En 1940, cuando la amenaza de una invasión alemana se cernía sobre Gran Bretaña, el gobierno tomó una medida drástica: ordenó que se retiraran más de 50,000 señales de tráfico, hitos y postes indicadores en todo el país.
La idea era simple pero brillante: si los nazis desembarcaban, no sabrían dónde estaban ni cómo llegar a ninguna parte. Cada pueblo, cada cruce de caminos de repente se veía igual: sin orientación, sin direcciones, solo un interminable campo británico.
Durante cuatro días, los equipos trabajaron sin parar derribando señales que habían estado allí durante décadas. El miedo era real, y también lo era la determinación.
Es increíble pensar en un país entero dispuesto a dificultarse la navegación, solo para despistar al enemigo. Hablando de compromiso.