"¿Te han atado alguna vez?" pregunté. "Sí, en alguna sesión de juegos", respondió "Pero con cuerdas de yute, dejándote marcas un rato", repliqué. Me miró sorprendida "Pues no, la verdad que no, pero eso lo vamos a solucionar hoy, si tú quieres usarme". El aire se tensó.