Las redes sociales nos han vendido una mentira: que las relaciones felices son las que viajan mucho, comen en sitios caros y tienen fotos perfectas. Spoiler: no es verdad. Las relaciones de verdad se sostienen en lo cotidiano. En lo aburrido. En lo que no se sube a Instagram.
¿Sabes por qué a la gente le importa tanto recibir un mensaje, una llamada, un abrazo o un beso?
Porque antes de hacer un gesto está el pensamiento.
Hay que haberlo pensado antes.
Y esto es lo que la gente quiere, ser el pensamiento que tiene el impulso de transformarse en gesto.
Nada funciona dejando fluir. Ninguna relación sana crece en piloto automático. Ningún vínculo se sostiene solo porque hay amor. El tiempo, por sí solo, no construye nada. Si acaso, desgasta. Lo que no se cuida, se enfría. Lo que no se conversa, se distorsiona.
No tenemos ni idea de lo que pasa en el interior de las personas. No sabemos nada de nadie. No deberíamos hablar de nadie porque suficiente tenemos con entender lo que nos pasa a nosotros mismos.
Hoy en día muchos sufrientes llegan al analista identificados a un diagnóstico: “soy autista”, “tengo THDH”. La cura busca aflojar estas identificaciones. Ud. no es una etiqueta, es una persona singular…
#ElPsicoanálisiscura
una de las cosas que aprendí en la vida es que pedir es un acto de amor y no de debilidad; que es necesario esperar algo del otro para sentirnos queridos y cuidados; que hablar no siempre soluciona las cosas pero al menos las aclara. Suena fácil, pero no.