@IDAANinforma En Coronado, Ave. Las Acacias cortan el agua desde el viernes a las 12pm hasta las 6:00am del día siguiente. Tenemos dos días con esta situación. Hemos realizado dos reportes 2026-13175 y 2026-13350.
Parece que estuvieran dándole agua a otros y nos cortan a nosotros.
10 minutos de Terror.
🔴 Impactantes imágenes del ataque terrorista durante una celebración de Hanukkah en Sídney, Australia. El atentado ocurrió en un evento con más de 1.000 asistentes, generando pánico y una rápida respuesta de las fuerzas de seguridad.
Autoridades investigan los hechos mientras la comunidad internacional condena el ataque.
#BondiBeach 🇦🇺🇦🇺🇦🇺
Vía: @Osint613
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AL MUNDIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAL
Yoshinobu Yamamoto gifted @Dodgers fans a #Postseason complete game!
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El reciente incidente en el ComicCon Panamá, donde Camila Aybar y su grupo irrumpieron en el stand de la empresa minera, dejó en evidencia un problema que va más allá del debate ambiental: la tendencia a deshumanizar a quienes piensan distinto, ya que entre provocaciones, uno de los mensajes más llamativos fue que los trabajadores “no merecen tocar la bandera”. Más allá del falso simbolismo patriótico, la frase desnuda una narrativa preocupante: de negar a un grupo de personas el derecho a considerarse panameños dignos de los símbolos nacionales. Es decir, se les arranca su identidad ciudadana para presentarlos como traidores, como enemigos. Este tipo de discurso no es inocuo, al despojar a las personas de su humanidad y es el que se utiliza para abrir el camino para justificar otros actos: el acoso en espacios públicos, la hostilidad en redes sociales, la violencia física y, en el extremo, hasta la indiferencia frente a la muerte. Todo bajo la excusa de que “se lo buscó por apoyar a la mina", alimentando de forma subjetiva el radicalismo. La lógica que en otros contextos llevó a que un joven, convencido de que hacía justicia, asesinara a Charlie Kirk en Estados Unidos mientras otros celebraran y justificaran la muerte de una persona frente a su propia familia y amigos.
Y ese parece ser que es la estrategia de Aybar y su grupo, que bajo la bajo la apariencia de “activismo” se construye un relato en el que un grupo de panameños deja de ser digno de respeto, y en el que cualquier acción contra ellos puede sentirse legítima. Lo que hoy es una provocación en un ComicCon puede mañana convertirse en algo mucho más grave, porque la violencia empieza siempre en el lenguaje. No importa cuánto los maquille de “defensa del ambiente” o “amor a Panamá”: su narrativa no inspira soluciones, inspira confrontación. Hoy es un show en un ComicCon, mañana podría ser alguien creyendo que hace justicia agrediendo en otro evento. Y cuando eso pase, porque el odio siempre busca desbordarse, Aybar y los suyos se lavarán las manos, al mejor estilo de Charles Manson.
Por eso hay que decirlo sin rodeos: lo que promueven no es patriotismo, es extremismo. No construye un Panamá mejor, construye trincheras por intereses personales, políticos o mediáticos. No busca un debate serio, busca convertir a otros en enemigos. Y un país que se deja arrastrar por esos discursos termina dividido, enfrentado y, al final, derrotado por sus propios radicales, como nos paso hace 2 años y que ahora estamos sintiendo las consecuencias con el desempleo, la baja en calificadoras de riesgo y la desconfianza en el país.