Pocas cosas te hacen sentir una derrota estrepitosa como estar en la ducha y darte cuenta que te olvidaste la toalla. Sos el samurai con espada desafilada, el escritor analfabeto, el taxista desorientado, el hipster lampiño sin monopatín eléctrico.
Eh, entre nosotros, todos sabemos que estas serán nuestras últimas navidades en este tugurio. A lo tonto han sido muchos años. A lo tonto, insisto. Nos queda irnos como nos mantuvimos: sin pena ni gloria, porque lo único digno es que te echen, y a nosotros ni eso. Muchas gracias.