Lo más difícil de este año ha sido darme cuenta de que no todo el mundo tiene las mismas intenciones que yo, que no todos cuidan como yo cuido, ni valoran como yo valoro. Aceptar eso ha sido una de las lecciones más incómodas, pero también necesarias.
Antes creía que el duelo era llorar, pero es algo mucho más cruel.
El verdadero duelo es comer sin hambre, es reír sin estar feliz, es despertar sin ganas de seguir adelante.
Mi verdadero open eyes de este año es dejar de apoyar a gente que no es recíproca. Si me dan ausencia, doy ausencia. La indiferencia la devuelvo. Si están, yo estoy. Si me dan confianza, soy leal. Recíproco en todo, desde el amor hasta el desinterés.
Yo era de las personas que me desacomodaba para que otros estuviesen bien, pero por mi no hacían lo mismo, de un tiempo para acá decidí que cada quien cuadre y acomode lo suyo
yo nací para el amor romántico, las comidas familiares en domingo, los besos, el tiempo de calidad, estar acostada en el pecho de la persona que amo, TODO ESO