociaba desde la comodidad.
Bielsa pudo equivocarse en las formas. Seguramente. Pudo gestionar mal sensibilidades, momentos y referentes. Pero el fondo sigue siendo el mismo: intentó instalar una cultura de entrenamiento, exigencia y método que no todos estaban dispuestos a aceptar.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿Queremos competir con la élite mundial o queremos conservar las comodidades de siempre?
Porque no se puede pedir volver a ser protagonista del mundo y, al mismo tiempo, rechazar los costos de entrenar, vivir y competir como la élite mundial.
El fútbol uruguayo quiere crecer, pero muchas veces sin incomodarse. Quiere volver a la cima, pero sin revisar sus hábitos. Quiere competir con los mejores, pero sin abandonar ciertos relatos que lo protegen de mirarse de frente.
Y Bielsa, con todos sus errores, obligó a mirar eso.
Quizá su fracaso no fue solamente futbolístico. Quizá fue cultural. Intentó empujar a Uruguay hacia una versión más moderna, más exigente y menos autocomplaciente de sí mismo, pero chocó contra un ecosistema que todavía siente que cambiar es traicionarse.
Y no lo es.
Evolucionar no es dejar de ser Uruguay. Modernizarse no es perder la garra. Cambiar el paradigma no es borrar la historia.
El verdadero problema es seguir creyendo que la camiseta y su historia, por sí sola, todavía gana partidos.
Porque la garra sin evolución termina siendo nostalgia.
Y la nostalgia no compite.
Solo recuerda.
Foto :AP news
Bielsa es un cínico, un maleducado y un soberbio. Ha tratado de muy malas maneras a muchos de sus jugadores, sobre todo a los más jóvenes e inexpertos. Los ha humillado en los entrenamientos. Los ha castigado por querer ir al funeral de sus seres queridos. Y lo ha tapado todo con esas ruedas de prensa eternas en las que usa ese tono de voz tan dulce y acomodado. No te mira a la cara. No empatiza. Me importa un reverendo carajo que sea un genio con la pizarra, si es que realmente lo es, que seguramente lo será o lo llegó a ser. Gente así, cuanto más lejos, mejor.
De la disciplina de Auckland a la picardía del fútbol caribeño. La increíble historia de contrastes y el amuleto que aún lo acompaña en la cancha. 🌊🇻🇪
Abro hilo con la historia completa... 👇🧵
¿Qué une a la estrella de Nueva Zelanda, Tim Payne, con las costas de Venezuela?
Detrás de la resistencia del defensor de los All Whites se esconde un secreto de su niñez: un año jugando descalzo en la arena de Machurucuto (Miranda) junto a su tío "Güicho".