Los mexicanos podíamos entrar a Palacio Nacional, era de todos, hasta que un megalómano empoderado se sintió Benito Juárez y quiso poner ahí sus aposentos.
El muy acomplejado, en nombre de la austeridad, se rehusó a vivir en la casa a la que se mudó Lázaro Cárdenas para no vivir en un Castillo (el de Chapultepec) para instalarse en un Palacio. Así de demagogo, incongruente y farsante.
Dos mujeres (¿o es la misma?) han salido a tomar el sol en una ventana de a la que no tienen acceso el común de los mexicanos. Bien por ellas, pero convirtieron eso en un privilegio de los que decían haber desaparecido.
En lugar de reconocer e informar, el gobierno decidió mentir y encubrir, exhibiendo su mala conciencia.
¿Qué esconden? ¿Por qué ocultan la identidad de las asoleadas.
No sé si se dan cuenta, pero cada vez que justifican un abuso de poder y niegan una incongruencia evidente, cae una piedrita más en el buche del hartazgo.
Be humble. You could be wrong.
Be forgiving. You will also make mistakes.
Be honest. Character is a door opener.
Be generous. Givers sleep better at night.
Be grateful. Luck seeks the thankful.
Be courageous. Not doing leads to regret.
Be yourself, always. You will be happier.
Los Pinos es una casona fría y fea sin ninguna otra utilidad que ser residencia y oficina presidenciales.
A Palacio Nacional, en cambio, cualquiera podía entrar y admirar sus museos y murales sin problema. Ahora es un bunker privado cerrado “al pueblo”.
Mala maroma, doctora.
Va de nuevo en siguiente #Hilo de 15 tuits escribo lo que he venido diciendo a lo largo de las últimas semanas sobre la #Megafarmacia, una ocurrencia (él lo dijo) demencial de AMLO, que no resolverá los problemas de los pacientes.
El bello Salón de la Tesorería en Palacio Nacional, antes que S.M. Retardo I mandara desmantelar sus elegantes ventanillas para usarlo de escenario en su show mágico-musical mañanero.
A cambio nos "devolvió" como museo la fría casona de Los Pinos, de nulo valor cultural.
Ha sido interesante ver la reacción de muchos simpatizantes del gobierno a mi crítica al Tren Maya.
Da para varios apuntes, pero dejo uno.
No es posible llamarse progresista y defender un proyecto ecocida.
Es una contradicción múltiple.
Lamento que tantos se sientan obligados a semejante indignidad.