Tengo un deseo sempiterno sobre los ojos que me conceden pestañas cuando me observan; se sella con un beso entre pulgar e índice, y todos los días se hace realidad.
@vertigopiel Me pregunto si en esta vida me alcanzarán los días y las noches para hacerte dimensionar cuán adicta es mi piel a la tuya. Amor mío, mío en cada vida que nos resta.
Como la vela de una mesa de noche y el rosario enredado en la mano del creyente, lo que para otros es esencial y de por vida, me tomó un instante comprenderlo en el primer encuentro con su piel: al tacto lo supe y decidí ponerlo en el interior de mi corazón, inamovible.
La paz me queda un poco lejos, difícil llegar como extranjera que camina sobre tierras que no conoce. Sin embargo, a la vuelta de cualquier esquina, el caos reinará sobre el pavimento.
De la grieta ya no brota el color de estos jardines. Las rosas han empalidecido y los lirios ya no se sonrojan. Se les trata de explicar que, por primera vez, no se requiere de dolor para aspirar a tal belleza; al propio tacto alegre, hortensias y claveles resurgen.
La Vía Láctea está compuesta de mis más profundos deseos; sin ser comprendidos y cumplidos por Orihime y Hikoboshi, los enamorados suspiran y los dejan ir, brindándome consuelo con un cielo estrellado. Mis anhelos entre las nubes son una perpetua razón para perseguir destellos.
Obsesión de cinco sentidos:
I. Esencia favorita en la nariz.
II. Silueta que los ojos buscarán hallar en medio una multitud.
III. Temperatura de la piel que se anhela recorrer.
IV. Cuento narrado por una sola voz a oír.
V. Sabor de la otra lengua que se querrá lamer.
Hay días de enfermedad y contagio: sin diferenciarse entre vivir descalzo y aspirar la bruma de recuerdos infectados, el síntoma es arisco y su panorama es volátil. El olvido sumergido en una limonada y un toque de jengibre, tal vez, su cura.
La sangre de mi cuerpo se podría agotar e imagino, como si me hallara frágil hoy, que ha de ser más doloroso privarte de lo que te alimentas que la muerte misma alcanzándome. Te pido que me bebas de a poco, que la gula se amanse y me permita vivir otro otoño.
En el fondo de la taza, pequeños cristales se rehúsan a disolverse para ser vistos una vez más. Qué otra cosa más cercana a la ternura que un terrón de azúcar.
Mientras me dedico a arrancarles la piel, las mandarinas han de murmurar sobre la mesa que soy lenta, torpe y desaliñada. Algo de razón tienen, entre tantas observándome: la soledad enfría mis manos y sus cáscaras se acumulan en vano. Todo es agridulce, como este primer gajito.
¿Cuántas cucharadas de salvajismo le vas a poner a tu amor? Habiendo un frasco de miel a tu derecha y un gotero de compasión, ¿no te quedará muy cargado?
Le seguirás acariciando el cabello a quien murió blasfemando sobre tu regazo y los rasgos de alivio de su deceso te harán tener compasión. Un cadáver que no siente será lo más honesto que se te supo ofrecer.