La mirada busca algo
que ya no ve,
algo que estaba en el brillo
de sus ojos.
Ciega de una oscuridad
nítida,
se acostumbró
a estar sola
en una sombra caótica.
No pudo elegir
ni cuándo,
ni dónde caer y rendirse.
Infatigable,
se convirtió
en un contenedor de ausencias invertidas.
La gente preocupada hasta cuanto se puede gastar, mientras que a mí me gusta más todo aquello que tiene mucho valor pero no tiene precio, como tus abrazos.